- ¿Carla? – dijo Dani desde el otro lado del teléfono.
- Hola Dani, ¿haces algo esta tarde?
- Pues… eh… no, creo que no. ¿Por?
- ¿Podrías quedar? – dije, esperanzada a que dijera que sí.
- Claro, ¿paso por tu casa a las 6?
- Perfecto, ¿te acuerdas de dónde es verdad?
- Sí, creo. Si no ya te llamaré.
- Vale, nos vemos, besos. – me despedí de él.
- Adiós.
Ahora solo faltaba esperar a las seis. Sonia me siguió hasta el comedor, donde busqué algo para que nos calmara el dolor de cabeza. Volvimos a mi habitación y empezamos a recoger lo que había sido la cama de Sonia, sin hablar mucho. Mientras mi mejor amiga cogía mi portátil y empezaba a conectarse, yo fui a la cocina a ver si encontraba algo para comer, tenía hambre. Vi que había palomitas, así que no dudé en coger la bolsa y ponerla en el microondas. Me encantaban, eran una de mis debilidades.
Cuando sonó el timbre del microondas saqué las palomitas y volví a mi habitación. Me senté encima de mi cama, al lado de Sonia, que observaba atentamente la pantalla del ordenador. Le ofrecí palomitas, no se negó. Estuvimos así un buen rato, comentando los últimos cotilleos sobre la gente del instituto, mirando fotos, riendo.
Se hicieron las cuatro de la tarde, y Sonia se marchó a su casa. Cuando me quedé sola, aproveché e hice algunas tareas de casa para que mi madre no pudiera quejarse, y a las cinco empecé a prepararme. Pasé por la ducha, no tenía mucho tiempo, así que no me encanté. Ya duchada, abrí el armario dispuesta a escoger la ropa que tenía que ponerme. Después de dar muchas vueltas, opté por unos shorts, una camiseta que me gustaba mucho y mis Vans. No podía ir más cómoda. Me recogí el pelo en una coleta alta, dejando mi nuca despejada.
Eran las seis. Cogí mi bolso y bajé a esperar a Dani a la puerta de mi casa. Vi como se acercaba y me quedé observándole. Era un chico apuesto, guapo, simpático. De los que a penas existían. Y yo había tenido la suerte de haber conocido a tres de este tipo: Dani, Iván, y obviamente, Hugo.
- ¡Hola! – me dijo mientras me daba dos besos.
- Hola Dani. – intenté contestarle alegremente. - ¿Vamos?
- Claro, pero ¿dónde? – en eso tenía un punto a favor, me conocía la ciudad mucho mejor que él.
Lo iba a llevar a un parque que quedaba cerca de casa, me encantaba ir allí por las tardes y ver la gente pasar, los niños jugar y las abuelas cotillear. Era pequeño, tenía un par de columpios, un tobogán, un pequeño lago y varios bancos, todo rodeado por unos cuantos árboles.
Antes de llegar al parque paramos en una heladería que solía frecuentar bastante, tenían los mejores helados que había probado. Dani escogió uno de cookies, yo me quedé con mi favorito y el que siempre elegía, turrón.
Al llegar, nos sentamos en uno de los bancos y terminamos de comer el helado en silencio. Era la hora, lo iba a soltar. En realidad tenía miedo de lo que me dijera, por si me decía que no quería seguir hablándome. Aunque no era muy probable, había sido solo un beso. Esperaba que lo entendiera y lo aceptara.
- Dani, oye, una cosa. – le dije, observándole. Giró su cabeza hacia mí y vi sus preciosos ojos azules. - ¿Te acuerdas de lo que pasó ayer, en la discoteca?
- El qué, lo… ¿lo del beso? – asentí, mientras él volvía la cabeza hacia el suelo, evitando así que pudiera ver su reacción.
- Quería hablarte sobre eso… - no sacaba mis ojos de él.
- No te preocupes, iba un poco mal, no del todo, pero lo iba. – volvió a girarse para ver mi rostro. – Perdona si te molestó, yo... eres mi amiga, Carla.
- ¿En… En serio? ¿Y lo que me dijiste? “Estaba esperando esto desde el primer momento en que te vi en la playa”. – abrió un poco los ojos, en señal de sorpresa, de su boca salió una sonrisa de burla.
