-Esto... ¿Necesitas algo? -Intenté romper este misterioso y horrible silencio, aunque no me gustaba hablar, no me gusta tener que lidiar con gente.
-Contéstame honestamente- Se sentó en la silla que había donde el tocador. Yo asentí. - ¿Tú de qué conoces a los Phantomhive?
En ese mismo momento noté como mi corazón empezaba a palpitar, como iba tan fuerte y rápido que dolía y parecía que se iba a salir en cualquier momento. Abrí los ojos, pero intenté guardar mi sorpresa.
-De nada importante, ¿por qué la pregunta?
Su semblante inexpresivo de nacimiento se volvió aún más serio. Algo demasiado extraño.
-Porque... -Paró un momento y parecía pensar lo que iba a decir. Terminó soltando un suspiro. -No, por nada. Entonces, si me disculpas- Se levantó y se iba a marchar, pero le paré antes de que saliera.
Qué manía tenían con ir y venir rápidamente en esta casa sin oír a nadie. Y eso que solamente llevaba aquí un tiempo.
- ¡E-espera! -Me giré de golpe hacia la puerta.
- ¿Qué quieres? -Preguntó un tanto molesto.
-Eeh... Esto... -No sabía qué decir. En realidad el pararle fue un impulso. - ¿Tienes pareja? -Me di una bofetada en la frente mentalmente. ¿¡Qué narices significa esa pregunta?!
-No, pero eso a ti no te incumbe, ¿verdad?- Me sorprendí.
-No, claro que no... Aunque... ¿En serio no tienes amada? -Me interesé un poco, solo un pelín, por descubrir algo más sobre aquel misterioso chico..
-No lo sé. Puede. Solamente recuerdo a una niña pequeña, gritona y molesta. -Por alguna razón sus palabras me molestaron. -Pero un día desapareció desapareció de la nada. Espera...¿Por qué te cuento mi vida? -Se fue sin decir nada más.
Me tiré a la cama, para pensar pistas y poder saber más información. Me metí en mi mente para tratar de enlazar hecjos y poder hallar una respuesta ante toda esta situación. Puede que esta vez haya tenido suerte y me haya dicho algo de su vida, pero presentía que Ciel no caería otra vez y me contaría todo lo que le preguntase. Debía aprovechar cada mínimo detalle dicho por él.
Me estaba quedando dormida de tanto pensar pero una luz llamó mi atención.
Me levanté con un poco de dolor de cabeza por causa de tanto usarla y me acerqué a un escritorio que no había notado. Al llegar a esa hermosa mesa vi un anillo azul, el cual me era familiar. Busqué en mis bolsillos y tenía el mismo anillo, pero el mío con un mensaje escrito.
"Querida Gurin, si lees esto es que sabrás por fin que tienes un prometido. Puede que esto sea demasiado loco para ti y, para que puedas creerme quiero que sepas que tú no eres del siglo XXI sino del XIX. Tu amado también lo es, pero se encuentra solo desde tu desapareción. Te estarás preguntando quién soy, ¿verdad? Solamente te puedo decir todo lo que te he escrito, busca a tu prometido y ser felices. Te quiero". Leí. Claramente no pude evitar sorprenderme. ¿Desde cuando un anillo tiene una carta escondida, de la que nunca te has dado cuenta que ni existía, y te comunica que tienes un prometido de dos siglos antes del que tú "supuestamente eres" y que nunca has vivido como eres?
Dos golpes en la puerta interrumpieron mis pensamientos.
-Mi lady, ¿se encuentra bien?- Corrí y abrí la puerta, guardándome el anillo y la carta en uno de los bolsillos de mi verde chaqueta.
-S-sí, ¿qué necesitas? -Le pregunté, esperando que no hubiese sabido ni llegado a enterarse de nada de lo ocurrido.
-Pronto será la hora de cenar, cuando todo esté listo llamaré a nuestra ama de llaves para que la vista y prepare para cenar. -Asentí dándole las gracias. -Bueno, si me disculpa- Después de hacer una educada reverencia se fue. Supuse que a la cocina o algo así.
Corriendo guardé el anillo del escritorio en alguno de los cajones con la nota y, cuando iba a guardar el mío, una chica pelirroja con unas gigantes gafas de pasta vestida con un traje de sirvienta entró a mi nueva habitación.
-Me llamo Maylene, Sebastian me dijo que viniese a verla para prepárala.
