Capítulo 1. Las mentiras son lo mio.

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"When mama said that is okay"

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Capítulo 1. Las mentiras son lo mío.

Los días en la escuela no eran de lo mejor, millones de números y de letras invadían mi cabeza y hacían que estuviera a punto de explotar. Además ser la nueva no es nada bueno, los demás te miran como si fueras un bicho raro, en este siglo es difícil conocer a una persona que te ofrezca su amistad, o por lo menos una sincera. Las clases habían sido de lo más aburrido, no entendía nada literalmente, temas ya avanzados, y yo toda pérdida. Y la peor parte era el almuerzo, me encontraba ahí sola; comiendo de mi sándwich de atún junto a una rica soda. Los demás se sentaban en sus mesas correspondientes, charlando con sus amigos, y molestando a otros. Por mi parte, estaba sentada en la mesa del rincón, sola. Levanto mi mirada de mi sándwich y veo a una chica a punto de sentarse al frente mío.

―Hola. Mi nombre es Nora. ¿Tu? ―me preguntó aquella desconocida que ahora sabía su nombre.

―Blake.―respondí―. ¿Por qué te sentaste aquí?

―Es mi mesa, bueno técnicamente, no me hago con nadie, así que siempre me hago aquí. ―dijo―.Al parecer tú te has robado mi mesa.

―Lo siento, tampoco tengo a nadie con quien hacerme.

―Si quieres te puedes hacer conmigo aquí, no tengo ningún problema, me hará bien algo de compañía.

―Está bien, lo mismo digo.

Charlé todo el almuerzo con Nora sobre nuestras vidas, y nuestros gustos, y me parece que es una gran persona. Amable y graciosa, además de ser una persona llena de valor y sabiduría. Hubo un momento en el que quise pedirle un consejo acerca de mi secreto, pero luego una vocecita me advirtió que el mío no se le puede decir a la primera persona que te caiga bien. Y le hice caso. Por más de que necesitara uno para guiarme, si se lo decía a la persona equivocada, no me lo perdonaría jamás. El timbre sonó con el motivo de que por fin se había acabado la escuela por hoy, y era genial; porque precisamente era viernes. Un fin de semana de descanso. Recogí mi mochila, la lleve al hombro y salí junto a Nora. La salida era uno de los mejores momentos del día, pero también de los peores; todos os chicos saliendo a hablar con sus amigos, otros con sus novias, corriendo para que no los deje el bus, o los demás que son creídos con sus autos último modelo. Odio la escuela.

Nora se había despedido de mí porque se iría en su bicicleta, por mi parte, no quería hacer el ridículo de que tus padres te recojan en la escuela, así que me fui caminando.

Una nueva vida comenzó para mí aproximadamente hace unos 10 días, la mudanza había sido una de las peores cosas que había sufrido en mi corta vida, solo por el error imperdonable que había hecho mi padre.

«Abrí la puerta de la casa casi dormida, mi amigo me había dado yo no sé qué cosa que me había dejado muy mareada, logre cerrar la puerta con la poca fuerza que tenía; me fije en las escaleras, suspiré, moví mis pies de manera continua para lograr subir al segundo piso, subía mis pies de manera lenta, con mis manos a los lados en las barandillas para no perder el equilibrio. Alcancé a llegar al segundo piso, por un momento me dio un mareo repentino que logro disminuir un poco mi vista, unos segundos después la recuperé de nuevo. Comencé a buscar a mis padres con la mirada, no los veía, y seguramente estaban en su cuarto viendo alguna película o una serie. Llegué al cuarto de mis padres, trate de abrir la puerta, pero estaba con seguro; le intente varias veces sabiendo que no iba lograr entrar, un dolor fuerte comenzó a producirse en mi cabeza, sentí que el seguro se quitó, y la puerta se abrió. Mi padre me abrió, su cara no fue la que esperaba, reflejaba preocupación y desespero, entre a la habitación y me encontré con algo que no querría haber visto nunca. Había una mujer que nunca había visto en mi vida terminando de colocarse su blusa, pensé que seguro me lo estaba imaginando, lleve mis manos a los ojos para limpiármelos, las quite y no. Esta era la realidad, voltee mi mirada hacia mi padre, quien con su cara me decía lo siento; unas lágrimas de rabia y tristeza rozaron por mis mejillas, iba a salir de la habitación cuando una mano colocada en mi hombro me impide pasar.

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