Zeke
Caminábamos y caminábamos, Leah no se detenía por ningún motivo, habían pasado unas tres horas de sólo caminar en silencio, escuchando a lo lejos algunas explosiones que hacían temblar la tierra que nos rodeaba. Yo sentía que ya llevábamos más de una maldita vida allí, mi estómago se retorcía de vez en cuando rogándome parar y tomar un poco de las medicinas de Mara, pero tendría que esperar hasta que llegáramos a la dichosa casa del árbol, donde estaría mi equipaje y con el los medicamentos que me drogarían toda la semana para sobrevivir y soportar la tortura de estar con Leah en su estilo de vida habitual: la maldita bipolaridad. Suspire para mis adentros.
Me detuve a tiempo para evitar chocar con Leah, mire por encima de su hombro, en frente de ella estaba lo que parecía una tapa de alcantarillado , pero no tenía sentido alguno porque ya estábamos dentro de el.
- Esa no es la entrada a la casa del árbol ¿verdad? – la incredulidad manchaba mi rostro.
- Sí ¿Por qué?- se giro para mirarme directo a los ojos, con los brazos en jarras.
- Es que... no crees que es algo, no sé, ¿inseguro?- ella soltó un bufido.
- Ábrela.- se hizo a un lado mientras me miraba con suspicacia. Levante una ceja y di dos pasos al frente. Mire la tapa un poco inseguro y luego me agache para quitarla. Al jalarla note de inmediato que nunca la abriría de esa manera, parecía que en vez de levantarse del suelo se comprimía aún más. Di un paso atrás con el ceño fruncido, llene mis pulmones de aire y deje fluir mi herencia sobre la tapa, esta emitió un chirrido y después una explosión llego directo a mi cara, mis dientes chocaron unos con otros. Caí unos metros más lejos, mi cuerpo volvía a las sacudidas sin sentido de la mañana.
- ¡Mierda! ¡ZEKE! ¡ZEKE! ¿estás bien? – la voz de Leah sonaba paranoica, el polvo no me dejaba verla y las sacudidas me impedían hablar, con todos mis esfuerzos abrí la boca.
- ¡ESTÁS DEMENTE! ¡Puta mierda!– gruñí lo más fuerte que pude. Sentí los brazos delgados de Leah rodeándome y levantándome del suelo. El polvo se apelmazaba poco a poco, dejándome ver su cabello sucio. Su abrazo era fuerte, sentí su herencia llegando a mi cuerpo, sanando mis heridas lentamente. Las convulsiones cesaron y me permití relajarme en su abrazo.
- Perdón...- susurro con voz quebrada. – No pensé que fueras tan fuerte – sollozo – No...no pensé en nada, ¡estaba molesta y no pensé!- se reprocho y soltó en llanto.
- Perdóname a mi también- su cabello cubría todo su rostro y sus sollozos iban en aumento, se detuvo al escucharme- No debí gritarte ni obligarte a nada.- aparte su cabello de su cara.
- Casi te mato Zeke.- susurro casi inaudible.- tu cuerpo estaba a un centímetro de la muerte- sus ojos se llenaron de lagrimas de nuevo.
- Basta.- dije levantándome, me sentía pesado, mareado y algo oxidado, no necesitaba que me recordarán lo cagada que estaba mi situación.- Tomémoslo como que hoy no ha sido mi mejor día y ya.- le ofrecí mi mano para ayudarla a levantarse, ella la tomo sin mirarme a los ojos aunque no ejerció ningún apoyo en mi. – Ahora, abre la puerta.- finalice sacudiéndome la tierra de las piernas.
Ella puso su mano sobre la tapa y esta se deslizo fácilmente. Dejando a la vista otra compuerta. ¡Era putas en serio! Estaba a punto de decir algo cuando una nueva oleada de dolor me inundo. Mis piernas temblaron, Leah se apresuro a usar su herencia en mi.
- N-No puedo curarte por completo, no sé... tenemos que llamar a Mara y a Aarón.
- ¡No!- me apresure a decir.- Es decir, tranquila. Sólo necesito dormir un poco y estaré bien.-la apresuré a abrir la siguiente puerta; sus labios, una línea apretada.
- De acuerdo, pero si tienes una recaída iremos con Mara.- abrió la siguiente compuerta.
- Bien.-
Entrar en aquél hoyo que suponía la entrada a la casa del árbol era una completa locura, la gravedad parecía jugar con nosotros...¿o conmigo? en tramos me hacía sentir pesado y luego me sentía flotar cuál pluma. Después de unos segundos de una confusa caminata llegamos a otra puerta aunque está era un tanto más normal con un lector de huellas, hecha con material de alta seguridad, para mi sorpresa Leah se agacho para quitar un tanto de tierra y dejar al descubierto otro lector. Puso sus huellas y luego unas tantas contraseñas y la puerta se deslizo hacia arriba.
