“Entonces...” suspiré, tomé un vestido azul al azar y entré en el incómodo vestidor del centro comercial de Madrid.
No entendía porqué, ni como ni cuándo Cristiano me había obligado a venir aquí. Estaba exaltado, corría por todos lados de la tienda mientras tiraba y tiraba vestidos a mi cubículo.
“Vida no entiendo, ¿Puedes decirme ya qué pasa?” abrí la puerta de golpe, mostrando en vestido azul de escote corazón.
“¡Ése es! Lo llevamos, sacatelo rápido y nos vamos, no tenemos tiempo” aplaudió esbozando una sonrisa casi paranoica, asentí sin demasiado remedio y en cuestión de un par de minutos salí del cubículo.
Mientras pagaba traté de descubrir sus intenciones, Cris era alguien demasiado transparente, un libro abierto si lo queremos decir así, lo conocía lo suficiente como para saber las cosas que le ocurrían pero ésto era algo totalmente diferente.
Tomé su mano y a pasitos cortos pero rápidos traté de alcanzar su paso, se detuvo a tomarse unas fotos mientras yo acomodaba mi falda.
“Amor, ¿me puedes decir ya qué pasa? me tienes exhausta, me haz tenido corriendo todo el día” lo paré en seco en cuanto estábamos frente a su auto.
“Hoy hay una cena por la Navidad con todo el plantel amore” lo miré extrañada, no entendía el problema con eso “Viene mamá”.
Lo miré totalmente neutra, ahora entendía todo. Abrí lentamente la puerta del copiloto, me metí en el auto y coloque el cinturón de seguridad al rededor de mi cuerpo.
“No iré Cris” solté en un momento en medio de la carretera.
“Samira, por favor no empieces” me miró de reojo mientras aumentaba la velocidad lentamente.
“Cristiano tú sabes mis problemas con ella” subí el volumen de la radio.
Ésto era un problema que se remonta hace mucho, cuando aún Cristiano vivía en Portugal junto a su madre. Jamás fui del agrado de muchos, principalmente porque éramos de otro status social en el país. Mi padre era un conocido empresario Portugués y eso se malinterpretaba. Vivíamos en una de las ciudades más vulnerables del país, y fue ahí donde conocí a Cristiano. Su madre siempre ha tenido un problema conmigo y jamás lo he entendido completamente.
“Debes ir Samira, punto. El mejor jugador del mundo no puede llegar sólo” sus nudillos se tornaban blancos por el fuerte agarre al manubrio.
Asentí procurando que viera, no quería más peleas y supongo que no tenía otro remedio que simplemente aceptar y callar.
El camino hacia el restaurant donde se realizaría la fiesta se me hizo realmente eterno, no podía pensar en otra cosa que no fuera ella, María, quién hacia unos años me había echado de su casa en plena presentación familiar. Me trató de patética, falsa y mil insultos más, dañó mi orgullo y demás, quizás era en eso, donde se parecía en demasía a Cristiano, no pensaban en lo que decían, simplemente lo largaban y ya, porque son sinceros y directos.
Cristiano paró el auto y soltó un largo suspiro, lo miré y mordí con fuerza exagerada mi labio, a tal punto que se hinchó en cuestión de segundos. Tomó mi mano y sonrió, sus manos estaban templadas y suaves, algo en mi se estremeció completamente y me relajé, sonreí y besé su mano.
"Eres fantástica Samira, ni mi madre ni ninguna otra persona en este maldito planeta puede hacerte pensar lo contrario. Eres hermosa pequeña, auténtica, especial y perfecta, por todo eso y mucho más te amo y eres todo para mí. Entrarás a ese restaurante y brillaras con luz propia, juro que nadie te pasará a llevar" besó mi frente y sonrió. Pude jurar, en ése momento, que ya nada me faltaba, completamente llena del amor de la persona que amaba, feliz y por sobre todo segura, sin temor a lo que pasaría allí.
Me bajé del auto y miré con decisión el restaurante.
[tú puedes Samira, tú puedes pequeña]
Abrí las puertas con fuerza desmedida mientras Cris tomaba mi mano y se ruborizaba a la par mía, me hundí en una profunda vergüenza.
"Tu entrada glamorosa acaba de ser opacada por tu inminente vergüenza y tu cara roja, beba" Cristiano soltó unas leves risitas frente a la mirada expectante de los jugadores, dirigentes y sus familias. "He llegado, gente" Cristiano subió los brazos y todos aplaudieron mientras reían.
"¡Ayyy mi hijoo! Que grande y guapo que estás bebé" Una mujer de unos 63 años, altura media, cabello castaño, sonrisa grande, tan grande como la del gato de Alicia y con un vestido negro largo corrió donde mi Cris y lo abrazó con fuerza, tanta fuerza que me empujó y caí de espalda al suelo.
"Mamá, mamá botaste a Sami" Cristiano rió levemente mientras se separaba y me tomaba de la cintura para ayudar a levantarme.
"Hola, ¿como está?" sonreí mientras arreglaba mi vestido y me acercaba a ella.
"No, fuera" se alejó bruscamente y me miró con recelo "¡Fuera! no te quiero aquí, arpía, falsa, mimada y zorra" me apuntó, formando un escándalo, un flash, otro flash, cámaras y más cámaras.
"Mamá, no la trate así" Cristiano subió su tono de voz.
"Guarda silencio tú Cristiano" gritó. "Saquen a esta zorra de aquí o no me cansaré hasta que se vaya por su cuenta" me seguía apuntando, y pude jurar que el mundo se paraba por un instante mientras los flash llovían por el silencioso y expectante salón "Saquenla y llevenla a su lugar, donde pueda prostituirse en paz".
"¡Mamá ya basta!" Cristiano tiró algo al suelo que hizo saltar de la impresión a más de alguno, incluyendo a María y a mí, haciéndome salir del estado de shock en que me encontraba.
Siempre lo dije, familia de Cristiano y yo era igual a problemas.
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Maltratada (Cristiano Ronaldo)
FanfictionAún tienes la oportunidad de cambiar tu vida, sólo, vete. Déjalo aunque duela, aunque lo ames, déjalo.