De repente empezó la lluvia y, como si fuera una banda sonora programada de una de esas estúpidas películas felices o el tiro que indica la salida de la carrera de tu vida hacia la muerte, levanté la mirada y fui testigo de cómo Gran Vía guardaba silencio, como calla quien no sabe qué decir ante lo que es más grande que él.
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