- Si llegas a tocar el lector de huellas de la puerta, quedas frito. Literalmente.- explicó Leah con autoridad aunque sus ojos no dejaban de mirarme con preocupación. Detrás de la puerta había poco más que lo mismo, tierra y polvo, polvo y tierra. Caminamos un poco más hasta llegar a un muro. Leah lo disolvió rápidamente a ambos pasamos.
En ese instante entendí por qué le llamaban casa del árbol, no era porque estuviera en la copa de un árbol sino porque estaba debajo de uno y sus raíces adornaban todo el lugar. Aunque quede algo decepcionado por el tamaño ya que sólo había espacio para una sala.
Un millón de preguntas me asaltaron la mente. Las cuáles Leah contestó con un solo movimiento de su mano. La tierra a nuestro alrededor se disipaba dejando ver habitaciones en todas direcciones. Leah caminó hacia una del lado izquierdo.
- Esta es tu habitación, en frente está tu baño, al fondo del pasillo está la cocina. Si necesitas algo mi cuarto es una puerta antes de la cocina y ummm...bueno lo demás puede esperar.- mi boca seguía abierta de asombro, este lugar es malditamente gigantesco.
- Tu equipaje está por allá en la sala.- finalizó Leah, al escuchar esas palabras mi mente se centró de nuevo. Equipaje. Medicina. Salvación.
- Este lugar es asombroso, Leah.- dije tomando mis maletas y el morral de Mara.
- Gracias.- sonrío levemente y después me miró seriamente.- ¿Zeke, estás seguro de que no quieres que llame a Mara? Aarón puede...
- No, estoy perfectamente, Leah.- su ceño fruncido me decía que no me libraría tan fácil de ella.
- Debemos llamar a Aarón, ahora que llegamos.- dije cambiando de tema, saque mi celular y mande un mensaje rápido de que habíamos llegado, Leah me imitó mientras tomaba sus cosas del sillón.
- Voy a...- empecé a decir, pero ninguna excusa se me vino a la cabeza, señale mi habitación.- A dormir un poco, estoy molido.- Leah asintió sin dejar de mirarme con preocupación.
Camine lo más rápido que pude hasta la habitación. Al llegar me percate de que no había una puerta que cerrar con seguro, sino solamente la tierra que descansaba tranquilamente en el suelo. Suspire tristemente y creé una puerta de metal, mejor dicho, un muro de metal. Me dejé caer en la cama junto con todas mis cosas, enseguida abrí el morral con manos ansiosas, venían unas instrucciones escritas delicadamente a mano, la deje a un lado y seguí sacando frascos y botellas. Tomé de las primeras botellas que vi y después algunas pastillas en frascos con etiquetas aun frescas de tinta. Mi festín fue interrumpido por una llamada. Maldije por lo bajo y conteste. Era Aarón.
- ¿Zeke, cómo va todo por allá?- su holograma apareció a unos cuántos centímetros.
- Todo bien, señor.- Aarón encendió un puro y le dio una calada.
- Parece que hoy es un día bastante bueno y productivo ¿O no muchacho?- apreté la mandíbula. Yo no diría eso. Él soltó una carcajada.
- ¿Pero qué no has escuchado las noticias?- preguntó divertido- ¡He de ser tonto, lo olvidaba! ¡Estas bajo tierra! Bueno, bueno, te daré una idea. Los noticieros han dicho que ¡se ha desatado una nueva guerra!- otra carcajada- ¡Desate una maldita guerra!¿Y sabes que es lo mejor? Que esta vez ganaremos y pondremos a esos corrientes en su lugar.- dio otra calada a su puro, su rostro todo satisfacción se desvaneció poco a poco al no ver reacción en mi. - ¿Qué?
- Nada señor, es sólo que- trague saliva- recuerda lo que decían los comandantes en las primeras batallas...eso de que ganaríamos en cuestión de meses y...
- Eso fue diferente, no había ningún soldado preparado y los comandantes ni se diga. Además esta vez TODOS están luchando.- su puro bailaba en sus dedos mientras hablaba.
- No todos...- mire un segundo al suelo. El rostro de Aarón se mostro hostil.
- Tú estas luchando manteniendo a Leah fuera de esto.
- ¿Y por qué no quiere que luche Leah? ¿está seguro de que terminará esta guerra en una semana? Algo que no se pudo detener en años y usted..
- ZEKE. Recuerda que estás en mi territorio y no olvides que tú eres mi subordinado.- sus mandíbulas estaban apretadas y pude notar que sus mejillas estaban algo coloridas. No pude evitar soltar una carcajada. ¿su territorio?
- De acuerdo señor, pero recuerde quién soy yo y no olvide las circunstancias por las que nos conocimos.- sus ojos se ensancharon por un segundo para después regresar a su cara de poker.
- Lo tendré muy en cuenta cuando encuentre a los niños.- dijo con una pequeña sonrisa y después desconecto.
Sus palabras me cayeron como un balde de agua. Los niños...
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Arcans
Ciencia FicciónEl mundo que conocíamos desapareció y fue sustituido por uno en el que la unidad y la fraternidad sólo eran palabras escupidas en terribles discursos de guerra, la violencia era fomentada en cada momento que se podía, la confianza se había quedado a...
