—Dije que no, Carl. No es una salida de práctica, es una patrulla.
—Papá, vamos, tú mismo dijiste que había zonas sin revisar. Solo será un rato. No voy a estar solo, Ron irá conmigo.
—Aún no me alivia que vayan solos.
Rick cruzó los brazos, la mandíbula tensa. Ron, que esperaba en la reja de la casa con una ramita entre los dientes, alzó una ceja.
—Ey, señor Grimes, le prometo que nada malo nos va a pasar. Podré caerme con una roca, pero jamás ser herido por un caminante.
Rick no sonrió. Carl sí, aunque intentó disimularlo.
—Una zona cercana. De día. Regresamos antes del anochecer —insistió Carl.
Hubo un largo silencio. Finalmente, Rick suspiró, rendido.
—Dos horas. Y quiero que lleves el walkie. Si no me reportas cada media hora, voy por ustedes.
Carl asintió con firmeza. Ron solo le guiñó un ojo a Carl en cuanto su padre entró de nuevo a la casa.
—A veces creo que confía en mí para esto... muy en el fondo.
—En el fondo de un pozo, tal vez —respondió Carl con media sonrisa, ajustándose el sombrero y echando a andar.
El sol aún estaba alto cuando se alejaron lo suficiente de los muros. Había silencio, salvo por el crujir de ramas y alguna mosca solitaria. Caminaron en línea recta, con Carl revisando una hoja con marcas y Ron pateando piedras como si fuera fútbol.
—¿Algún lugar interesante por aquí? —preguntó Ron, ya aburrido de ver casas vacías.
—Tal vez una tienda de electrónica. Si queda algo útil, podríamos repararlo. Radios, partes...
—¿Una nueva consola, tal vez? Porque estoy harto de la mía.
—Claro, la próxima será de eso —resopló con sarcasmo.
Y entonces la vio. Una tienda de vidrios rotos, aún con un cartel que decía "abierto", aunque evidentemente no lo estaba. Sin decir nada, Ron se adelantó hacia la entrada. Solo era una más de las tiendas abandonadas, tomándoselo sin importancia.
—¡Ron, ¿qué haces?! Puede ser peligroso. ¡Espera! —gritó Carl, serio.
—Es solo una tienda. Tranquilo, Grimes, puedo con esto.
Al entrar, removió algo con el pie y tres caminantes que estaban entre estantes derrumbados se activaron de inmediato, gruñendo y tambaleándose hacia él.
—¡RON! —Carl corrió.
Ron intentó disparar, pero su pistola se trabó.
—¡Mierda! —gritó el rubio.
Uno de los caminantes casi lo alcanza. Carl llegó justo a tiempo, lo empujó y clavó el cuchillo en el cuello del primero. Ron se liberó del segundo con una patada torpe. El tercero se les vino encima y, entre forcejeos, Carl logró darle con el mango del arma y Ron remató.
Respiraban agitados.
—¡¿Estás bien?!
—¿Me ves con un brazo menos? Entonces sí —respondió Ron, medio jadeando.
Carl se pasó la mano por la cara, molesto.
—¡Mierda, Ron! Estás loco, tienes que avisarme. ¿Qué parte de "tienda no asegurada" no entendiste?
—¡No grites, joder! Pensé que estaba vacía.
—¡Ese es el problema! Piensas primero y después casi te comen. ¡No es un simple juego, esto es jodidamente serio!
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Dejame sentirte
FanfictionCarl no creía en refugios ni en vínculos, hasta que conoció a Ron, un chico rebelde que desordenó su mundo y le enseñó que sentir también puede doler, pero vale la pena.
