37/ Oficial.

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El dolor que me proporcionan mis piernas me hacen despertar soltando un gruñido, mis ojos se abren con dificultad tratando de adaptarse a la luz del sol. Mis codos se apoyan lentamente en el suelo, estoy segura que me he raspado el cuerpo  más de lo que pienso. Observo todo a mi alrededor con curiosidad, a lo lejos se vé el humo de la fuerte explosión e inmediatamente pienso en Sebastian, él se ha arriesgado por mí y yo me fui corriendo de allí... pero lo que no he parado de pensar es el porqué, ¿Por qué me advirtió?  ¿Por qué dejó que me vaya? ¿Que escape?..

-Tengo que volver.- Susurro tratando de levantarme.- Tengo que volver, tengo que volver.- Repito una y otra vez. Sebastian lo arriesgó todo, por eso debo volver, tal vez necesite mi ayuda y no se lo voy a negar, él me ayudó a mí.

-¡Niña!- Escucho un grito cuando estoy comenzando a correr.- ¡Ey!- Me doy vuelta para saber de quién es esa voz. -¿Volverás a ese lugar?- Me pregunta una mujer tratando de sostenerse, tiene moretones en sus piernas, tal se vé que fue afectada por la explosión.

-¿Qué?-

-No creo que sea una buena idea, por tus ropas parece que has estado en ese lugar.- Su acento es raro, no parece tener muy en claro las pronunciaciones, sin embargo, se esfuerza por comunicarse conmigo.

Mis labios se abren para decir algo pero nada sale de mí, es como si alguien me robara las palabras que quiero decir. La miro a la mujer que me sostiene la mirada tratando de convencerme de que no vaya. La observo una vez más y sin darle importancia me voy corriendo; es verdad, tal vez sea peligroso, tal vez me esté arriesgando en volver, pero ¿Y si no pasa nada? ¿Y si puedo salvarlo yo a él ahora? No puedo irme pensando que podía hacer algo para salvar su vida.

Me siento cansada, asustada, sin saber qué hacer exactamente, no me importaría que alguien tomase las decisiones en ocasiones como éstas, es por eso que ahora mismo estoy corriendo para tratar de salvar la vida del hombre que me mantuvo en casi una prisión.

Las patrullas se encuentran allí, los bomberos igual apagando el fuego que queda en los rincones. Me escabullo entre los escombros y poco a poco voy entrando a esa gran lugar en el que habitaba. Todo está hecho un asco, las paredes sucias, algunas de ellas ya no existen, piedras por todos lados, las puertas están rotas, algunas por completo y otras por la mitad, voy caminando con cuidado de no caerme y lastimarme, no quisiera soportar otro dolor.
Finalmente llego a la habitación en la que estaba, todo está totalmente iluminado por el sol que entra debido a que el lugar se encuentra en completo desastre; mis ojos se abren rápido cuando veo que él está tirado en el suelo, sin moverse, me mantengo parada sin saber qué hacer pero luego camino hacia su cuerpo, sus ojos no se abren, y lo primero que hago inconscientemente es taparme la boca con una de mis manos, mis piernas temblorosas me hacen caer al suelo justo delante de él... lo observo detenidamente, polvo cayó sobre su rostro pálido, su cabello totalmente grisáceo.

-Disculpa.- Susurro mientras mis ojos se llenan de lágrimas. 

Mi vista está clavada en su rostro, llevo mis dos manos a mi cabeza para apartar el cabello que cae sobre mis hombros y luego suspirar.

-¡Levantese inmediatamente!- Escucho una voz gruesa y alarmante. Giro mi cabeza ante el repentino grito, era un hombre equipado que me está apuntando con un arma, sus ojos se cubren por unos tipos de anteojos de plástico que lo protegen de cualquier humo, supongo que es un policía o algo así.

-Levantese señorita.- Me dice ahora más calmado. Agarra mi brazo cuando vé que no muevo nisiquiera un dedo y me levanta, algunos policías vuelven a aparecer, uno de ellos me guía hasta afuera y me suelta cuando estamos frente a una patrulla, el oficial dice algo que no logro entender y la otra persona asiente yendo con sus colegas.

Brands of life |N.H| Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora