Oh Sehun desapareció del mapa, nadie sabía dónde se encontraba, dejó todo acomodado para su desaparición.
Dejando todas sus propiedades y bienes a solo aquellos que amó.
Los amores de su vida.
Kim Junmyeon y sus hijos
Ahora Suho tendrá que ir a la...
Después de largas horas jugando todo tipo de juegos, riendo estruendosamente junto a los pequeños, congeniando completamente con el niño de siete años. Se sentía mucho mejor que antes, ver que la hostilidad que antes le había mostrado desaparecía, dando lugar a una sonrisa blanca, risueña. Comenzaba a adorar a ese niño.
Cuando ya todos estaban agotados decidió mandar a los niños a la cama, tendiendo la cama de JongIn y con la ayuda de los niños a limpiar todo el desastre que habían dejado. Tomó a JongIn en brazos, pues el niño se quedó dormido en el suelo mientras el terminaba de colocar la colcha. Lo arropó y no pudo resistirse a darle un beso de buenas noches mientras acomodaba su cabello chocolate y sedoso. El niño dormido era un auténtico angelito. Lo observó unos instantes con detenimiento, sus facciones relajadas y serenas eran casi etéreas y adorables, sus abultados labios en un muy tierno puchero que hacía entre sueños, sus pestañas largas acariciaban sus mejillas ligeramente, su pecho subía y bajaba en un relajado movimiento de respiración, con cariño tomó uno de las peluches y lo puso suavemente entre los brazos del niño moreno para que descansara mejor.
Tomó a Kyungsoo en sus brazos para después acostarlo en la habitación que le habían dicho, era bastante parecida a la que él tenía. Acomodando a su hijo le dio un beso de buenas noches y se fue a su cuarto. Estaba agotado, física y mentalmente. Demasiados acontecimientos para un solo día, su cabeza estallaría en cualquier momento. Acostándose en la cómoda cama entro casi de inmediato al mundo de los sueños.
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Despertó por un leve toque en su brazo, desorientado miró hacia donde provenía la mano, viendo a JongIn delante de él, con una almohada sostenida con su brazo y un oso de peluche que habia puesto cuando lo arropó en la otra.
— ¿me dejarías dormir contigo? tuve una pesadilla y mi papá no está. Baek tiene la puerta cerrada.— habló con voz queda, casi en un susurro. Sus ojitos suplicaban cual cachorro y no tuvo corazón para negarse.
—Claro que si cariño— respondió con dulzura.
El niño con una enorme sonrisa se subió con cuidado a su cama, metiéndose debajo de las sabanas con cuidado y acurrucándose a su costado. Abrazando fuertemente a su oso se quedó dormido casi al instante, su respiración volviéndose lenta y acompasada. Se quedó mirando al niño unos instantes más, poniéndose de lado para observarlo mejor, apoyando su cabeza con su mano para mayor comodidad. Amó su risa, ver como trataba a Kyungsoo con delicadeza, cuidándolo de que no se cayera y prestando atención a todo lo que el menor le decía. Su actitud era muy madura, a pesar de ser solo un niño de siete años.
Lo cuidaría con su alma.
A pesar de que el niño fuera la razón de su separación, no podía odiarlo, en el simple hecho de pensar odiar a alguien con los ojos dulces y amables que posee el niño era impensable. Inimaginable. Con ese pensamiento pasó los brazos sobre el pequeño cuerpo a su costado y lo atrajo hacia él como un gesto maternal y se quedó dormido.