Capitulo 1.

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Cada vez lo veía más claro. Me estaba enamorando de él. Del chico que conocí en el campamento, el que vivía a 500 km de mí. El chico de la sonrisa perfecta, el pelo castaño y los ojos de un azul cielo. Me estaba enamorando de Hugo.

Todo había empezado a principios de julio, cuando mis padres me enviaron a un campamento en Francia. No conocía a nadie, ninguna de mis amigas iban y dominaba muy poco el francés. Pero al llegar supe que el tiempo que pasara ahí lo cambiaria todo. Durante el primer día conocí a una chica, Miriam, que me presentó a los demás españoles, y ese grupo de 10 personas, nos hicimos inseparables durante todo el campamento.

Al principio no me fijé mucho en Hugo. Pero con el paso de los días nos fuimos acercando, cada vez éramos más amigos. Solo le veía como eso, un amigo, hasta que llegó el último día. Entonces me di cuenta de cuanto me importaba. Éramos muy parecidos, pero tan diferentes a la vez... Con él podía ser yo misma, podía contarle todo lo que me pasaba y él me escuchaba, me comprendía, me cuidaba, como si nos conociéramos de toda la vida.

Pero ahora todo había terminado. No quedaban más días soleados en los bosques, ni noches a la luz de la luna observando las estrellas. No sabía si lo volvería a ver, aunque me lo hubiera prometido antes de volver a casa. Las personas cambian, olvidan, desaparecen de las vidas de los demás.

Derramé otra lágrima con este pensamiento. No quería que me olvidara. No quería borrarme de su vida. “Carla, prométete que vas a luchar” susurré.

Me levanté y miré el reloj. Las cinco menos cuarto, en quince minutos venía mi mejor amiga. Terminé de arreglarme justo a tiempo.

- ¡Sooooooooooooooooooooooonia! - Cuando la vi me lancé sobre ella, no la había visto desde que me fui a Francia.

- ¡Eh tranquila! Me vas a ahogar. – Me separé de ella y le saqué la lengua. Acto seguido, sonreí. – Cuéntame como ha ido el campamento, que el otro día a penas pude hablar contigo.

- Si, estaba muy cansada, solo quería que supieras que había llegado. Ven, vamos a mi habitación y te lo cuento.

Me siguió hasta mi habitación, las dos nos sentamos en la cama y le empecé a contar todo lo sucedido. Que había conocido a gente genial, que me lo había pasado en grande... Pero no le mencioné lo de Hugo. Aún no me atrevía a contarlo a nadie, probablemente por miedo. Pensarían que estoy loca por querer a alguien que probablemente no vuelva a ver en mi vida. Me dirían que me olvidase de él, cosa que yo no quería, para nada.

Por un momento dudé. Tenía tantas ganas de contarlo... Al fin y al cabo, era mi mejor amiga, tendría que entenderme y decir lo que fuera mejor para mí.

- Sonia, te tengo que contar otra cosa. Mira... – me interrumpió el sonido de su móvil y le di las gracias a quien la había llamado. Al fin y al cabo, no me atrevía a contarlo.

- Era mi hermano, que se ha dejado las llaves de casa y como no hay nadie no puede entrar. – me dijo, al colgar. - ¿Me acompañas? – asentí. – Por cierto, ¿qué me decías antes?

- Oh, nada, nada, no importa.

- ¿Seguro? – me dijo, frunciendo el ceño.

- Si, no te preocupes, no es nada. – contesté, con una sonrisa forzada. Al parecer, se lo había creído.

Su casa solo estaba dos calles más arriba de la mía, y me iría bien salir a la calle, ya que en los cuatro días que llevaba en Barcelona a penas había salido de casa.

De camino a su casa, Sonia me contó lo que había pasado ese mes que había estado fuera. Intentaba escucharla, pero mi cabeza estaba en otro sitio. Ella se dio cuenta de que algo me pasaba.

- Carla, ¿seguro que no era nada lo de antes?

- Si, seguro. – dije, intentando ocultar mi preocupación. - ¿Por qué lo dices?

- Te noto rara, como ausente. A penas me escuchas y tienes una expresión en la cara que no sé describir. A ti te pasa algo.

Me había pillado. Estaba claro que no se lo podía ocultar más, lo podía intentar, pero al final del día lo habría soltado todo. Además, Sonia es capaz de pillar todas mis mentiras. No podía seguir así. Tenía que encontrar el momento y el lugar adecuado para contárselo.

- Yo... eh... Es largo de contar. Cuando volvamos a mi casa, te lo contaré. – Afirmó con la cabeza.

“Te lo contaré”. Ahora estaba obligada a hacerlo. Pero la veía preocupada por mí. No sabía como contárselo, no sabía como se lo iba a tomar. Iba a pensar que estaba loca o que ya no era la misma de antes. De todas las maneras, tenía quince minutos escasos para pensar las palabras adecuadas.

Llegamos a su casa y mientras Sonia abría la puerta, saludé a su hermano. Tan solo era un año mayor que yo y alguna vez había salido por ahí con nosotras. Era simpático, agradable y físicamente se parecía mucho a su hermana. Me preguntó por el campamento y me limité a contestarle que había ido bien. A penas pude decirle nada más, ya que Sonia me había agarrado del brazo y me estaba arrastrando por la calle. Quería llegar a mi casa lo antes posible.

Subimos a mi habitación y yo notaba un nudo en la garganta que iba aumentando por momentos. No había tenido tiempo de pensar nada. No sabía como lo tenía que decir.

- Vale, Carla, ya estamos en tu casa. Ahora quiero que me cuentes que te pasa. – Tragué saliva y decidí soltarlo todo de una vez por todas.

- Mira Sonia, vas a pensar que estoy loca, que es la cosa más absurda que has oído nunca, pero es lo que siento. – me miraba, sin comprender aún lo que decía. – En el campamento conocí a un chico. Llegamos a ser muy amigos, pero no sucedió nada más. El último día, me di cuenta de que le quería. Que era especial, diferente. – la vi sonreír, cosa que me tranquilizó bastante.

- ¿Y donde ves el problema? – preguntó.

- En que vive en Madrid. Y no creo que sienta lo mismo. – le dije, conteniéndome las lágrimas.

Me miró atentamente durante unos segundos, después me abrazó. No me lo esperaba. En ese abrazo noté cosas que probablemente ella con palabras no me podía decir. Noté su comprensión, noté que no me abandonaría, que no pensaba que estaba loca. Noté que era mi mejor amiga, y me supo mal haber dudado de ella. “Gracias” le susurré al oído. Cuando se separó de mi, vi una sonrisa traviesa en su cara.

- ¿Se puede saber a que esperas? – me sorprendió que hiciera esa pregunta. Al ver mi cara de confusa, se puso a reír. – Ya estás encendiendo el ordenador y enseñándome fotos, que tengo que ver como es y si me gusta, te daré mi aprobación.

Las dos estallamos a reír como locas. Ahora sí, no lo dudaba. Esa era mi Sonia, la persona con la que más confiaba. Esa, esa era mi mejor amiga.

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¡Hola! 

Bueno, aqui teneis el primer capitulo, a ver que os parece. Si habeis entrado por twitter os agradeceria que me hicierais saber quien lo lee, y si quereis que os avise, ningún problema, me mencionais y os pongo en la lista. 

Gracias por leer. <3

Welcome to my life. [PAUSA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora