Capítulo 14: VERITASERUM

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"¿Era amor? Pues no, no era amor; si se está proscrito y desposeído de todo, una pequeña parcela de mujer, que se acaba de descubrir, que se ha abrazado entre charcos de cerveza, pasa a ser todo nuestro universo, sin intervención alguna del amor".

-"LOS TESTAMENTOS TRAICIONADOS"- Milan Kundera.

Al despertar esa mañana, el gesto de atraerla hasta su cuerpo fue involuntario. Tres días habían pasado desde la primera noche y aunque no habían vuelto a mencionar entre ellos nada referente a la muerte de Theodore Nott, Hermione le mantenía al tanto de la silenciosa tristeza de Luna y de los inútiles intentos que hacía Dean Thomas por consolarla.

En opinión de Draco, Thomas debía ser muy estúpido si no veía lo inoportunas que eran sus atenciones en ese instante, pero Hermione insistía en que aquello le haría bien a Lovegood, aunque ni ella misma lograba explicar el cómo.

Por otro lado, era patente el constante nerviosismo de Lupin, que se había tornado más huraño que de costumbre, y más desconfiado también, al extremo que no daba noticias de los avances de la Orden, ni dejaba tampoco darlas a nadie, en presencia de algún Weasley.

Y finalmente, estaba el imbécil de Potter y sus torpes intentos por mejorar su Oclumencia, en la que el día anterior apenas había mostrado un tibio avance. No era el temor a que el cararajada escudriñara en sus recuerdos lo que le molestaba- él era suficientemente bueno y Potter suficientemente malo como para que eso no ocurriera- sino las desagradable sensación de que Potter ocultaba algo con demasiado empeño, algo que Draco no sabía si en verdad quería adivinar. Pero, no podía ser algo que él hubiese hecho, ¿verdad? No cuando había sido el mismo "Elegido" quien lo había defendido ante la Orden para conseguir cambiar su encarcelamiento en Azkaban por una reclusión junto a ellos, lo cual, aunque seguía siendo una especie de cárcel para él- tenía ventajas que él había aprendido a apreciar. Granger era una de ellas.

La joven se removió entre sus brazos en ese instante, girándose hasta quedar de frente, aunque aún abrazada a él, mientras abría sus ojos y desplegaba aquella sonrisa matutina que hacía a Draco estremecer ante la novedad del sentimiento que esa sola imagen generaba.

- Buenos días...- murmuró ella con la voz aún denotando la sequedad de su boca por la mañana. Pero Draco no respondió. En lugar de eso, se apresuró en besarla, para no dar tiempo a diálogos incómodos. Si algo había aprendido en aquellos tres días, o quizá desde mucho antes, era que las conversaciones con Hermione Granger solían llevar a un terreno fatigoso donde de uno u otro modo se veía enfrentado a responder la misma pregunta: "¿Qué es lo que sientes por mí?"

Sabía que cubriéndola de besos, no dejando tiempo para nada más, evitaba que ella lograra plantear lo que él no quería tener que responder, y es que era mucho más cómodo no tener una respuesta.

-HP-

Una hora más tarde, Hermione retomaba el ritmo de su respiración, mientras contaba los rápidos latidos con que el corazón de Malfoy golpeaba en su oído. Tantas veces había terminado con la oreja apoyada en su pecho de aquel modo, que ya creía haber descubierto un patrón que hacía aquellos latidos reconocibles para ella siempre. De poco le servía saber que todos los corazones latían más o menos al mismo ritmo, pues el amor daba a aquellos detalles la virtud de la unicidad, haciendo que cada gesto, olor o ruido, pareciera en el ser amado una característica distintiva, aunque no se tratara más que de un rasgo común.

"El ser amado", repitió para si, ya sin estremecerse, pues aquel pensamiento no era nuevo. En los últimos tres días había aprendido a aceptar la enormidad de aquel pensamiento, junto con todo lo que aquella verdad implicaba: amaba a Malfoy, fuera esto lo ideal o no. Después de todo, ¿desde cuándo el amor buscaba conveniencias? Y en su caso particular, ni aún se había considerado el pequeño detalle de ser correspondido.

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