Jimin se había quedado dormido en los brazos de Jungkook después de haberle dicho algo en el oído que no entendió muy bien. Ambos recién regresaban al orfanato dando exactamente las ocho de la noche, el menor estaba exhausto de tanto ayudar a su hyung con su dichoso "trabajo".
YoonGi los observaba como espectador desde las escaleras, tan sigiloso como siempre, se movía de un lado a otro con mucho cuidado para que el mayor no lo pillara.
—¿A dónde demonios habrán ido?.–susurró el peliverde para sí mismo, viendo como el mayor se adentraba con Jimin a su habitación.
Por un momento su estómago se revolvió imaginándose miles de escenarios sexuales entre ellos dos. No eran pensamientos sanos, estaba en total acuerdo, pero desde la vez en que a Jungkook se le ocurrió soltar el nombre de Jimin estando íntimamente con él, todo se volvía una opción y una duda para su pequeña cabeza.
Se acercó a la puerta del menor, que apenas si se encontraba entreabierta. Los latidos de su corazón podía sentirlos en el oído. Si el mayor lo pillaba espiando tal vez, sólo tal vez, todo volvería a ser como antes de aquella noche en el baño. No es que le importara mucho, o tal vez sí, pero definitivamente no quería volver a ser castigado con quitarle el almuerzo o peor aún, no quería ser golpeado.
Para YoonGi todo era complicado en ésos momentos, nunca supo lo que realmente eran los celos, el amor de pareja, las discusiones o lo malo de la vida. Antes de llegar a ése lugar, sus padres lo habían tratado como lo mejor del mundo.
Eran un matrimonio que después de 15 años de casados seguía enamorado como el primer día como muy pocos. Para él éso era amor, el tener a una persona quien te apoya, te protege y te vé como lo más precioso del mundo. Lo más cercano que tenía a éso era Hoseok, pero era imposible verlo de manera romántica. Claro que lo amaba, pero para el peliverde, Hobi, no era más que su mejor amigo. Y luego tenía a Jungkook, que de una u otra forma era lo mismo pero con un lado parcialmente oscuro.
Acercó un poco más su oído para escuchar lo que decía el mayor.
—Ah, Chimchim hoy fuiste un niño muy obediente.–¿Desde cuándo le había puesto ése ridículo nombre? Pensó.
—¿Lo hice bien hyung?.–la voz de Jimin se escuchaba adormilada y pesada.
—Lo hiciste de maravilla pequeño.–YoonGi sintió una punzada en el estómago al escuchar aquél apodo que le decía a él. Se escuchó una pequeña risita la cuál, debía admitirlo, era demasiado dulce.—Ahora descansa cariño, mañana haremos lo mismo.
Unos chasquidos se escucharon dentro de la habitación ¿Acaso se estaban besando? Otra risita del menor se escucho y unos cuantos pasos que alertaron a YoonGi que debía irse inmediatamente de ahí. Se levantó del piso corriendo de puntillas para que nadie lo escuchase. Una vez que entró a su habitación creyó que estaba completamente a salvo, golpeó la pared tan fuerte que pudo sentir sus nudillos punzar.
Esos sonidos los reconoció a la perfección. Eran los de un beso, estaba seguro. El cólera que experimentaba en aquél momento era inexplicable, sólo quería golpear a Jungkook, golpearlo hasta que quedara inconsciente. Seguía quejándose a regañadientes pero presenció una mirada entre la oscuridad del lugar todo el enojo se convirtió en miedo total y no pudo evitar soltar un chillido agudo.
—Hey, hey, calma. Soy yo Suga.
El menor se relajó soltando un buen suspiro mientras se deslizaba por la puerta hasta quedar sentado en el frío suelo de madera. Sentía como el oxígeno regresaba a sus pulmones. Reconoció la voz y quiso golpear a su amigo en ese momento.
