Sin sueños

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—Tengo una última pregunta —le dije, una semana después de nuestra cita.

Penny se mostraba ella misma, como si los sucesos de ese día jamás hubiesen ocurrido.

—Ya te lo he dicho todo, Pat. Vete —volvió la mirada a su libro.

Miré el cielo, nublado y gris.

Mi principal duda era por qué Penny había decidido quedarse todo la jornada escolar en las gradas, con el cielo apunto de desprender agua y con las clases conduciéndose normalmente.

—¿Cuál es tu poema favorito? —cuestioné de una vez por todas.

—Tú mismo lo asumiste la otra vez.

—Pero no lo es.

—Eres tan...

Sin sueños.

Y su semblante se ablando.

Y me senté a su lado, sin dejar de mirarla.

—Nunca he sido fan de la poesía, pero leí todos aquellos poemas que pueden hacerte perder la cabeza en un segundo —me rasqué la frente, nervioso.

Cerró su libro en un movimiento fuerte y rápido.

Se quedó ahí, con las piernas cruzadas y los brazos sobre ellas.

—¿Por qué estás tan seguro que es mi favorito?

—Porque es el mío, también.

Suspiró, haciendo que de su boca saliera vaho.

Hoy su gorrito de lana era color blanco.

Y mantuvo sus ojos distantes, mientras hablaba.

—No entiendo por qué esa gente no expira.

—O por qué las nubes no los asesinan.

Medio sonrió.

—¿Por qué es tu favorito? —jamás deje de sonreír. No hasta que me dio sus razones.

—Porque es tan cierto, real. La manera en la que todos murieron hace tiempo. Actúan por inercia, como hormigas. Y tengo miedo, que los poetas dejen de existir, los románticos, los que sueñan o los que aman. Gente vacía, alrededor, todo el tiempo. Excepto...

—Excepto tu —finalicé, en un susurro.

—Tu, Pat —me miró.

Me sentí grande.

Y me reí.

—No soy un poeta, Penny.

—Sigue diciéndolo, ojala algún día lo creas —negó con la cabeza, y otra vez estaba mirando hacia el frente, al campo de futbol.

—Mi mente no es tan profunda, no como la tuya.

—Armaste teorías sobre mí, solo un...demente pudo hacer eso.

—Todas eran erróneas.

—Pero lo intentaste.

Me acomode en el asiento, viendo el campo verde y enorme también.

—No soy un poeta.

—Eres un poema.

—¿Por qué lo crees?

—Porque me hiciste sentir.

Y por primera vez, ella tomó mi mano.

La teoría de PennyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora