El de lamparines esmeraldas miraba sus flancos atenta y cuidadosamente antes de cruzar los pasillos del séptimo nivel, asegurándose de entregar los pedidos lo más inmediato posible. La noche prometía un gran reto para él. Ya fueron varias las ocasiones en las cuales Fallace casi lo descubría con las manos en el carril, de esquina a esquina. Al parecer, aquel fantasma estaba tomando sus precauciones.
Tomaba en cuenta no tropezar y realizar un desastre con las entregas y meriendas. Si tan solo no tuviese que llevar el carril a donde sea, él hubiese desaparecido sin dejar rastro.
Era su primera vez como repartidor, y el primero en realizar las entregas a hurtadillas. "Y pensar que sería pan comido...", se lamentó el erizo.
Varios de sus clientes se habían tomado la sorpresa de verlo atender en vez de aquella nueva joven eriza: algunos de ellos se lo tomaron como una broma; a otros le daba igual; sin embargo, la mayoría cooperó al escuchar decir al paladín que no se lo dijeran a Fallace, excusándose de ser una broma que él planeaba dar a cabo.
"Así es Arthur, ¿qué se le puede hacer?" Comentaban algunos de los residentes en una carcajada antes de ingresar a sus aposentos, ingenuos de saber que Arthur realizaba aquella labor por otros motivos más importantes que una simple broma.
[...]
-¿Qué diablos haces con esa bandeja? -inquirió su contrario apenas lo recibió en el umbral de su aposento. Directo al punto: así era siempre.
"Será difícil convencerlo", meditó Arthur con señales de estar un poco agotado. Antes de continuar, tomó un poco de aire.
-Es el desayuno de hoy -respondió este evitando estar nervioso, al menos por unos minutos-. Ya sabes, Lance, para levantar un poco ese... ánimo tuyo...
El caballero frente a él lo miró incrédulo, hasta podría admitir que ligeramente ofendido por lo último que soltó su compañero. Aquel semblante propio de él llegaba a ser intimidante en casi todas las ocasiones, sin importar el tiempo y el lugar, con o sin la visera puesta.
Por obvias razones, nadie decidía acercarse a él ni visitarlo.
-¿No se supone que esa actividad le corresponde a esa... repartidora? -dijo él de manera inquisitiva y desdeñosa.
-S-sí, claro, así es... -respondió el erizo, esta vez un poco más calmado, recordándose mentalmente que no debía evidenciar aquella inseguridad- Lo que sucede es que ella enfermó justo hoy, durante su hora de trabajo, y solo por esta vez me ofrecí a reemplazarla.
Lancelot emitió una pequeña pero siniestra risa. Parecía estar satisfecho de algo.
-Y curiosamente, fuiste tú a reemplazarla... -ironizó, y se adentró a su aposento, no sin antes señalar con la mirada al otro paladín para que ingresara. Este acató la orden, entrando al aposento y procediendo a realizar el trabajo correspondiente. El oscuro caballero permanecía de espaldas, como si le diera igual lo que su compañero estuviera haciendo.
De todas maneras, Lancelot reconocía las buenas intenciones de Arthur, y sabía que no era una amenaza para él.
-No me sorprendería -prosiguió el caballero de plata-: después de todo, amenacé con matarla si se atrevía a cruzarse en mi camino...
Arthur se detuvo en seco, sin apartar su vista de la bandeja.
-¿La amenazaste de muerte? -más que una pregunta, era una queja ante aquella confesión, pese a que ya sabía lo ocurrido debido a lo que Amy le contó anteriormente, y precisamente era cierto.
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My helpless Rose (Original version)
Hayran KurguNo sé si pensar en mis actos‚ sentir mis latidos acelerar ante tu presencia; contemplarte hasta que el último rayo ilumine tu mirada llena de inocencia. Entre la oscuridad‚ estoy en vela‚ cuidándote y pensando en ti‚ sin importar las consecuencias...
