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CAPÍTULO 3

—Está bien, iré —acepté finalmente.
Verónica sonrió emocionada.

—¡Perfecto! Tenemos que arreglarnos ya porque odio llegar tarde.

Abrió su armario y me mostró dos vestidos.
Uno negro demasiado corto.
Uno blanco con encaje y un poco más elegante.

—¿Cuál?
Los dos se le verían bien, pero el blanco definitivamente era mejor.

—El blanco.

—Sabía que tenías buen gusto —dijo sacando el vestido—. ¿Y tú qué vas a usar?

Le mostré un pantalón de mezclilla y una blusa azul marino.
Verónica me miró horrorizada.
—¿Hablas en serio? Vamos a una fiesta, no a visitar a mi abuela.

Solté una pequeña risa.
Ella rebuscó dentro de mi armario hasta sacar un vestido lila corto.

—Este.
Lo observé unos segundos.
Hacía muchísimo tiempo que no usaba vestidos.

En mi misión anterior tuve que pasar semanas usando ropa larga y aburrida para aparentar ser alguien completamente distinta. Ahora un vestido corto se sentía extraño.

—Bien —suspiré—. Ganaste.

—Ahora tenemos que apurarnos.

Nos cambiamos, maquillamos y peinamos. Dos horas después seguíamos terminando detalles. Según Verónica, eso era “hacerlo rápido”.
Pedimos un taxi y salimos rumbo a la fiesta.

—¿De dónde eres? —preguntó mientras veía su celular.

—Nací en Canadá, pero me trajeron aquí cuando tenía cinco años.

—Vaya… de Canadá a Texas. —Guardó silencio unos segundos—. ¿Te mudaste con tu familia?

—No.

Verónica levantó las cejas.
—Chica independiente. Me agrada. ¿Y por qué te mudaste?

—Cosas del destino —respondí simplemente.
Ella soltó una risa.

—Misteriosa. También me agrada.

El taxi finalmente se detuvo frente a una enorme casa llena de música, luces y personas claramente ebrias.
Demasiadas personas.
Demasiado alcohol.
Y demasiadas drogas.
En cuanto entré pude notar a varios chicos consumiendo sin siquiera intentar esconderse.

Nunca he entendido qué le encuentra la gente a perder completamente el control de sí mismos.
Pero esta vez no era una oficial.
Era solo una estudiante más.

—Ven —dijo Verónica tomándome de la mano.

Me arrastró hasta la cocina, donde un grupo de chicos hablaba alrededor de una barra improvisada.
Y ahí estaban.
Los otros sospechosos.
Debí imaginarlo.

—Chicos, ella es Beca, mi nueva compañera de cuarto —dijo Verónica—. Beca, ellos son Elizabeth, Cloe, Tomás y Alexis.

Los observé rápidamente.
Elizabeth sonreía como si conociera a todo el mundo.
Cloe me analizaba demasiado.
Tomás parecía relajado.
Y Alexis…
Alexis me miraba como si ya desconfiara de mí. Interesante.

La InfiltradaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora