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CAPÍTULO 1
REBECA MORGAN
20 AÑOS
—Señor, con todo respeto. ¿Por qué me asigna esta misión? —pregunté intentando mantener la calma—. Acabo de regresar de una infiltración y realmente necesito descansar. Aunque sea un día.
Mi jefe ni siquiera levantó la vista de los documentos sobre su escritorio.
—Morgan, eres la mejor oficial que tengo. Aquí nadie hace lo que quiere; hacen lo que se les ordena. Si no puedes seguir instrucciones, las oportunidades terminarán en manos de oficiales menos capacitados.
Apreté la mandíbula.
—No digo que no pueda hacerlo, señor. Solo necesito…
—Creo que no entendiste. —Ahora sí levantó la mirada, fría e intimidante—. Yo no te pregunté qué necesitabas.
Silencio.
Odiaba cuando usaba ese tono.
—Te infiltrarás en esa universidad y descubrirás quién está detrás de las muertes dentro y fuera del campus. Quiero resultados rápidos y sin errores. ¿Entendido?
Suspiré por la nariz.
Batalla perdida.
—Entendido, señor.
Me lanzó una carpeta gruesa sobre el escritorio.
—Estos son los principales sospechosos. Investígalos y consigue información como sea.
Abrí la carpeta lentamente. Cinco fotografías me observaban desde el papel.
Tres mujeres. Dos hombres.
—Harás lo necesario para cerrar este caso —continuó—. Confío en ti, Morgan. No me decepciones.
—No lo haré.
—Puedes retirarte.
Asentí y salí de la oficina intentando controlar el cansancio que me consumía.
¿Es demasiado pedir un maldito día para ser yo misma?
Hacía menos de veinte minutos había aterrizado de Inglaterra después de semanas fingiendo ser otra persona. Otra identidad. Otra vida perfecta inventada.
Y ahora debía convertirme en una universitaria.
Ni siquiera sabía cómo actuaba una chica normal de veinte años.
Entré a mi habitación y me dejé caer frente al escritorio antes de abrir nuevamente la carpeta.
Elizabeth Cooper — 19 años — Texas
Popular. Consentida. Fiesta tras fiesta.
Por conducir ebria dejó dos personas heridas y una reputación imposible de limpiar. Sus padres intentaron controlarla cuando el alcohol se convirtió en adicción, pero terminó huyendo de casa.
S
egún el expediente, lleva dos años “estable”.
Las comillas mentales eran necesarias.
Cloe Hamilton — 19 años — Florida
Ex traficante.
Violenta. Impulsiva. Agresiva.
Su hermano murió trabajando para un narcotraficante y ella ocupó su lugar poco después. Sus padres la abandonaron. Desde entonces, las peleas y amenazas son parte de su historial.
Interesante.
Verónica Marín — 19 años — Texas
La más tranquila del grupo.
Demasiado tranquila.
Fue acusada de atacar a alguien con arma blanca y pasó un año entero en terapia psicológica. Todos la describían como alguien confiable.
Las personas más peligrosas suelen parecer inofensivas.
Alexis Bennet — 20 años — Londres
El expediente más largo.
Peleas clandestinas. Armas ilegales. Carreras callejeras.
Huérfano desde los once años. Personalidad protectora. Se ha metido en peleas por defender a otras personas. La mayoria con los que se ha enfrentado han terminado en el hospital. Lo han detenido por alteración del orden, disturbios, entre otros cargos. En todas las situaciones salió al dia siguiente.
Tomás Johnson — 20 años — Londres
Problemático.
Se escapó de casa a los doce años y desde entonces vive metido en peleas. Muestta una gran lealtad hacia sus allegados. Otro chico dispuesto a destruirse por quienes ama.
Cerré la carpeta y dejé caer la cabeza sobre el escritorio.
Otra misión.
Otra identidad.
Otra mentira.
A veces siento que no soy una persona, sino una actriz atrapada en una película que nunca termina. Cambio de nombre, de personalidad, de historia… y todos esperan que lo haga perfecto.
Porque un error podría costarme la vida.
Solté un suspiro agotado y me levanté para entrar al baño.
El agua caliente relajó un poco la tensión de mis músculos, aunque no logró apagar el cansancio mental.
Ser una oficial encubierta no era tan emocionante como la gente imaginaba.
La mayoría del tiempo solo era agotador.
Horas después estaba acostada escuchando música cuando unos golpes en la puerta rompieron el silencio.
—Pase.
Mi jefe entró sin esperar permiso.
Me puse de pie al instante.
—Dígame, señor.
—Prepárate. Tu misión comienza en treinta minutos. Solo asistirás a clases cuando los sospechosos estén presentes. Ya esta todo arreglado en la universidad. Improvisa el resto. Treinta minutos, ¿quedó claro?
Treinta minutos.
Perfecto.
—Sí, señor.
—Suerte, oficial Morgan.
Salió de la habitación tan rápido como había entrado.
Cuando él daba una hora exacta, significaba que debía llegar antes o prepararme para escuchar un sermón de veinte minutos.
Así que hice mi maleta a toda velocidad.
Ropa. Zapatos. Archivos. Arma. Placa.
Otra vida empaquetada en silencio.
Veintiocho minutos después ya estaba lista.
Me despedí rápidamente de mi mejor amiga y compañera y subí al auto que me esperaba afuera.
En cuanto el reloj marcó exactamente los treinta minutos, el vehículo arrancó.
Miré por la ventana intentando ignorar el nudo en mi estómago.
Jamás habia entrado a una universidad.
Eso era lo extraño de mi vida.
Podía infiltrarme en organizaciones criminales sin miedo… pero no tenía idea de cómo actuar como una chica normal.
Sonreí apenas al pensar en la idea. Esto será divertido.
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La Infiltrada
ActionDicen que el miedo puede destruirte. A mí me convirtió en un arma. Me llamo Rebeca Morgan. Tengo veinte años y desde los cinco vivo encerrada en un internado que jamás apareció en ningún mapa. Un lugar donde no existen los cumpleaños, los juegos ni...
