Se acercó a Raven con una bolsa llena de comida chatarra; esa era la forma de agradecerle por sus servicios. Ahora el eufórico Red Hood también era dueño y señor de los suburbios del este...
–Gracias. Pero no tengo hambre.
– Si sigues sin comer acabarás desapareciendo.
– Quizás eso fuese lo mejor...
–¿Cuales son tus motivos?
– ...
–No entiendo como es que prefieres morir para salvar a ese canalla... Podríamos formar un buen equipo.
–...
–No es que me importe pero es un desperdicio...
–...
–Me estas hartando. ¿No vas a contestar?
–He pasado la vida reprimiendo mis instintos, mis emociones, mi poder... Y cuando por fin encuentro algo bueno, el mal que hay en mí, utiliza nuestro vínculo y lo vuelve poco a poco un asesino, el cual tengo que matar para que no destruya el mundo. Soy una aberración y no merezco vivir, porque no podré nunca tener una vida plena... Acabaré destruyendo todo lo que me importa... Y no sé que hacer. No sé ni siquiera como puedo respirar... No puedo mas...
–Si yo te contará... Pero la vida es así. Vendrán situaciones que te hundirán pero en algún momento tendrás que levantarte y seguir luchando. No hay nada perdido aun, ni siquiera la muerte... Y creeme cuando te digo que de eso yo entiendo un rato.
–Gracias Jason.
–¿Como lo sabes bruja?
–¿Tengo que decirte?
–No... Bueno pues ya no tiene caso llevar esto...
–Estas mas guapo así.
– Lo sé nena, solo me pongo la máscara para evitar que las niñas como tú se lancen a mis brazos...
–Tonto.
– Guapa.
–Idiota.
–Follable.
–¿Se supone que eso es un cumplido?
–Ese es el mayor cumplido que puedo regalar a una mujer.
–Das asco.
–Tú también... ¿Comemos?
–Sí, no quiero desaparecer aún.
Comieron juntos sobre un sofá viejo, húmedo y mohoso en medio de una sala llena de muebles, electrodomésticos, coches... Ese era el hogar de Jason Todd, y por el momento también el de Raven.
