❥|El joven Luhan|

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Junmyeon abrazaba el lobo de peluche fuertemente como si con eso su dolor fuera a desaparecerse y el lobo le diera un consuelo, después de que Yixing decidiera que lo mejor que podía hacer era dejarlo solo por un momento sale de la habitación para buscar a los niños, cerrando la puerta a sus espaldas con un suave chasquido resquebrajando el silencio, él en un estado de trance solo dejó caer su peso en el sillón que estaba más cerca, que resultó ser el que tenía el lobo. Al estar recostado a lo largo del blanco y mullido mueble observó el techo con la mente ida y el peluche en brazos.


No podía llorar, las lágrimas no salían. Solo sentía un punzante dolor en su pecho, las emociones amontonándose y agrupándose una sobre otra hasta formar una enorme pila de culpas y remordimientos. El sentimiento resultaba desesperante y amargo. Vió decoraciones de estrellas decorando el techo y el dolor se volvió mucho más punzante e hiriente. Cuando Sehun y él eran novios una noche él tocó la puerta de su ventana a altas horas de la madrugada, el casi lo destroza por hacerlo despertar a las tantas de las madrugada, sin embargo este sólo se rió suavemente por su adorable ceño fruncido y le dio muchos besos en todo su pálido rostro, sobre todo en sus mejillas (la parte que más le gustaba besar su novio después de sus labios, o eso decía él) sin importarle que aun el de cabello azabache seguía con medio cuerpo colgando por la ventana, cuando Sehun entró por completo a su cuarto comenzó a pegar las mismas decoraciones en el techo de su habitación en aquel entonces, brillaban en la oscuridad. 

Se sintió tan conmovido que cubrió su atractivo rostro con besos melosos y tronadores para  luego se dormir abrazados. Tragó saliva ante aquellos recuerdos y la nostalgia lo golpeó duramente. Y se dió cuenta que estaba en la misma posición que debió estar Sehun en el transcurso de esos años, en el mismo sillón recostado, abrazando el mismo peluche y mirando las estrellas del techo, de seguro recordando los mismos recuerdos y sintiendo pena por sus errores y falta de comunicación. El simple hecho de pensar eso fue el motor de soltar unas pocas lágrimas, no eran de dolor ni de pena, era la frustración acumulada y la desesperación de sentir que el tiempo se le termina, se niega aceptar que existe una posibilidad de perder al amor de su vida. Se niega, lo hace rotundamente. Hará todo lo que esté a su alcance y sea necesario para encontrarlo, así tenga que hacerlo con uñas y dientes, se aferrara a cualquier esperanza.
Determinado se levanta de su sitio y comienza a ver la habitación de nuevo, cualquier sitio que no había examinado antes. Comenzó por los cajones, que tenían prendas de ropa acomodadas y empolvadas, los muebles que contenían cosas necesarias para el cuidado de un bebé. Luego de examinar casi todo y no encontrar nada de utilidad o alguna pista se dirige a lo que dejó al último. El armario.

El mueble contenía varias cosas insignificantes a excepción de una pequeña caja. Al abrirla se encontró con varias bolsas de tela color beige organizadas,cada una etiquetada con lo que guardan respectivamente. Abrió primero que la que decía fotos.

Cubrió con su mano izquierda su boca mientras que con la otra terminaba de sacar las fotos que guardaba la bolsa. Muchas fotos,todas de Kyungsoo y alguna que otra de él. Algunas se veía Kyungsoo durmiendo, en otras riendo mientras que con sus manitas aplaudía, las que más le llamó la atención fueron las que se veía a Kris y Tao con Kyungsoo, algunas tomadas por el esposo de su jefe y otras tomadas por el primero, cada una con un Kyungsoo de diferentes edades, mostrando como ha sido el crecimiento del niño. La respiración comenzaba a ser un poco dificultosa, sabía que su jefe había estado en contacto con Sehun pero...el saber que este le había mandado fotos de su hijo lo desconcertaba, curiosamente no estaba molesto solo sinceramente sorprendido, sin embargo dejó caer todas las fotos al ver a Luhan— uno de los ayudantes de cocina del restaurante— en aquellas fotos, Junmyeon con las manos ligeramente temblorosas y cubiertas por una fina capa de sudor leyó la pulcra caligrafía escrita detrás de ella junto a una fecha.

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