Sentía mi mente nublada y sólo era capaz de escuchar mi voz entrecortada mientras él me dejaba un camino de besos por todo mi cuello. Tenía la piel erizada y sus manos me sostenían con fuerza las caderas, haciéndome notar su excitación bajo la tela del pantalón.
- No puedo más - y tal y como dijo eso noté como se levantó conmigo en brazos y le dio una patada a la silla-. No quería ser tan impulsivo, pero llevaba demasiado tiempo deseando que nos vieras hacer esto.
Abriendo los ojos de golpe miré a los suyos directamente. Se habían oscurecido y me miraban de una forma salvaje.
- ¿Cómo has dicho? - parpadeé y él detuvo su andar en medio de un largo pasillo que suponía que llegaba hasta el dormitorio-. ¿Sabias quién era antes de...? - pero no me dejó acabar la frase.
- Te conozco a ti y a tu cuerpo mejor que cualquier hombre ha hecho o será capaz de conocer nunca. - respiró fuerte y se remojó los labios, fijando yo mi vista en el color escarlata que tenían y en cómo brillaban -. Así que si me dejas y quieres seguir solo tienes que decir - pero no le dejé continuar.
Mis labios aprisionaron los suyos y su agarre en mis nalgas se hizo más fuerte, haciéndome gemir en medio del beso. Recorrí su nuca pasando mis dedos por el pelo corto que me hacía cosquillas, después clavé mis uñas en sus brazos al sentir como empezaba a repartir besos junto a mi oreja.
Estaba extasiada y no sabía muy bien porqué.
Sus manos me resultaban demasiado familiares y su roce complementaba todos mis sentidos. Aunque ahora mismo nada de eso hizo que me parara a pensar nada más.
- Carla mírame – y sin chistar mis ojos se abrieron ante su orden-. Eso es, déjame perderme en ti.
- Y-yo, tienes que usar...- pero su mano ya cargaba con el envoltorio blanco.
- Déjame encargarme de todo y relájate – pero yo ya estaba más que relajada y en cuanto su mano se aproximó a mi intimidad dejé ir un gemido mucho más elevado que los previos.
- Por favor, hazlo ya – rogué en un hilo de voz -. No aguanto más...
Y fue ahí que mi cuerpo pareció volver a despertarse del trance y mis manos fueron a desabrochar su pantalón. Tiré de la cinturilla y mi cara quedó delante de su erección, pero antes de que pudiese articular palabra alguna él ya se había colocado sobre mi cuerpo.
Sintiendo su calor y cómo su respiración chocaba contra mi mejilla derecha, bajé mi mano y enganché un dedo en el elástico del bóxer. Tirando de él hacia abajo y agarrando su miembro entre mis dedos.
- Cielo si sigues así me vas a tener rendido a tus pies antes de lo que yo mismo imaginaba... - y empezó a gemir al mismo tiempo que yo empecé a mover mi mano más rápido arriba y abajo. Me fijé en su mirada y en cómo se mordía los labios, grabando a fuego la escena más erótica que había presenciado nunca en mi mente. Pero duró poco ya que en un descuido nos dio la vuelta y acabé encima de él -. Si me provocas de esa manera solo puedes esperar una cosa.
Y fue ahí cuando se hundió en mi. Abriendo paso en mi interior y arrancándome un gemido de lo más profundo de mi garganta.
Empezó a moverse cada vez más rápido y solamente se escuchaba el ruido que provocaban mis nalgas al chocar con sus piernas. El ambiente estaba cargado de un aura sensual y caliente, nuestras respiraciones se entremezclaban al igual que nuestras bocas, que se buscaban con anhelo y desesperación.
- Joder, me estaba volviendo completamente loco – pronunció.
A lo que yo no respondí y le agarré del pelo fuerte, atrayéndolo hacia mi boca.
- A la que has vuelto loca es a mí... - contesté antes de morder su labio y tirar suavemente de él.
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F R E N E S Í
RomanceLaura Evans trabaja como publicista en una de las mayores empresas comerciales del país, le gusta salir de fiesta y dibujar siempre que tiene un hueco libre. Vive sin complicaciones, le gusta disfrutar de los pequeños placeres de la vida y no le gus...
