Por un momento, solo hay vacío; no reconoce su cuerpo, ni sabe dónde está. No hay ruido, pero de alguna forma siente su existencia, y eso logra cierto grado de inquietud y nerviosismo en su sistema.
Dudas atacan su mente, y se sorprende al notar que las letras de las mismas se arremolinan sin sentido en su interior, apareciendo en la lejanía gigantes frente a él; a ellas si puede verlas en la inmensa oscuridad que le rodea.
Bailan con tranquilidad, formando palabras que cree no entender, sobre cosas de las cuales no está seguro conocer, y situaciones que no quiere recordar; le sorprende su pasividad, y se siente soñoliento ante el su danzar, sin estar seguro del porqué, o del cómo.
Por eso, cuando todo pasa muy rápido, y su miedo crece, no puede creer que algo tan inofensivo como lo que él creía tras los segundos en los que bailaban cálidamente, y formaban palabras sin sentido como "hirgine", "equuin" o "inbertd" pudiera atentar con su vida de esa manera.
¿A qué me refiero?
Las letras se colocaron en fila, una tras de la otra, y corrieron hacia su dirección sin mínima señal de detenerse; con toda intensión de cortarlo en pedazos.
Madón gritó sin parar, pero su voz y sus palabras se fueron volando en todas direcciones, creando ecos en el cuarto oscuro de lo que él creía, su mente; la deducción había sido rápida, después de todo, había tenido que encerrarse allí más de una vez.
Sumido en el pánico, las siente traspasarlo una por una, cada vez más y más fuerte, por lo que lágrimas salen de sus ojos, y al igual de sus palabras, se van volando.
Siente caliente el agujero que las mismas dejaron en su piel, y cómo la sustancia que él reconoce como su sangre caer lentamente.
Por incontables segundos, se siente desvanecer, como si toda la claridad del momento se le escapara de las manos y su existencia se consumiera a sí misma sin cuidado alguno; se lamenta cuando nota que cuenta los segundos para que todo acabe, y cuando cree que es el fin, algo vibra en su pecho con ira, dejándolo adolorido, delirante, agónico, como lo estuvo aquella vez.
Y luego, de la nada, un latido.
Uno, dos, tres y cuatro.
Se detiene, y vuelve a comenzar.
Cinco, seis, siete y ocho.
La parte más alta de su pecho se oprime, y puede sentirlo; se está hundiendo, y volviendo a salir.
Nueve, diez, once, doce.
Duele, y mucho, quizás más de lo que debería.
Se detiene.
Madón cree que el dolor se detendrá, pero sólo es más intenso, más y más, tanto que siente que su pecho explotará.
Estaban trayendo a la vida a un corazón que creía no tener, y no sabía qué pensar al respecto.
Quizás sí tengo un corazón como mami, ella me quiera más.
Quizás si tengo un corazón, papi ya no me vuelva a hablar.
Los latidos desaparecen, al igual que el dolor; ahora siente vacío donde debería haber un corazón, y el palpitar de sus venas huecas.
Perdido en sus divagaciones, no logró ver que la oscuridad había desaparecido, siendo sustituida por una cálida luz amarillenta, y que una presencia junto a él lo observa sorprendido, apático y receloso.
Madón pestañeó lentamente, sintiéndose cegado por la suave luz, que a sus ojos parecía un inmenso foco frente a los mismos, y, aclarando su garganta rasposa, se apoyó en la pared tras de sí, mientras con sus manos tocó la superficie, que siente como una pequeña y delgada manta.
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Madón y Helgio [#1]
Aventura(Esta novela no está editada, por lo tanto tiene muchos errores y la redacción es bastante mediocre. Lea bajo su criterio). Madón, rodeado de maldad que no profesa pero igualmente recibe, se ve envuelto en situaciones que no logra ver por completo y...
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