No Cierres La Puerta (2/2)

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Luego de un breve recorrido por la plaza Ludwig quería explorar un poco más aquel chico que parecía muy ansioso de ser leído al igual que Feliciano quería derribar aquella puerta aparentemente irrompible:

– ¿Dices que tienes un hermano?

– Si, se llama Lovino el es dueño de un restaurante en Sevilla España, antes estaba en Roma pero se mudo por su novio

– Vaya y dime ¿Trabajas en algo fijo?

– Dije que estudie artes asi que soy maestro privado y en una escuela en Milán pero ahora mismo decidí darme un respiro

– Es cierto nunca te pregunté ¿Que te trajo a Berlín?

De repente algo se apago, algo pareció haberle congelado por unos segundos y era obvio que algo no debió haber preguntado, Feliciano miro a la nada pero su sonrisa regresó para mirarle:

– Alemania es fría, hace tiempo mire mi cuadros y todos se miraban coloridos, llenos de vida... ¿pero no es algo insensible?

– ¿En que aspecto?

– Que los colores solo muestran las emociones alegres pero en la vida también hay grises, negros y dolor

– ¿Alemania es triste para ti?

– ¡Ah! ¡lo siento! ¡no quería ofenderte!

No se sentía ofendido... Se sentía comprendido, Alemania era un país que normalmente pasaba fríos y desde que era niño se preguntaba porque no había días más soleados, los días grises y monótonos lo hicieron triste hasta su adolescencia pero se resignó a vivir en el gris ambiente que le cobijaba día y noche, tomo a Feliciano de los hombros y le hizo mirarle:

– ¿Sabes? Yo siento lo mismo...melancólica, el gris es parte del ambiente

– Ludwig...

– Asi que ¿Querias despejar la mente?

– Algo así, Berlín tiene una historia que me gustaría escuchar

– Bueno si me permites...yo sere tu guía

– Sería un gusto

Fueron caminando un poco más, Ludwig le contó parte de sus aficiones; el ejercicio, el ser un avido lector y algo adicto a la limpieza que Feliciano recalcó que el no era muy ordenado por su oficio, anhelaba tener perros pero que el trabajo y el poco tiempo que tenía le impedían hacerse con uno ademas de ese hobby secreto de la repostería, ambos subieron a la motocicleta para ir a los lugares asignados y esta vez Ludwig no le molestó el que se agarra de su cintura. El aire en su rostro le agradaba a Felicano mientras que al rubio le hacia cosquillas el estómago el hecho de que el italiano se aferrara a su cuerpo.

Pasaron por los sitios turísticos más visitados, Feliciano disfrutaba en su mayoría la arquitectura del sitio además de la ya famosa historia del muro sin embargo ir del brazo de Ludwig era un agasajo a la vista, ambos sintieron el vacío de sus estómagos y sin un minuto que peder fueron a un modesto puesto de comida donde ofrecían el tradicional Wurts, era la primera vez que Feliciano la probaría asi que no se contuvo al devorar aquel bocado:

– ¿Que te parece?

– ¡Me encanta! Quisiera saber la receta

– Si gustas...podria enseñartela un día

– ¡Me encantaría! Berlín es lo mejor

El resto del recorrido fue más ameno, Ludwig le llevó un poco más lejos de la ciudad se sentía algo nervioso pero al tratarse de Ludwig, Feliciano solo se dejo llevar por el paisaje que paso de urbano a uno campestre y no paso mucho para que ambos llegasen a la pradera, Ludwig le guio hasta el pasto y ambos se rescostaron mirando el cielo contemplando los tintes de naranja mezclados con azul pues el atardecer estaba en su punto maximo, Feliciano estaba a unos escasos centímetros de su lado pero por su mirada parecía estar más distante, casi perdido y lejos de su alcanze, Feliciano percibió la mirada ajena y le ofreció atención completa, se sonrojo al instante ¿que le estaba ocurriendo? Algo mágico pareció haberles rodeado y era la misma atmósfera que les rodeo el día que se vieron la primera vez

Nuestros Días [HETALIA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora