❥|La Carta|

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Antes que Yixing se fuera le dejó la carta que Sehun le había dejado.

Oh Sehun 
6/abril/13

Sinceramente no sé a quién me dirijo, solo dejaré esta carta por cualquier razón que me suceda y exista cualquier duda acerca de mi testamento.

Le fue inevitable no comenzar a llorar al reconocer la letra cursiva y hermosa que tenía Sehun. Un dolor agudo se instaló en su pecho, sabía que no había dejado de amar a Sehun aunque lo había intentado desesperadamente. Continúo leyendo la carta.

Espero que estés leyendo esta carta amor mío, espero desesperadamente que sea así, si estás leyendo esto es porque no pude continuar, que mis fuerzas se terminaron. Yo Oh Sehun declaro a Kim Junmyeon y a mis adorados hijos  como legítimos dueños de todo lo que poseo.

Mi abogado y fiel consejero Zhang Yixing se hará cargo de cualquier desperfecto.En la Hacienda Kyungsoo dejare múltiples objetos de valor para mis hijos, dándoles completa libertad acerca de qué hacer con ellos. A Kim Junmyeon como dueño de todo lo que poseo hasta el último día de su vida. Mi legado será dado a ti mi amor.

Sin más que añadir. 

Sehun.

Al reverso de la hoja encontró lo que lo hizo estallar en llanto. Un llanto duro y desgarrador que sacaba todo el dolor que lo aqueja, era terriblemente doloroso escuchar ese llanta agónico, y Yifan lo escuchó perfectamente.

Te amo

Buscando tranquilizarse tomó una hoja para tratar de darse aire y calmarse. Sehun le dejó absolutamente todo, no lo podía creer. Ensimismado en sus pensamientos lo asustó el repentino toque de la puerta.

— jefe Kim, ya terminó la jornada laboral. —se asomó Luhan. Sus bellos ojos chocolate lo miraban con una inmensa pena, la compasión fue algo que nunca le gustó manejar. Era dura y dolorosa, y lo hacían sentir terriblemente incómodo. 
— está bien Luhan, ve a casa con cuidado — lo despide con voz cansina, los ojos le escocían y la espalda le dolía a horrores al estar mas de media hora en una posición incómoda. 
—si chef.

Con una pequeña reverencia se marchó del lugar dejándolo solo nuevamente con sus pensamientos, miró la hora.
Las nueve de la noche, el restaurante por fin cerró. Sin perder tiempo se dirigió a buscar a Yifan, dueño del restaurante. Con el cuerpo tan pesado como el acero macizo se desplazó lentamente para dejar todo en su lugar, limpiar los papeles llenos de fluidos nasales y salió apagando todas las luces para después recorrer el elegante pasillo que conducía a la oficina del rubio.
Lo encontró haciendo cuentas en una de las mesas, siempre después de cerrar hacia las cuentas, pues al ser una restaurante lujoso y de alto prestigio en el centro de la ciudad tenía que mantener cierto orden. Los cabellos le caían desordenados sobre su frente dándole una apariencia mucho más joven de lo que enrealidad es, los lentes de lectura de montura delgada desplazados hasta la punta de su nariz respingada en un gesto descuidado. 

— Hola Yifan — saludó
— ¡Oh! Junmyeon, creí que ya te habías ido. — contesta el hombre exaltado después de ser interrumpido abruptamente de su concentración, con una ligera sonrisa se quita los lentes para dejarlos a un lado y desperezar su cuerpo con un gran estirón en sus extremidades.
—no, tengo que hablar contigo de algo muy importante.
Este al escuchar su tono  de voz tan serio dejó de lado sus cuentas para mirarlo atentamente.
— te escucho— entrelazo sus manos sobre la mesa para verlo directamente a los ojos, los ojos oscuros se posaron sobre el analizandolo completamente, era un gesto normal en el hombre pero siempre su mirada habia sido intensa, recuerda con cariño la primera ves que lo conoció. El rubio le dió tanto miedo que casi sale corriendo, al descubrir que enrealidad es un terrón con azúcar casia se pone a reír histéricamente.

Recuperando al Amor Donde viven las historias. Descúbrelo ahora