Capítulo 6

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Un mes... un mes... un mes... Repetía una y otra vez en su mente mientras daba vueltas en su mano al pequeño objeto dorado. Llevaba 5 meses detrás del anillo gemelo y no lo había encontrado.

Daba vueltas en su despacho, el tiempo se le echaba encima, y no sólo por el anillo.

-Shintarou...- Se fijó en la persona que acababa de entrar por la puerta. Aquel hombre en silla de ruedas había empeorado su salud considerablemente en el último año. Apenas y se mantenía en pie.- ¿Por qué no lo dejas?

-¿Por qué no lo dejas tú, viejo y te mueres ya?- La persona que acompañaba al hombre dio un paso al frente.

-Tienes que aceptar la decisión de Narasaki-dono. Ya es hora de que crezcas, joven amo.- Lo que recibió fue un escupitajo en la cara y se dirigió de nuevo a su padre.

-Lo único que vas a conseguir con esto es desperdiciar todo lo que la familia ha conseguido, ¡durante dos putos siglos!- Narasaki no tenía ninguna gana de discutir. Se encontraba demasiado débil como para intentar hacer entrar en razón a su hijo. Éste le apuntó amenazadoramente con el dedo.- Ya lo verás, viejo. Ahora mismo la mayor parte del clan me sigue a mí.- Le mostró el anillo, eso hizo que el enfermo le mirase con cara de pena.- Ya he conseguido uno.

-¿Tras intimidar a los Fukawa? Eso fue muy conveniente.- Empezó a reír pero en seguida irrumpió la tos.

-Jefe...- Narasaki hizo una seña para indicarle a su ayudante que le sacase de la habitación.

-¡Muérete, joder!- Shintarou, cabreado, pateó la puerta del despacho abollándola.

-Jefe, tenga cuidado, su hijo se encuentra al límite.

-Sí, ya lo sé. Sólamente tengo que aguantar un mes. Me protegerás hasta entonces, ¿verdad?

-Por supuesto, señor. No lo dude.

-¡Kusabe!- Gritó Shintarou.- ¡Ven aquí cagando leches, maldita sea!- No tardó en presentarse ante él. Estaba tan furioso que no sabía por dónde empezar por lo que tardó un poco. Kusabe esperó paciente e inmóvil a que su jefe dijese algo.- Tengo un plan. Quiero que lo tengas listo para ya, no hay tiempo que perder.

-Sí, señor.

-Si no puedo matar a un solo pajarito, atacaremos el nido entero. ¡Prepáralo todo!

La rehabilitación iba mejorando. Shuun ya era capaz de abrir y cerrar el puño sin problemas, aunque todavía le costaba levantar peso. En la última semana había roto varios platos al intentar cocinar.

Tomo, por otra parte, ya se levantaba de la cama y caminaba sin problemas, aunque tenía que sentarse cuando la herida empezaba a tirar. Cero esfuerzos. Se sentía frustrado, tenía tantas cosas que hacer... además, no pensaba que los Narasaki fuesen a quedarse quietos.

Hacía mucho que ninguno de sus hombres era atacado pero por más que se estrujaba los sesos, no conseguía averiguar la razón por la que iban tras él. Su anterior líder, Shibuya, siempre le había dicho que tuviese cuidado con ellos y realmente lo había tenido.

Simplemente el saber que el anillo que tenían los Fukawa ahora les pertenecía a ellos le había hecho desistir de la idea de conseguirlo, ¿acaso pensaban que él tenía el anillo gemelo? Podría ser una opción. Aún con todo no lo comprendía. El propio Narasaki se había deshecho de ellos, no tenía sentido que lo quisiesen recuperar. No, no era el anillo, había algo más, algo que se le escapaba.

Había terminado de bajar las escaleras cuando escuchó el ruido de platos romperse. Suspiró y fue hasta la cocina.

-Shuun...- Le vio intentando recoger el desastre que había hecho.

Systemless (Finalizada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora