Capítulo III

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     Caminaron lentamente hacia el edificio, "¿pasas tú o paso yo primero?" se oyó preguntar a la pelirroja, "paso yo" dijo Sky haciéndose la valiente, la chica abrió la puerta con un collar como el de su abuelo, y le hizo un gesto para que pasara.

     Al ingresar estaban 3 personas sentadas en una especie de living antiguo, realmente era tenebroso, todas esas personas se pararon de manera inhumanamente rápida y con sus armas apuntaron a Sky, quien se asustó muchísimo, obviamente.

     -Tranquilos, tranquilos, la chica viene conmigo –dijo la del pelo rojo mientras cerraba la puerta, dos de tres bajaron las armas.

     -¿Cómo te atreves a traer a un sangre roja, Lizzeth? –preguntó molesto un chico lleno de tatuajes.

     -No es sangre roja, ¡ella nos ve! –se defendió.

     -Los demonios también nos ven –habló con lógica mientras se acercaba, Sky pudo observar ira en sus ojos amarillos.

     -Jesus, ella no es un demonio –interrumpió una voz conocida, llegando a paso lento desde otra habitación, hablaba con paciencia, de manera lenta pero con seriedad. Era el chico de negro, esta era primera vez que lo veía sin capucha y sin chaqueta, sus brazos estaban llenos de tatuajes, y hasta en su cuello había.

     -Si tú lo dices...-dudó mirando al tío misterioso -¿pero qué hace ella aquí?, ¿para qué la has traído? –habló a la acompañante de Sky.

     -Tiene que saber su historia, como cuando nosotros la conocimos.

     En ese momento entró una mujer a la habitación, de edad, se notaba en su cabello bañado de nieve, en sus arrugas faciales, en sus manos con piel colgando. Lo primero que hace es observar a la desconocida con atención, le miró los ojos fijamente.

     -Es una de nosotros, no es demonio –dijo con determinación la señora –hija, pasa conmigo a mi oficina –ella caminó siguiendo a la mujer.

     Caminaron por un largo pasillo hasta llegar a una puerta rústica antigua, ahí ingresaron, era una oficina pequeña, pero llena de libros e imágenes, la señora le hizo un gesto para que se sentara frente a su escritorio, luego ella se dio la vuelta y se sentó al frente. Comenzó a buscar un libro ahí mismo, lo tenía frente a ella, lo abre. "¿Qué runa te serviría más?" dijo en voz alta.

     -¿Runa?, ¿para qué? –Se paró – hasta este momento, ni siquiera sabía que aquellas runas existían... parta explicándome qué soy yo, qué puedo hacer con eso, en cuántos grados debe cambiar mi vida, y qué consecuencias traerá esto... cuando sepa esas cosas quizás podré aceptar una.

     -Te seré honesta y directa... eres el descendiente de un ángel –la chica, pese a suponerlo anteriormente, se seguía sorprendiendo cada vez que alguien se lo decía -con eso puedes pelear en contra de la oscuridad, o simplemente ignorar lo que eres. Probablemente tu vida cambiará en ciento ochenta grados  y pues consecuencias... –pensó un rato –puedes morir en batalla.

     -Nunca he tenido un pariente ángel o descendiente de ángel, no entiendo a qué viene eso –le tomó la cabeza con ambas manos -tampoco quiero morir en batalla.

     -Cariño, eres parte de la mayoría, a los que les ocultan la información, tú lo descubriste, por desgracia el resto perteneciente a esa mayoría nunca se entera y mueren como sangre roja –habló con paciencia.

     -¿Mi mamá?, ¿mi papá?, ¿mis abuelas?, ¿mis abuelos?, ¿mis bisabuelos? –pensaba en voz alta, tratando de asimilar todo. Buscó en sus recuerdos y nunca había visto algo extraño en nadie.

Cielo míoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora