Habían pasado tres días desde el catastrófico encuentro como lo había catalogado Marilyn, le comunicó a su amiga que su desconocido nunca llegó aunque preferiría que hubiese pasado así.
En cuanto a cualquiera que le preguntaba por el labio roto comentaba que se había levantado dormida y chocado en la puerta del baño, su hijo le dijo que debía tener más precaución. Quizá si él hubiese sabido que un muchacho de su misma edad le había mordido el labio besándola, probablemente se habría vuelto loco. Desde que creció un poco más la protegía mucho, tal vez creyéndose el hombre de la casa y eso la hacía sentir a Marilyn feliz.
A Ezequiel no lo había visto y se alegraba de ello, pero aun así esas dos noches había recibido sus mensajes de costumbre, pensó que ya no la buscaría y que poco a poco iba a dejar de enviarle mensajes o que quizá había sido alguna apuesta y ya no necesitarían otro forzoso encuentro. Pero su teoría se vino abajo cuando estaba a punto de irse de su trabajo y lo vio recostado en su auto, de seguro esperándola.
Él la divisó y automáticamente pasó la lengua por sus labios, se había quedado con ganas de más, sabía que si lograba que ella colaborara en el beso sería perfecto y hasta moriría en paz. Se imaginó ser correspondido por esa boca y no solo por esa boca, deseó que todo su cuerpo le correspondiera también. Estaba seguro que no la tendría fácil pero algo le decía que tampoco iba a ser imposible.
Marilyn intentó caminar normal, pero sus piernas no colaboraban y empezó a creer que las rodillas le temblaban, no podía creer que un niño la hiciera sentir tan vulnerable.
—Permiso. —dijo al llegar a su auto sin poder abrir la puerta.
—¿Por qué tanta prisa? Me gustaría que me regale unos minutos de su tiempo.
—Ezequiel —dijo su nombre cansada —. ¿Qué pasaría si alguien nos ve aquí en el estacionamiento?
—No tendrían por qué pensar mal. Solo es un estudiante hablando con su maestra. ¿Quién vería mal esta escena? A menos que usted desee algo más. —susurró esa última parte mostrando interés.
Ezequiel se esforzó por hablar inocentemente pero ella no le creyó, teniéndolo de frente parecía tener al Diablo vestido de estudiante, pero al mirarlo bien se percató de que sería un Diablo muy guapo, ¿qué edad tendría?, quiso reír al recordar que había revisado su ficha estudiantil y se dio cuenta que en apenas un mes cumpliría dieciocho años.
Recordó haberles dado clase tres años y ahora era todo un hombre, por muy sorprendente que pareciera era más alto que ella y habían desarrollado un ancho cuerpo. Recién se daba cuenta que tenía un tatuaje en su antebrazo, si se lo propusiera a cualquier mujer podría volverse loca por él. Sus ojos negros muy penetrantes complementaban muy bien con esa mirada que lo hacía parecer un lobo hambriento, una mandíbula cuadrado con unos labios finos. Poseía una sonrisa que deslumbraría a cualquiera menos a ella, por supuesto que no.
—Además no pasa nada, nuestro último encuentro fue fuera de la institución y lo que hagamos fuera de ella no le interesa a nadie
—¿Qué es lo que quieres Ezequiel? Dímelo de una vez.
—A ti.
—No sabes lo que dices, tengo un hijo que de seguro es de tu edad. A mí no me gustaría que la profesora acosara a mi hijo.
—No soy tu hijo y no me estas acosando, todo lo contrario soy yo el que te quiere acosar o mejor dicho te acosa.
—Ezequiel te digo todo esto porque uno de los dos debe de tener el control de la situación.
—Deja que yo lleve el control, solo déjate llevar.
«¿Qué es lo que pensaba este chico?» se preguntó Marilyn, tenía una respuesta para cada pregunta. Su presencia desbordaba seguridad y hasta sexualidad. Con disimulo se tocó sus mejillas y tal como creyó estaban calientes, de seguro estarían rojas y todo debido a «su ya descubierto estudiante», se sentía acorralada sin saber porqué le ocurría eso.
Ezequiel se dio cuenta que era suficiente por el momento, la había dejado como quería: en dudas, confundida, sorprendida y encendida. Sus mejillas estaban sonrojadas, así que se quitó de la puerta para que se marchara, dentro de poco daría paso a su siguiente jugada.
Esos últimos días habían sido agotadores para Marilyn, tuvo que apresuradamente presentar las evaluaciones del parcial para que fueran aprobadas para ser realizadas por los estudiantes, tuvo que calificar todas esas. A algunos estudiantes no les importaban sus calificaciones así que sus evaluaciones eran bajas, otro motivo de preocupación. También su hijo había enfermado y dos noches no pudo dormir bien por estar pendiente de él.
La reunión de padres de familia concluyó y se sentía exhausta. Se sentó unos minutos en su silla para descansar pero decidió que mejor sería recoger los papeles que iba a llevar a casa, la reunión se había alargado más de lo que había planeado y para el peor de los males estaba a punto de anochecer.
Se dio cuenta que todas esas situaciones la habían puesto irritable, estaba enojada por llevar una vida tan ajetreada, pero para ser sincera lo que más le molestaba era que Ezequiel no había hecho acto de presencia, le había dejado de escribir.
Todas las noche esperaba ese maldito mensaje para dormirse, pero derrotada se obligaba a acostarse porque nunca llegaba e incluso en una oportunidad estuvo a punto de escribirle ella. Se consolaba al pensar que tal vez estaba ocupado con los exámenes pero no encontraba justificativo para que no pudiera enviarle un miserable mensaje. En su último encuentro había dado a entender que iba a insistir pero al parecer se había cansado, estúpido niño. Apagó las luces y se dispuso a salir.
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Tal vez algún día
القصة القصيرةMarilyn y Ezequiel a pesar de sus diferencias de edad se amaron a tal punto que ni la muerte podría separarlos. 🎖Segundo Lugar en NuestrasEstrella del Cielo de @CieloDeEstrellas Gracias a @broken-dreams-29 y @MilethPineda por la portada.