CAPÍTULO 6 "¿Solución?"

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La mañana se hizo presente, Ludwig fue a llamar a su hermano, tocando varias veces la puerta.

- Bruder, ya es tarde... Recuerda que tienes que ir a la casa de Austria

- Ya voy West- respondió el albino.

Una vez vestido y arreglado el mayor de los hermanos bajó hasta el comedor donde se encontraban unos panes con mantequilla.
Se sentó y comenzó a comer de aquellos panes.

- Lud, ¿Feliciano me acompañará hoy verdad?

- Si, le acabo de hablar y me dijo que ya venia - mencionó saliendo de la cocina con dos cafés.

- Bien, eso me dará tiempo de pensar que es lo que le diré a ese señorito- cruzó sus brazos.

No pasó mucho y se escuchó que tocaban a la puerta, Ludwig fue a ver de quién se trataba pues su hermano no se quería levantar a ver. Abrió la puerta y era el joven italiano que al ver al rubio lo beso haciendo que este se pusiera rojo.

-¿Pueden besarse en otro momento?.... Tenemos que irnos ya

- Ve~ tienes razón, vamos – sonrió.

Salieron de la casa y tomaron rumbo a la casa del austriaco. Una vez ahí Gilbert tocó la puerta algo fuerte, y después de unos minutos se escuchó una voz dulce preguntando por quien era.
El mayor le miró varias veces al italiano para que el respondiera lo cual hizo.

-Eli, soy yo Feliciano

- ¿Mi lindo Feli aquí?...- mencionó abriendo la puerta y seguido de eso lo abrazó sin percatarse que había otra persona más ahí  - Pero que bueno que has venido- mencionó pero después se separó del tierno castaño.

-Hola
  
-¿Qué haces aquí?

- Tranquila, yo voy a hablar con el señorito – entró como si fuera su casa, la húngara ni se lo impidió, solo se quedo viendo al menor que se encontraba con ella. 

- Feli, ¿sabes que trama?

- No... pero podemos escuchar detrás de la puerta – dijo como si fuera un plan recién inventado.  

- Hmm- pensó un poco – ¿estará bien?, No quiero que nos vayan a descubrir

- No pasará nada, ve~- el menor avanzó hasta la puerta donde el de cabellera blanca ya había entrado sin permiso.

Roderinch no se sorprendió de encontrarse con cierta persona molesta pues ya le esperaba
- ¿Vienes a insultarme?- preguntó acomodándose sus gafas. 


- Quisiera hacerlo pero no terminaría nunca señorito..... No es esa la razón por la que vengo

- ¿Entonces?

- Quiero que me digas en mi cara porqué me éstas haciendo todo esto- dijo sin darle mucho rodeo.

- Si quieres que te diga entonces te diré.... La razón por la que mande a esa tipa en el bar era para que Elizabeta te odiara y así yo podía hacer que me quisiera a mi y no a ti- cruzó sus brazos.
  
- Y te haces pasar por una persona muy respetable, me das asco...

- No me interesa si te doy asco o no, Eli nunca te creerá lo que digas de mí

Un golpe de la puerta abriéndose les sorprendió a ambos viendo como una húngara algo enojada se adentraba a donde estaban ellos.

-No puedo creer lo que acabo de escuchar – mencionó con un poco de lágrimas saliendo por el coraje que sentía.

- ¿Por qué estabas escuchando?

- ¡Eso no importa! – gritó - ¡¿Por qué Roderinch?!

- Perdón, se que no fue bueno lo que hice pero no tenía de otra- puso cara de niño indefenso.
  
- ¡Baszd meg! *- se dio la vuelta y salió de la habitación – Mañana vendré por todas mis cosas para llevarlas a donde debería estar, en mi casa- se llevó al italiano con ella.

- ¡Awesome!, que vocabulario tan genial- dijo burlándose del austriaco – Pero que bueno que te puso en tu lugar kesesesese~

- Sigue riendo, ella nunca dijo que te perdonaba

- Lo hará, no puede estar sin mí – tan egocéntrico como siempre.

El joven de ojos carmín salió del lugar y se dirigió a su casa, su hermano le diría que más hacer, porque aunque no lo admitiera el de cabello negro tenia razón, la húngara aun no lo perdonaba y tenía que hacer algo al respecto.
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Mein Kleine LiebeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora