Día de desenfreno

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Me despierto en mitad de la noche, estoy en la cama de Alba, haciendo la cucharita. Me debí quedar dormida masajeando su tripa, porque mi mano sigue ahí. Al ir a retirarla noto cierta presión y me alegro de estar a oscuras y no tener testigos, porque es uno de los momentos más bochornosos de mi vida. La presión es del elástico del pantalón de Alba, ¿qué hacía media mano mía ahí metida? ¿Qué cojones has hecho, Natalia? Me arden las mejillas y vuelvo a horrorizarme de pensar en que me he podido propasar con Alba, aunque fuese inconscientemente.

Me despego de ella con cuidado para no despertarla y me voy a mi cama. Las sábanas están frías y no encuentro la postura para poder conciliar el sueño, así que no paro de dar vueltas. Ahora mismo me gustaría darme un puñetazo en toda la cara. ¿Y si Alba se hubiera despertado antes que yo? ¿Qué hubiera pensado?

 
Al día siguiente me siento como una piltrafa, en el poco rato que he conseguido dormir he tenido una pesadilla con Alba. Estaba hecha una furia y me decía que no quería volver a verme en su vida. Y como guinda, me duele otra vez la espalda del latigazo de ayer. Me quedo sentada en el borde de la cama, con la mirada perdida, rememorando lo de anoche.

- ¡Buenos días, Nat! – me saluda Alba muy animada, algo raro en ella de buena mañana.

- Buenos días – le respondo casi sin energía.

- Me has abandonado esta noche – dice haciendo pucheritos.

- Me desperté y tenía mucho calor – me justifico.

- Tienes cara de no haber descansado nada. Yo he dormido genial, entre el ibuprofeno y tus masajes estoy como nueva hoy – me dice sonriente.

No puedo evitar sentirme culpable, si ella supiera dónde ha estado mi mano esta noche seguro que no estaría tan alegre. Me abraza y nota la mueca de dolor que hago.

- ¿La espalda otra vez? – pregunta preocupada.

- Sí

- Esta noche te doy otro masaje. Tú me cuidas, yo te cuido – dice mientras se levanta. Me guiña un ojo y sale de la habitación.

«Perfecto, le metes mano dormida y de premio un masaje» me digo para mí misma.

Desbloqueo el móvil para ver si tengo que cargar la batería y me quedo petrificada. Alguien me ha cambiado el fondo de pantalla. Seguimos saliendo Alba y yo, pero en lugar de la foto de cuando cantamos Toxic ahora estamos las dos en la cama durmiendo abrazadas. Evidentemente la foto no la ha hecho Alba, así que tiene que haber sido alguno de estos cabrones. Mientras vuelvo a poner de fondo la foto de antes me propongo actuar como si no hubiera pasado nada. No les voy a dar el gusto de verme reaccionar a esto.

Soy un puto desastre en la clase de Urban, hasta el punto de que Sheila se acerca para preguntarme si estoy bien. Le digo que sí, que no es nada, pero que he dormido fatal esta noche. Sé perfectamente por qué hoy no estoy dando una cuando el baile es uno de mis fuertes. Alba se ha puesto delante de mí y no puedo dejar de mirarle el culo, sus movimientos de pelvis son hipnóticos. ¿Qué me pasa? Parece que tengo las hormonas de un quinceañero.

Antes de que llegue a hacer el ridículo por completo le pido a Alba que me cambie el sitio. Pone cara de extrañada al no entender a qué viene mi petición, pero accede sin decir nada. Marta, que es súper observadora, me mira y sonríe con cara de “yo sé lo que te pasa”. ¿Habrá sido ella la de la foto?

Retomo la clase como una persona a la que le funciona el cerebro con normalidad y logro seguir todos los pasos a partir de entonces.

El segundo pase de micros sale bastante bien en general. Alba ha estado impresionante, mejor aún que el sábado, y eso que era difícil superarlo. Con actuaciones así es imposible no ser fan suya. Yo estoy muy contenta también con mi pase, por fin he interiorizado el acting y se ha notado. No quiero menospreciar el trabajo de Itziar, pero los Javis con sus clases están descubriendo una faceta de mí que empieza a gustarme mucho.

Perfect // AlbaliaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora