Mentiras y confesiones

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A diferencia de ayer, hoy me despierto yo antes que Alba. No sé qué hora es, pero no quiero arriesgarme a moverme para mirar el móvil y despertarla. Por la luz que se filtra a través de las persianas debe ser ya casi hora de levantarse. Tal y como me voy despejando tomo conciencia de la posición en la que estamos. Ella sigue recostada sobre mí como anoche, pero ahora su pierna izquierda descansa entre las mías. Empieza a entrarme un calor sofocante que se irradia desde mi pubis hacia el resto del cuerpo. Sigo inmóvil mientras abro un debate conmigo misma. ¿Debería tener más cuidado con el contacto físico? Si Alba supiera que me gusta, ¿pensaría que me estoy aprovechando de la situación? La mera idea me horroriza. ¿Es posible que yo también le guste? Cuando María insinuó que estábamos liadas el primer motivo que dio ella para desmentirlo fue que yo tenía novio. Podía haber dicho que solo somos amigas. Bueno, eso se lo dijo a Noemí, aunque después volvió a sacar a relucir a Mikel. ¿Y la frase que dejó a medias sobre sentimientos? ¡Dios, qué lío mental tengo!

Antes de que pueda formularme más preguntas, ella, aún medio dormida, se despereza y presiona su pierna contra mi centro. La zona baja de mi vientre recibe una descarga eléctrica como nunca antes he sentido. Alba me susurra «buenos días» y, a continuación, noto un par de besos en la clavícula. No es por defenderme, pero aquí mi amiga me lo está poniendo difícil. La primera víctima de la situación: mi ropa interior.

Me hago el propósito de cortarme un poco con lo del contacto físico, quiero ser una buena amiga. Milagrosamente consigo estar centrada en mi canción el resto de la mañana y pulir unos cuantos detalles para el pase de micros de la tarde.

Su actuación es brutal, cosa bastante habitual en ella. No he podido evitar quedarme embobada durante su pase, lo de cantar en francés le aporta un puntazo sexy que hace que todavía sea más irresistible para mí.

Ceno rápido y aprovecho para irme al box de Manu a practicar con el piano una canción que estoy componiendo, mientras los demás se quedan de sobremesa jugando al “qué tengo en el coco”. Sobra decir quién es mi musa. Afortunadamente, hoy no les da por jugar al escondite y puedo trabajar sin ninguna interrupción. Unos minutos antes de las diez y media doy por finalizada mi sesión y voy a prepararme para ir a la cama. Están todos menos Alba sentados en el sofá jugando a otra cosa. Creo que a lo de las preguntas y la moneda. Me dicen si quiero unirme a ellos, pero les respondo que mejor otro día, que estoy cansada y quiero irme a dormir pronto. Me la encuentro ya en pijama mirándose en el espejo, desmaquillándose meticulosamente.

- ¿Dónde te habías metido? – me pregunta.

- En el piano, con una canción que estoy componiendo – le respondo.

- ¿Castellano o inglés?

- Inglés

- Me la tienes que enseñar, seguro que está muy guay – me dice mientras se aplica crema en la cara.

- Claro, cuando la tenga terminada – le contesto sin poder mirarle. Es la primera vez que le miento.

Me pongo a peinarme y sin darme cuenta empiezo a cantar:

Je veux d’l’amour, d’la joie, de la bonne humeur

ce n’est pas votre argent qui f’ra mon bonheur

moi j’veux crever la main sour le coeur

pa para pa pa para

Alba me coge la mano y empieza a darme besitos por todo el antebrazo.

- ¡Eso es francés! – bromea imitando a Gómez Addams.

Reacciono retirando el brazo como si me estuviera quemando. Me mira con mezcla de sorpresa y dolor.

Perfect // AlbaliaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora