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Miriam amó el artículo. Las ideas de Raoul eran algo totalmente diferente y le encantó. Ese día estaba tan contenta que hasta le "regaló" a Agoney unas entradas para un pequeño festival de cine y música que se celebraba cada año en un pequeño teatro en el centro. No le dijo nada más pero él sabía que era un trabajo encubierto. Le dio las gracias por las entradas y abandonó el despacho. Ricky y Roi estaban en sus mesas y ni siquiera levantaron la cabeza de lo que estaban haciendo. Hacía un día maravilloso y él no tenía ninguna intención de quedarse encerrado. Se merecía un pequeño respiro y se lo iba a tomar inmediatamente.

- ¡Adiós pringaos! Artículo entregado y entradas gratis para el festival. Nos vemos en un par de días.

- Ja ja ja - se rió Ricky - te veremos antes seguro. No puedes alejarte mucho de la cafetería...

Agoney frenó en seco y se volvió hacia sus compañeros. - ¿Eso es algún tipo de indirecta, Ricky?

- Para nada, amigo. Solamente hago referencia a que te encanta el café y los dulces que tienen ahí. Nada más...

Agoney se sonrojó ligeramente y se fue dignamente de la redacción de la revista. De fondo, podía oír las risas de sus compañeros y él también se permitió una pequeña sonrisa porque... ¡qué demonios! Adoraba el café y estaba empezando a encontrar los dulces muy apetecibles, él que siempre había sido un chico muy "salado".

Pensó en ir a su casa, llamar a Mimi y descansar hasta la hora del festival pero al salir se chocó de frente con Nerea, la amiga inseparable de Raoul. Iba con prisa y al principio, ni se dio cuenta que chocaba con Agoney. Cuando el moreno fue a ayudarla con los libros que llevaba, Nerea reaccionó y le miró, relajando todo su cuerpo.

- ¡Gracias, gracias! ¡Gracias Agoney! Eres un encanto. Tengo que devolver todo esto a la biblioteca y me han dicho que si no lo hago en perfecto estado, tendría un gran castigo.

Agoney rió ante el nerviosismo de la rubia. - Tranquila, solo te ponen una multa y no puedes sacar libros una temporada... Nada grave, de verdad.

- ¿En serio? Me dejas más tranquila... aunque la bibliotecaria da bastante miedo. ¿Te importa acompañarme?

Agoney no se podía negar. Nerea le miraba con carita inocente y él, a veces, era un poco estúpido. Le ayudó a recoger todos los libros y se dirigieron a la biblioteca, que estaba en la otra dirección a la que se dirigía y, casualmente, al lado de la cafetería. Dejaron los libros y Nerea insistió en invitarle a un café. Se intentó negar pero la pequeña rubia tenía una fuerza sobrehumana. Entraron y una sensación a casa le invadió. Vio su sillón vacío, su mesa con un pequeño jarrón y una rosa amarilla y a Raoul sonriéndole con todo el cuerpo. Nunca se había sentido tan bienvenido en ningún sitio. La mirada del rubio perdió algo de brillo cuando vio quién entraba detrás.

- ¿Qué haces aquí?

- He ido a la biblioteca. Me he chocado casualmente con Agoney y me ha acompañado. Ahora le voy a invitar a un café. ¿Te parece bien?

- Nerea...

Agoney no sabía qué hacer. Siempre había pensado que esos dos eran como hermanos pero parecía ser que no todo es lo que creemos. Carraspeó un poco, intentado desviar la atención de los dos rubios. Solo Raoul se dio cuenta y le miró, recordando que estaba ahí. Le sonrío y, sin mirar a Nerea, fue detrás de la barra a preparar el café de Agoney.

Se sentaron en la zona habitual y empezaron a hablar de miles de chorradas, era fácil hablar con Nerea. Tenía una alegría innata y opinión sobre todos los temas. Raoul acercó los cafés y se fue. Estaba raro y Agoney le siguió con la mirada, se comportaba cómo hubiese deseado que lo hiciese cuando se conocieron pero ahora estaban en otro punto y no... no le gustaba.

EPIFANÍADonde viven las historias. Descúbrelo ahora