-Ya veo... -Me acerqué a ella. -Prepárame entonces. -Dije extrañada ante esta situación.
Maylene se me acercó y paró en seco, abriendo la boca.
,Oh, que hermoso anillo. Creo que ya sé cómo vestirla.
Primero empezó a buscar como una loca vestidos y más vestidos en el armario (ni si quiera me he dado cuenta de cuándo han llegado allí) hasta que por fin se decidió por uno. Me sacó la ropa de la manera más rápida que he visto en mi vida y me lo puso. Después, al terminar de colocármelo, me llevó al tocador para maquillarme un poco. Para terminar por fin, me hizo un peinado que seguramente a mí me habría salido como una patata.
Cuando me dejó libre me miró de arriba a abajo, sonrió satisfecha y me alagó.
-Como pensé, hermosa. Solo falta que se ponga el anillo. -Antes de yo poder decir nada, me lo puso. - ¡Le queda como un guante!
Me empezó a empujar hasta que llegamos a donde creía que era el comedor.
-Bueno, si pasas estarás ya dentro, yo iré a la cocina- Asentí y se fue corriendo.
Llamé dos veces por si acaso estaban ocupados con algo que a mí no tuviese que importarme.
-Puedes pasar- Eso hice para notar que solo estaban presentes Sebastian y Ciel.
-Con... ¿Permiso? -En realidad no sabía qué decir. Aquí muchos eran muy educados, y yo pues como que lo más educado que he hecho en mi vida ha sido beber un día el té, aunque acabé vomitando de lo mal que lo hicieron.
Los dos presentes me giraron a ver y se me quedaron mirando, sorprendidos. Noté que mucho más el parchado.
Sebastian, al volver a su ser, se me acercó con una burlona sonrisa.
-Se encuentra preciosa, mi lady- Agradecí algo colorada. -Sígame- Me llevó hasta la mesa. -Si me disculpan veré que tal va la cena- Se fue dejándome a solas con Ciel.
Me iba a sentar pero el chico del parche, aunque se me hace raro decirle así, me interrumpió.
-Espera, te ayudo- Se levantó y me arrastró para afuera la silla para que me sentara. Al hacerlo me echó con cuidado hacia adelante. Después, se sentó en sus sitio. -Te queda muy bien, el vestido y eso- Me sonrojé más de lo normal, para que no lo notase giré la cabeza.
-G-gracias- Llevaba un vestido de color azul. Mi pelo se encontraba recogido en dos coletas. Luego estaba el poco maquillaje que me puso Maylene y el anillo. Mis zapatos y medias eran del mismo color azul.
Maylene, Sebastian y dos personas más entraron a la sala. Una de esas personas era un chico, aunque parecía una chica, con ojos verdesos y cabellos cortos rubios, sujetados algunos mechones por cuatro rojas pinzas. Llevaba en la espalda un gorro de paja y su ropa era como la de un jardinero, por lo que ya supuse lo que era. El otro también era un chico pero parecía tener más edad que los demás, sus ojos eran color jade y el pelo también era corto y rubio. Llevaba un uniforme de cocinero.
-Encantado, me llamo Baldroy, señorita... -Dejó de hablar para que le dijera mi nombre, aunque estaba acostumbrada a dar mi apellido como se solía hacer en Japón. Después de todo me crié allí.
-Gurin Midford. -Me presenté. -Encantada.
Todos me miraron durante unos segundos en silencio.
Más tarde, el otro chico se me acercó, con un aura un tanto infantil, demasiado feliz.
- ¡Yo me llamo Finnian, encantado Gurin! -Se le oía seguramente desde la Antartida ante tal grito. Supe rápidamente que él era el plasta, pero siempre animado, del grupo.
-Igualmente, Finnian- Me fije mejor y había un mini hombre con un traje como el de Sebastian. Pero como dije ya, era un mini hombre, a lo que me tuve que aguantar la risa para no ser ruda. -Yo soy Tanaka, señorita Gurin- Por lo menos era educado. El enanín educado.
-E-encantada, Tanaka- Intenté decir aguantándome la risa.
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Pasado muy presente (Ciel Phantomhive) [EDITADA]
FanfictionNo supuse que mi vida era todo una ilusión. No por el hecho de que la gente me mintiese por una razón sino por el hecho de que me encontraba viviendo... ¿En la época errónea?