3 -LA PERRITA MENESTEROSA-

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Les dije que Chichiolina era un ser muy especial y no me canso de repetirlo, como el ¡Aleluya! ¡Aleluya! frecuente de los predicadores fallos de LA PALABRA. Antes de hablarles de la perrita menesterosa, voy a referirles algo que revela la gran inteligencia de mí excepcional Chichiolina: Ella, con sus ladridos, gruñidos y poses, creó un lenguaje que logró hacerme comprenderla: Cuando estaba muy alegre daba una serie interminable de ladridos y meneaba ágilmente la cola, cuando algo le producía tristeza aullaba lastimeramente con extensión mayor o menor según la intensidad de su sufrimiento; si aprobaba algo daba dos ladridos y si, por el contrario, desaprobaba, gruñía, a veces fieramente, y cuando tenía dudas o no quería responder, se echaba sobre el piso con las dos patitas delanteras extendidas y el hocico entre ellas y miraba fijamente a quien le hablaba. En una ocasión este lenguaje me hizo descubrir, sin esperármelo, otras dos grandes virtudes de mí perrita. En son de chanza le pregunté:

---Chichiolina, ¿Tú eres muy inteligente?

Ella adoptó la postura de vigilancia descrita anteriormente y me miraba profundamente. Enseguida comprendí por qué no ladraba ni gruñía, sino que callaba indiferente, no ladraba diciendo SI, porque su acendrada MODESTIA no le permitía dar una respuesta ridículamente afirmativa, y no gruñía para responder NO, por no mentir, y ella JAMAS mentía: MODESTIA Y VERACIDAD SON POCO COMUNES EN LOS HUMANOS... La presunción predomina y la mentira es indispensable para afirmar de lo que se presume...

La lealtad y buenos sentimientos de Chichiolina corrían parejos con su amor por el prójimo (en este caso los perros, porque supongo que el prójimo de los perros son los demás perros) Ella solía observar a los perros callejeros con sumo interés...y no era simple afinidad de especie...cuando veía a un perro sarnoso o maltratado olisqueando el suelo en busca de alimento, aullaba intensamente en forma prolongada. Había en el vecindario una perrita blanca con manchas amarillentas, flaca como todos los menesterosos, que se había acostumbrado a buscar en nuestra casa "el pan nuestro de cada día", el cual yo le daba y ella comía con un goce inconcebible, mientras tanto, Chichiolina se mostraba contenta, movía la cola y ladraba en señal de aprobación ante mi gesto. La perrita menesterosa se acostumbró a seguirme cuando yo salía a la calle, pienso que en señal de gratitud por los alimentos que le daba (afirmo que la gratitud es solamente virtud de los perros y jamás de los humanos...) PERO un día lluvioso, ¡Qué triste día! Se nubló mi corazón en conjunción con el cielo lleno de nubes borrascosas, a la perrita menesterosa la arrolló un vehículo, y Chichiolina que nos estaba mirando, prorrumpió en aullidos que parecían llanto. Yo, ¡OH, DOLOR! Sentí humedecerse mis ojos y un duro sentimiento inexplicable se apoderó de mí, y en aquel momento, como en un arranque de locura, me provocó saltar en medio de la calle y gritar con todas mis fuerzas:

¡VIVAN LOS PERROS Y MUERAN MIS AMIGOS!

¡VIVAN LOS PERROS Y MUERAN MIS AMIGOS!

Frené este impulso, no por las demás personas, que me importaba poco lo que dijesen, sino porque Chichiolina me estaba mirando y tuve el temor de que fuese a dudar de mi cordura y suponerse que había atrapado -en el remoto tiempo y en la larga distancia- el mal del cual adoleció Don Quijote. No obstante, reflexionando un poco, pensé que ese acto loco me hubiese permitido conseguir un SANCHO PANZA (porque abundan) e iniciar, con grandes posibilidades de éxito, mi lucha política por una alta posición ejecutiva o administrativa, de esas que están reservadas solamente para los que la dignidad es una pieza acomodaticia en el juego de la vida.

CHICHIOLINADonde viven las historias. Descúbrelo ahora