Reflexiones nocturnas

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La azabache saltaba de tejado en tejado pensando en todo lo ocurrido aunque la mayoría de sus pensamientos eran contaminados por los acontecimientos con su padre.

Suspiraba una y otra vez en un intento por mantener la calma pero era completamente inútil, sus voces internas eran calladas por su enojo y frustración, sus ojos comenzando a destilar las indeseadas lágrimas que deseaba ocultar, se detuvo, se sentó en uno de los tejados más altos que le permitían una hermosa vista nocturna de Konoha, sus ojos estaban  rojos y sus lágrimas no paraban de caer, se refregaba los ojos una y otra vez diciéndose a sí misma.

"Ya basta, no llores, deja de ser tan débil..."

Pero estas palabras solo lograban un efecto contrario, fue cuando sintió una leve y cálida caricia a su costado, algo sorprendida volteó encontrándose a la felina con la que compartía el mismo nombre.

Sarada: Sarada....

Susurró mientras que la última lágrima rodó por su mejilla, a lo que esto sucedía la pequeña azabache se situó en las piernas de la Uchiha que solo se quedó expectante en cuanto a las acciones de ella, la cual aplastó con su diminuta y suave pata la lágrima, dejando estupefacta a la chica que luego de un shock de diez segundos comenzó a reír y a abrazar a Sarada que maullaba y ronroneaba.

"Gracias, Sarada..."

Pensó la Uchiha abrazando por última vez a la felina para luego volver a la casa de Mitsuki, para ser más precisos en su balcón, de donde pudo observar que la luz estaba encendida a lo que también la voz del peli celeste llamando a su mascota.

Mitsuki: ¡¿Sarada, donde estas?!, ¡Ven aquí!

Repetía eso una y otra vez, cosa que hizo que la Uchiha sonriera enternecida.

Luego de ello tocó la ventana a lo que el peli celeste se le quedó viendo algo sorprendido, y más la Uchiha que ahora tenía la cara roja como tomate puesto que el oji ámbar sólo llevaba unos pantalones cortos de color negro llevando su abdomen descubierto, sin camisa a vista y sorpresa de la azabache la que al parecer le había comido la lengua el gato.

Mitsuki: ¿Sarada, que haces aquí?

Y cayó en cuenta de sus fachas, y de inmediato fue a buscar su toga azul celeste y se cubrió.

Sarada: Yo venía a dejar a Sarada...

Extendió al felino que maulló de manera tierna e inocente.

Mitsuki: ¿Porque siempre se va contigo?

Se preguntó tomándola entre sus brazos a lo que Sarada esquivó la mirada.

Sarada: Uhm, no lo sé.

Mitsuki: ¿Que estabas haciendo cuando te encontró?

Preguntó mirando las ya antes vistas marcas rojas bajo sus párpados.

Sarada: Yo...

Y fue entonces que el oji ámbar se puso enfrente de la Uchiha observabando sus ojos.

Mitsuki: Tienes unos ojos demasiado hermosos, no dejes que se empañen en lágrimas, estás opacan su verdadera belleza.

Susurró mirando los labios de Sarada que miraba los de Mitsuki, ambos encerrados en un momento que era puramente de ambos, eso duro hasta que el gatito comenzó a maullar demandando ser alimentada.

Sarada: Creo que será mejor que me vaya...

Dijo ésta vez centrando su atención en Sarada que recibía gustosa los mimos de la Uchiha.

Mitsuki: Bien, pero ten cuidado al volver, es muy tarde.

Suspiró

Mitsuki: Si quieres, puedo acompañarte

Sugirió sonriendo a lo que la chica apartó la mirada.

Sarada: No es necesario...

Susurró

Mitsuki: Uhm, bien, como prefieras.

Volteó y se dispuso a cargar a Sarada

Mitsuki: Buenas noches, Sarada

La chica se limitó a asentir con la cabeza y se fue saltando de tejado en tejado a través de la noche siendo observada por el peli celeste que luego se dispuso a cerrar el ventanal.

"Eso fue extraño..."

Pensó tocando su pecho en el cual yacía su acelerado corazón.

Mitsuki y su gatoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora