Capítulo 22

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-¡Harry despierta!

La voz de mi queridísimo mejor amigo me sacó de mis sueños, que en verdad no estaba soñando con nada, pero me había despertado, que es lo que molestaba.

-Déjame en paz.

-¡Venga dormilón! –dijo él, y escuché como subía las persianas de mi habitación, y como los rayos solares de la mañana; los peores, me daban en la cara.

-¡Louis, te odio! –dije tapándome la cara con el brazo y moviéndome por mi cama, intenté doblar las rodillas, pero note que todavía seguía teniendo los pantalones ajustados. ¿Qué? Anoche… claro, la fiesta de Louis, pero no recuerdo muy bien el final.

-Sabes que no.

Me quité el brazo de la cara, y abriendo poco a poco un ojo, no, no podía, el sol molestaba demasiado, hasta había empezado a llorar involuntariamente, me restregué los ojos.

-Apaga la luz, por favor –dije como un crío pequeño.

-Venga, levántate ya.

Volví a intentarlo, y poco a poco mis ojos se iban acostumbrando a la luz, aunque aún seguía molestando un poco, levanté mi cuerpo y apoye los codos en el colchón.

-¿Qué hago vestido con la ropa de anoche?

-No lo sé, tú sabrás –el chico se sentó al borde, le mire a la cara, llevaba puestas unas gafas de sol.

-No me acuerdo de muchas cosas, y me duele la cabeza –llevé mi mano a la cabeza y removí un poco el pelo, luego me tiré de nuevo al colchón abriendo los brazos como un ángel.

-Estamos igual –respondió el chico desplomándose junto a mí.

Hubo un momento de solo silencio, y luego torcí la cabeza mirando a mi amigo, él hizo lo mismo, y quedamos mirándonos, aunque no podía ver sus ojos ya que llevaba puestas las gafas de sol.

-Menuda cara llevas –me dijo mi amigo riéndose.

-Pues como la tendrás que llevar tu si llevas puestas unas gafas de sol dentro de mi casa –le ataqué.

El chico se levantó las gafas, y me dio a ver unas grandes ojeras bajo sus ojos, y sinceramente nunca antes lo había visto así.

-¡madre mía! –dije y luego empecé a reírme, y en verdad no sabía ni por qué me estaba riendo de él.

Louis se volvió a colocar las gafas y volvió a mirar de nuevo al techo.

-Pues que sepas, que no bebí tanto, tú ibas mucho peor, solo que la diferencia es que tú te acostaste sobre las tres o las cuatro, y yo no he llegado a acostarme.

-¿Muy mal? ¿Cómo de mal iba?

No me acordaba de nada, o de casi nada, solo tenía varias imágenes de la noche anterior, me levanté de la cama dejando a Louis detrás, acostado en esta. Iba a darme una ducha, lo mejor para las resacas es una ducha de agua fría, me daba igual que Louis estuviera aquí, no sería la primera vez, aparte de que no había dormido, que se durmiera mientras, y parecía que ya lo había hecho al no responderme antes. Me desvestí, iba a entrar en la ducha, pero antes prefería lavarme los dientes, no me gustaba el sabor mañanero, y menos cuando el día anterior habías bebido, agarré el cepillo de dientes y le eche pasta, empecé a mover el cepillo dentro de mi boca y me coloqué delante del lavabo, y escupí, levanté la cabeza y vi mi rostro en el espejo.

Joder. Estaba destrozado, tenía unos cuantos moratones; en el ojo tenía uno, y también tenía sangre seca en la nariz, y al final de la ceja. Joder, ¿Qué me paso ayer? ¿Qué hice? ¿Por qué tengo así la cara? Me tuvieron que haber dado una gran paliza.

¿Sería diferente? «h.s»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora