Apenas tardamos en llegar a la sala de estar, pues sólo tuvimos que prepararnos, y por supuesto, no olvidar lucir nuestra preciosa -nótese la ironía- bata blanca. Me imagino que será para evitar confusiones. Mis manos comienzan a sentirse húmedas, hacía años que no me encontraba así; nerviosa. ¿Por qué lo estoy? La tarde anterior... Tanto emocional como físicamente no he conseguido superarlo. Aunque, en este lugar habrá todo tipo de monitores, seguramente estaré a salvo. Además, ¿y si Angelique asiste? Debo darle las gracias, aún no he tenido lugar para hacerlo personalmente.
Sin más dilación, tanto yo como Marcos entramos suspirando, él se encuentra aún más nervioso, pero esta no es su primera vez, sabrá qué pasará ahí dentro. Ambos suspiramos nuevamente aliviados tras observar que no hay ningún estudiante perteneciente a la otra mitad del psiquiátrico. Allí, sentados junto al ventanal, se encuentran todos los chicos: Gaddiel, Simon, Nora... Marcos me guía hacia ellos, pero ninguno parece mostrarnos demasiada atención.
— Chicos, no es nuestra primera vez, sabemos lo que ocurrirá ahí dentro... — Susurra Marcos, señalando una pequeña sala incrustada en el centro de la habitación. Los cristales están cubiertos por persianas, ni un pequeño rayo de luz asoma por estas.—
Ahora mismo mi nerviosismo ha dado un gran giro, a punto de aproximarse hacia el temor. ¿De qué hablan? Una parte de mí quiere conocer la respuesta, otra en cambio, desea evadirse de cualquier problema relacionado con aquel lugar. Ellos, a pesar de contemplar mi desconcertado rostro, siguen dialogando unos con otros. A veces detesto ser invisible, aunque en cuestión de segundos dejo de serlo; Angelique me saluda dulcemente desde la entrada con una acogedora sonrisa. Sin dudarlo dos veces, me aproximo hacia ella, este grupo de chicos apenas notarán mi ausencia.
Al fin me encuentro junto a ella, aunque... Me ha pedido que mejor hablemos fuera, ciertamente me extraña demasiado. ¿Huye de alguien? O... ¿Forma parte del psiquiátrico en estado grave? No debo descartar dudas, pues aún sigue con los vendajes hechos trizas, cubiertos de un rojo sangre. Aunque... Sus heridas no parecen obra suya. ¿Alguien está involucrado en este tema? Trago saliva con fuerza, no puedo permitirlo. Las piezas encajan a la perfección: su manera de actuar, tan cohibida siempre; la sutileza en cuánto al trato ajeno...
Unos ojos hipnotizadores por su increíble resplandor consiguen que todo lo imaginado tan sólo resulte ser ficticio, e intentan llamarme, avisarme de que ella sigue ahí.
— Quería darte las gracias, Angelique. — Me apresuro a decir, prosiguiendo con mi breve discurso.— Creo que si tú no te hubieses dado cuenta del daño que aquellos chicos me hacían, ahora mismo no me encontraría aquí.
Dicho esto, sonrío. Sonrío sin saber por qué, aunque después de tantos días de sufrimiento, en algún momento debía llegar la calma. Ella simplemente atrapa mi mano con suavidad, depositándola sobre la suya. Noto como esta cada vez pesa menos, al igual que mis brazos. Un mundo de dulces caricias van y vienen. Aquella escena me recuerda al día en que ambas nos conocimos, cuando curé sus heridas. Otra sonrisa decora nuestros rostros.
— Bryanna, no le digas a nadie que he estado aquí, por favor. — Su tono es tan delicado como habitualmente, aunque esta vez, se trata de una súplica.—
Asiento confusa, no quiero atormentarla con mis preguntas.
— Te parecerá extraño, pero lo prefiero así. Es cierto eso que dicen: La mejor compañía de alguien es uno mismo.
No entiendo nada de lo que me dice, aunque oculto mi confusión con otro asentimiento. Me propongo a pronunciar palabra, necesito saber la respuesta.
— Angelique, ¿por qué estamos todos reunidos en este lugar? Sé que les harán pruebas para comprobar si todo va sobre ruedas. Pero... ¿Por qué todos están tan nerviosos? Y... ¿Por qué esa sala está tan oscura?
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Mis tres almas - Bryanna Anné Robinson ©
Teen FictionA sus tres años, Bryanna Robinson comenzó a escuchar diferentes voces entorno al interior de su mente. Su extraño comportamiento levanta sospechas entre sus seres queridos y el resto de la sociedad. A medida que transcurren los años, el inaguantable...