Kara Danvers tiene una vida perfecta. Buen empleo en una empresa. El novio ideal. La familia mejor del mundo. Profesional incansable. Es una chica feliz, alegre e ingenua. Sus padres la educaron para ser una señorita de bien y le mostraron un mundo...
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En los siguientes días fue germinando en mi interior la idea de fugarme. No quería someterme a su voluntad y jamás dispondría de la presunción de inocencia. Por eso era primordia investigar mi crimen, para que todos se retractaran de sus juicios. En especial, Lena. Curiosamente me afectaba mucho su apreciación respeto a mí. La cual desapareció unos días.
Sam se convirtió en mi instructora. Su estilo era seductor y provocativo. Me seguía evocando a mi primer amor. Solía retarme para que le siguiera en sus travesuras. Las dos familias veraneaban en un pueblecito muy rural. Jugar por aquel entorno silvestre era un autentico manjar para nosotras, acostumbradas a entornos cerrados y programados. Corríamos libremente por sus bosques, por sus calles y nos colábamos en los huertos de nuestros vecinos para robarles frutas de temporada, o por el placer de estar haciendo algo prohibido.
Mis padres se enfadaban conmigo y empezaron a ver con malos ojos que me relacionara tanto con ella. No consiguieron separarnos. Me encantaba estar a su lado y nos entendíamos sólo con mirarnos. Teníamos algo en común, las dos éramos hijas adoptadas. Aunque, en mi caso era feliz. Mientras por ella, solía quejarse de los estrictos que eran sus padres. Probablemente, que fuera una niña atípica, inquieta, de aspecto poco femenino y con comportamientos de niño provocaba su rechazo. Siempre se espera que uno se comporte acorde con su sexo biológico. De hecho, desde pequeños los estereotipos hablan y nos clasifican. No faltaran los vestiditos rosas para las chicas y la ropa azul para los chicos. Parece que así están más monos los bebes.
En cierta forma Sam Arias, fue una chica desadaptada e incomprendida. Le perdí el rastro cuando se mudaron de ciudad. Siempre he ignorado lo que ocurrió entre nuestras familias. No volví a preguntárselo, porque estaba encantada de haber dejado atrás su vida apetecible y convencional.
Al segundo día con ella, nos dirigimos al gimnasio y pretendió realizar un combate. Me negué. Empezó a reírse de mí. Me descoloco. Se me aproximo en plan tigresa. Me manoseo los pechos, de forma grotesca y sin poco taco. Descendió hacia mis partes íntimas y trato de meterme los dentro. Me sentí tan violentada que le agarre el brazo fuerte y se lo retorcí. A la vez que le clavaba mi rodilla derecha a su centro de placer. No se quejo. Al contrario, esgrimo un movimiento típico de carate y termine besando el suelo.
- Enhorabuena Kara. Aunque, ahora te quedes quieta te convertiría en presa fácil. Otro recurso, es tener mucha velocidad para huir.-Me felicito, a la vez que me ayudo a incorporarme.- Una mujer debe de saber defenderse, para evitar ser agredida sexualmente. La lección de hoy, se debe de recorrer a la violencia si no hay otra opción y sea necesaria para preservar la integridad física.
Fui incapaz de replicarle como solía hacerlo con la agente Luthor. Su estilo me atraía. Pero no estaba dispuesta a que me sedujera mi nuevo oficio. Claro, también era cuestión de perspectivas. Descarte mis dudas. Debía de huir lo más pronto posible.
- Las mujeres podemos disponer de otras armas, como nuestros encantos femeninos. Los hombres nos suelen infravalorar. Y se les hace difícil controlar sus pulsaciones sexuales. Se confían y podemos atacarles.- Se me acerco de nuevo, me levanto el mentón y me rodeo. Su mirada no disimulo su lascivia.- Eres muy guapa, tienes potencial por ser una femme fatal.