Capítulo 5: Siniestro.

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"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos." –William Shakespeare.

Susurré molesta. –¡Lo vi esta mañana va parecer hostigamiento!

–Es el destino, Clara –Rió.

–Además, tiene una cita. –Esperaba que no fuera cierto.

–Eso no lo sabemos, tendrás que ir a averiguar. –Susurró espiando.

–No gracias, esta vez paso. –Me levanté dando media vuelta para salir, sin embargo, jalaron mi brazo de vuelta a estar en cuclillas.

–¿Qué estás esperando?. –Susurró, me asomé para ver a Leonardo y observaba los protectores de celular junto con la muchacha.

–-No quiero hacerlo, salgamos de aquí. –Musité suplicando. –Te compraré lo que sea.

–Vamos. –Me empujó con fuerza hacia el pasillo de ellos, pero no voltearon y gateé de vuelta hacia Justin, se lanzó encima de mi aplastando mi cara con su mano para que viera a Leonardo.

–¡Es INOFENSIVO! Si te acercas no te morderá, niña. –Murmuró con cuidado para que no voltearan.

–¡Estás loco, ya sueltame!. –Susurré moviéndome de un lado a otro intentando salir, entre tanto, apretó más mis piernas.

–Me asesinaras luego... –Comentó Justin agachando su cabeza. Lo miré confundida y salió de encima, se levantó y ayudó a subir con precaución. Me encogí de hombros e intenté mantener el perfil bajo para que no me viera, pero Justin chilló.

–¡LEONARDO! –Miré a Leonardo y Justin salió de la tienda corriendo.
Leonardo se volteó y me miró sorprendido, intenté sonreír normal, pero estaba nerviosa, así que me encogí de hombros y me acerqué a ellos imaginando toda las cosas horribles que le haré a Justin.

–Hola

–Hola, ¿Qué tal, Clara? –Besó mi mejilla. Me mantuve firme para no perder mi razón. –¿Cómo está tu hombro?

–Estoy mucho mejor. Todo cool, lo siento, ¿Interrumpí algo?

La muchacha a su lado se quedó en silencio, me miró seria y se alejó sin decir ni una sola palabra. Que descortés.

–No, claro que no. –Sonrió. –Es mi prima de Canadá. –Me alivié, era bastante atractiva.

–¡Oh! Genial. –Pronuncié. “¡Oh! Genial” ¿En serio? ¿Sólo eso dije? Que tonta.

Me ruboricé. Nos quedamos en un silencio incómodo mirándonos, pero cambié la mirada hacia los celulares.

–¿Cómo está tu hombro? –Consultó.

–Estoy bien, como si no nunca me hubiera ocurrido nada. –Reí nerviosa. Colocó una mueca y pregunté intentando cambiar el tema.

–¿Buscas protectores, no?

–La verdad, es que es para una amiga que está de cumpleaños y sólo estoy viendo que regalarle.

–¿Sabes la marca de su celular? –Busqué protectores lindos. La verdad, sí espero que sea su “amiga”

-IPhone 6. –Contestó mientras ambos mirábamos. Luego de unos segundos encontré uno que movía un líquido brilloso al tambalearlo, lo saqué del fierro y se lo mostré.

–¿Te gusta? –Pregunté con una sonrisa.

–Está lindo. –Comentó con una mueca. –Se lo llevaré. –Se lo entregué y sus manos rozaron las mías. Sentí como de pronto temblaba.

Heridas que no sangran. [Editando]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora