Pero, que ven mis ojos ¿Quien eres?
Soy Sujata, buen señor y voy a ayudarle, una mujer con el mismo nombre de la que un día sería mi amada; dándome la mano, se dirige a mí.
-.Un hombre sabio del pueblo, me dijo que me dirigiese hacia el río, que allí, encontraría un santo y heme aquí, tiene que ser usted ese santo.
Yo no sabía de aquello que hablaba la mujer, pero igualmente me encontraba desorientado, bien mi mente podría estarme jugando una mala pasada. Hacia casi quince años que no escuchaba de aquel nombre, de repente, los recuerdos volvieron a mi como un torbellino, la primera vez que vi a Sujata, el día del establo, su desaparición.
La mujer me incorporó y vertió un poco de agua entre mis rasgados labios, me brindo un poco de arroz con lentejas que saco de una pequeña cesta que traía consigo; las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas, y ella con delicadeza y muy dulcemente me levanto, entonces yo me desvanecí.
Esta Sujata me llevo al lugar donde vivía y allí, cuido y alimento mi desahuciado cuerpo durante tres meses, mientras mi conciencia iba y venía como péndulo oscilante entre la vida y la muerte y así estuve hasta recuperarme.
Llego la mañana y con los primeros rayos del Sol sentí el calor sobre mi piel y mis párpados pesados se abrieron a un sol que lo alumbraba todo. Esa mañana, me despedí de aquella bondadosa mujer que me ayudo y continúe mi camino y decidí ser como las nubes, aprendí a dejarme ir, sin dirigirme a parte alguna... Ser agua... Ser aire... Ser.
Tantos años han pasado desde que me aleje de palacio con aquella sed de conocimiento, para hoy afirmar, que me encuentro muy lejos de aquel monje que había estado dispuesto a morir por Dios. He dejado de ser un fanático, pero ya no tengo nada con que reemplazarlo, se que he fallado pero no estoy sufriendo, esto me da más fuerzas aun. no se en que momento de mi camino deje de sufrir, el sufrimiento era algo que le pasaba a alguien, a una persona, pero yo, yo me convertí en una no persona, y una no persona no necesita meditar, vivir es su meditación.
Levante mi cabeza y vi la luna en lo alto, veneré a la luminaria y fui uno con ella; nunca había visto la noche tan clara como hasta ahora. Camine entre la espesura del bosque y de entre uno de los claros sentí nuevamente aquella presencia antigua y tenebrosa, era Mara.
... ¿Qué quieres?...
Mara salió de entre los árboles
_ Vine a enseñarte, fue una promesa que te hice en la juventud, pero en ese entonces me juzgaste mal como todos. Ahora que ya has visto parte de lo que es la vida, se te ve más sabio.
-. ¿Más sabio, cómo para tener a un demonio por maestro?
La verdad le miro y no siento nada hacia el, ni aversión, ni temor, he superado el horror. Le miro fijamente y le veo y el me ve.
-. Así que dime Mara rápidamente, pues me gustaría seguir mi camino ¿para qué has venido?
-. Sigues juzgandome mal. Dijo Mara con una voz engatusadora. Conozco los secretos del universo, no se me puede ocultar ningún conocimiento, pues es mi función inspeccionar las grietas de todas las Almas. Compartiré todo lo que sé contigo.
- ¡No! Respondí.
El me mira y sonríe de manera macabra.
_ .Voy a hacer como si no hubiese escuchado eso, desde que te conozco has deseado el conocimiento, lo vi en tus ojos la primera vez que te vi.
Vuelven a mi aquellas imágenes del hombre al cual disparé en el pasado en aquel torneo, y murió por una de mis flechas ante la mirada sonriente de Mara.
_¿Por qué me habrías de dar la espalda ahora? soy más grande que aquellos monjes, yoguis y Brahmanes que has conocido... Entonces, mire sus ojos fijamente, vi el oscuro abismo que los habitaba y respondí con la más profunda honestidad, con la única respuesta sincera que en ese momento mi Espíritu tenía.
_ Mara, el que quería saberlo todo ya no existe, ya no tengo nada que preguntar.
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Yo, Siddharta Gautama Buda
KerohanianLa vida y el pensamiento de uno de los hombres más espirituales y trascendentales de la historia.
