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Transcurrieron unas cuantas horas desde que Arthur había culminado con las entregas y regresado al aposento de la hechicera. Si bien el Caballero del Viento corroboró el bienestar de la eriza rosada, las dudas se entreveraban en su mente cuales hiedras envenenando sus pensamientos.
-¿Cómo que no figura en esa dinastía? -recordó la aparente discusión entre el Caballero del Lago y él mismo.
-Averígualo por tu cuenta, Arthur -. Su respuesta fue cortante, sin mencionar que él estuvo al tanto de aquella información y tomando en cuenta las sospechas sobre aquella eriza de dudosa procedencia. Pero la verdad -su verdad- no cruzaba los límites, no iba más allá de lo que se hubiera imaginado en realidad. Lancelot aún debía atar cabos sueltos-. Ya he revelado suficiente.
Cuando culminó con su clandestino lapso laboral, decidió regresar con Amy, pues si se topaba con Fallace, sospecharía de la inactividad de la eriza, y lo que menos quería para ella era perjudicarla y provocarle un mal mayor que ganarse un boleto de ida sin retorno a la prisión de Avalon.
Ella había despertado al cabo de un par de horas, pero no llegó a ver a su amigo ancestral, puesto que él andaba ofuscado en ese tema, aquello que se dio a relucir en esa misma noche y que carcomía sus pensamientos, así como sus convicciones acerca de Amy Rose.
-¿Cómo puedes estar seguro de tu respuesta, Lancelot? -inquirió el erizo cobalto, aún incrédulo por tanto misterio- ¿Acaso tienes evidencia alguna que justifique tus acciones contra una joven indigente?
-La misma pregunta va para ti -respondió el azabache con una determinación digna de ser temida- ¿Cómo puedes estar seguro de tu respuesta? Y lo más importante... -continuó- ¿Tienes evidencia para afirmar que ella no es lo que aparenta ser?
Arthur decidió -por el momento- mantener la distancia entre él mismo y la eriza de púas rosáceas e irse a su aposento a investigar por su cuenta. Deseaba averiguar qué estaba pasando: lo que le había dicho y revelado el siniestro caballero era de suma importancia.
Libro por libro, reliquias de intachable información, muy útiles y necesarios para el enriquecimiento de la mente, el profundo deseo de conocer y de adquirir la mayor sabiduría posible, llenas de secretos oscuros y memorias de soldados caídos a puño y letra, vitales para prevalecer la cultura avaloniana y no cometer los mismos errores de sus antepasados.
Pese a la mayoría de tiempo que había invertido en buscar algo relacionado a su tema de interés, se sintió frustrado, le hacía falta descubrir esos datos que tanto buscaba, que era de tanta relevancia. Tras finalmente no haber encontrado nada al respecto en la biblioteca del Ala oeste de la fortaleza, vio adecuada la opción de acudir a la biblioteca exterior del reino de Avalon. Sin perder más tiempo, alistó algunas de sus pertenencias y salió de su aposento; caminó por los pasillos en dirección al elevador de madera maciza e ingreso, para tomarse con la ligera sorpresa de encontrarse con alguien conocido.
-¿Por qué tanta prisa, Knave? -pronunció la persona dentro del elevador, apoyado en la pared de madera, cruzado de brazos.
Arthur rodó los ojos y se apoyó en la misma pared, imitando de paso la posición de este, cerrándose de inmediato las compuertas de fierro.
-Ahora no estoy para bromas, Lamorak.
-Para tu información, yo tampoco lo estoy -gruñó en contestación el caballero halcón-Deberías estar atento a las indicaciones: Su majestad solicita nuestra presencia en el castillo de Avalon, incluyendo a todos los integrantes de la Mesa Redonda, pues presenta carácter de urgencia y, según sus allegados, está muy estresada y preocupada.
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My helpless Rose (Original version)
FanfictionNo sé si pensar en mis actos‚ sentir mis latidos acelerar ante tu presencia; contemplarte hasta que el último rayo ilumine tu mirada llena de inocencia. Entre la oscuridad‚ estoy en vela‚ cuidándote y pensando en ti‚ sin importar las consecuencias...