- Supongo que será porqué eres preciosa y todos los días no se besa a una chica como tú. – me guiñó el ojo y sonrió. – Pero te veo como una amiga, nada más.
- Menos mal, tenía un nudo en la garganta. Oye, gracias por lo de preciosa, supongo que tu no estás tan mal.
- ¿¡Cómo que no estoy tan mal!? ¿Me ha visto usted bien, señorita Carla? – hizo fuerza en los bíceps, ese comentario me hizo reír mucho.
Pasamos lo que quedaba de tarde hablando, y cuando el parque empezó a despejarse de gente, subimos en los columpios, en el tobogán y disfrutamos como niños. Hacía mucho que no me lo pasaba tan bien.
Llegué a casa a las nueve menos cuarto, cené, y a las diez estaba en frente de la pantalla del ordenador. Hoy tocaba videollamada con Hugo, volver a verle. Esa idea me reconfortaba, pero estaba nerviosa a la vez. ¿Qué le iba a decir?
Se conectó, y no había pasado ni medio minuto que me estaba preguntando si quería empezar la videollamada. Le contesté que sí y llamó. “Riiiiiiiing, riiiiiiiiing…” esperé a que se cargara. Ahí estaba, enfrente de la pantalla del ordenador, concentrado leyendo alguna cosa. Noté que se revolucionaba mi interior los primeros segundos de verle. Al darse cuenta de que ya estaba la conexión hecha, fue hacia la pantalla, y al verme sonrió. Me mataba, era perfecto. Con la luz que tenía puesta a penas se destacaban sus ojos azul cielo, pero yo los tenía en mente todo el tiempo. Me recordaron los de Dani, pero los de Hugo eran más claros.
- ¿Me puedes oír bien? – dijo él, mientras su voz retumbaba en mi cabeza.
- Si, si, todo perfecto. – le sonreí. Al parecer, Hugo también me había escuchado. - ¿Cómo estás?
- Bien, ¿y tu? – me preguntó. Quise responderle que ahora mismo me sentía feliz de verle, que le echaba de menos y me moría por tenerlo a mi lado. Tuve que reprimirme.
- Muy bien. – le contesté sonriente.
Se produjo un silencio que duró unos veinte segundos, ni el uno ni el otro sabíamos que decir. Reí, nerviosa, tenía un poco de vergüenza. Entonces, él pronunció unas palabras que deseaba oír. Que yo no me había atrevido a decir.
- Carla, quiero verte… No puedo esperar un año. – me sorprendió el comentario, sonreí e involuntariamente me mordí el labio inferior.
- Yo también quiero verte. – me limité a contestar. – Pero podemos ir viéndonos por Navidad, o en Semana Santa…
- Si, eso espero… - soltó en un suspiro.
Le pregunté si había visto a alguien del campamento, ya que muchos vivían en Madrid. Más que nada, lo hice para cambiar de tema, era un poco incómodo para mí hablar de eso, aunque me alegraba escucharle decir cosas como la que había dicho anteriormente.
Mi sonrisa no se borró, con esas pocas palabras conseguiría pasar unos días sin derrumbarme; yo funcionaba así.
Nos despedimos una hora después de haber empezado, el día siguiente Hugo tenía que madrugar. Me despedí de él y yo también me puse a dormir. Al menos lo intenté, hasta una hora después no pude dormirme. Había alguna cosa que me decía que el día siguiente pasaría algo importante, no sabía el qué. Cerré los ojos con las palabras de Hugo en mi cabeza, me dormí.
El día siguiente me desperté y me puse ropa de deporte, iba a salir a correr. Paré a comprar algo de desayuno, como era de costumbre. Ese día tardé más de lo normal, había escogido una ruta diferente y algo más larga.
Llegué a casa y me duche, rápidamente. Al salir de la ducha mi madre me llamó, estaba en la cocina. Me puse ropa de ir por casa y me acerqué a ver que quería.
- Carla, oye, tengo que contarte una cosa, es importante.
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Welcome to my life. [PAUSA]
Teen Fiction¿Qué pasaría si te enamoraras de una persona que vive a kilómetros de ti? Carla conoció a Hugo en un campamento de verano, y al volver a casa, se dio cuenta de que estaba enamorada de él. El problema es que viven separados por los kilómetros. ¿Qué h...