Welcome, darling

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Tres días después, Lois cargaba al pequeño bebe contra su pecho, meciéndolo de un lado a otro, intentando apagar, en vano, el continuo llanto del niño. Clark observaba todo, acostado sobre la cama de hospital, aparentemente dormido.

El llanto ceso finalmente. Clark intentó parecer lo más relajado posible mientras Lois se acercaba, dejaba al bebé en la cunita frente suyo y luego se volvía hacia él para acariciarle la frente y dejar allí mismo un dulce beso.

— Por favor, Clark. — Sabía perfectamente lo que quería decir, pero simplemente... no podía.

Cuando ella salió de la habitación, Clark se levantó, avanzando unos cuantos pasos hasta situarse frente al moisés azul celeste donde el pequeño bebé dormitaba. Clark observo el desordenado cabello negro ondulado, obvia herencia suya, al igual que la piel blanca, y recordando momentos antes, mientras el pequeño lloraba sobre el pecho de Lois, mirándolo todo el tiempo por sobre el hombro de ella, como si supiera quien era él, sus ojos eran de un tono de azul un par de tonos más oscuros que los suyos, celestes, no llegando a ser azul oscuro ni claro.

Mirándolo por donde lo miraba, él parecía una fiel copia suya. Cuando su madre lo había visitado aquella mañana, había quedado muy impresionada; el bebé era como ver a su propio hijo aquel día de un dieciocho de junio hacía tantos años ya, cuando luego de una lluvia de meteoritos, Smallville fue incomunicada durante meses debido a la extraña nevada que duraría meses. Ella lloró, y lo cargó felizmente, diciendo lo orgulloso que hubiese estado Jonathan. Sin embargo, en el momento en que ella intentó pasarle al niño, y notando la reticencia de Clark, el ambiente se había viciado debido a la tensión. Lois había actuado entonces, tomando al niño en brazos y hablando rápidamente.

— Clark tiene cierto choque emocional debido a que durante los últimos meses de gestación perdió sus poderes; al parecer los está recuperando poco a poco y teme no controlar bien su fuerza — Martha asintió, no del todo convencida.

— Fue duro para ti, cariño — Ella le acarició el cabello y le dedico una mirada que Clark no supo clasificar.

Ahora, viendo a su hijo en profundamente dormido, Clark no pudo evitar sentirse culpable; era una persona horrible. Ese niño lo necesitaba y él no era capaz ni de suplir sus necesidades más básicas. Sus padres lo habían criado con cariño, amor infinito y mucha paciencia, aún sin ser su sangre. Mientras él dejaba de lado a algo que se había formado durante largos nueve meses en su interior, algo que él había visto crecer y desarrollarse, sintiendo sus movimientos y su peso. Su calidez dentro suyo.

Alargó la mano hasta tocar un mechón de cabello que caía sobre la frentecita, y como si el tacto quemara, se apartó rápidamente, dando incluso un paso atrás. No era fácil. Cuando Clark conoció a Lex, él también lucia como un buen chico, alguien que jamás le haría daño. Era algo egocéntrico, estaba obsesionado con la vida extraterrestre y a veces su forma de proceder dejaban dudas latentes en él, pero nunca lo había considerado un peligro real. Que equivocado había estado. Su padre se lo había advertido, sus amigos también.

Incluso ahora, Clark se pregunta si pudo haber hecho algo más para evitar que Lex terminase siendo lo que ahora era.

Por eso no podía acercarse a su propio hijo sin restricciones. ¿Y si se volvía igual que Lex? ¿Y si esta vez el nuevamente no podía hacer algo al respecto? Solo ver como su hijo se convertía en un monstruo más. No podía. Caminó en círculos y frotó las palmas contra su rostro. Era su hijo, pero también lo era de Lex, ¿Qué le aseguraba que no pasaría? La puerta se abrió en un sonoro portazo y Clark dio un pequeño salto en su lugar: frente a él, Lois lo miraba con la furia bullendo a través de sus preciosos ojos violetas.

— En suficiente de esto, Clark. — Ella se acercó a la cura, donde el recién nacido permanecía rígidamente quieto, con sus grandes ojos mirando fijamente hacia arriba, esperando. No hizo ruido cuando Lois lo tomó. Era un niño listo. — Tómalo —Comandó, y Clark se sintió ligeramente herido ante el uso de esa voz alfa y su unión. Se movió pesadamente hasta estar frente a ella, extendiendo los brazos, donde ella dejo el pequeño bulto que apenas representaba un peso entre ellos.

After allDonde viven las historias. Descúbrelo ahora