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Capítulo 5
Revisé el perfil del tal Josh.
Y sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo. Era uno de los dos chicos asesinados.
La conversación con Verónica había ocurrido apenas dos días antes de que encontraran su cadáver.
Definitivamente estaba metido en algo peligroso.
Pero la verdadera pregunta era:
¿Qué tan grave debía ser la situación para terminar muerto?
Y peor aún… Verónica sabía algo.
Sin perder tiempo conecté mi memoria USB a la laptop y copié toda la conversación.
Después guardé todo exactamente como estaba. O al menos eso intenté.
Seguí revisando la caja hasta encontrar un teléfono viejo escondido al fondo.
Lo tomé con curiosidad justo cuando escuché unas llaves moverse en la puerta.
Mierda.
Cerré la laptop de golpe, aventé todo dentro de la caja y la escondí en mi armario antes de sentarme rápidamente sobre mi cama, ocultando el celular debajo de mí.
La puerta se abrió.
—¡Hola! ¿Saliste temprano? —preguntó Verónica entrando al cuarto.
—Sí —respondí fingiendo distraerme con mi celular.
Ella dejó su mochila sobre la cama.
—Vamos a ir a la plaza. ¿Quieres venir?
—No puedo. Tengo algo importante que hacer.
Verónica cruzó los brazos.
—¿Qué tan importante puede ser para rechazar una salida con tus nuevos amigos?
—Mucho.
Me observó con los ojos entrecerrados durante unos segundos.
Por un momento pensé que sospechaba algo.
Pero finalmente bufó.
—Está bien. Pero la próxima vez no te dejaré encerrarte aquí sola.
Le sonreí apenas.
—Diviértanse.
Me lanzó un beso exagerado antes de salir nuevamente.
Esperé varios segundos por si regresaba.
Cuando estuve segura de que no lo haría, saqué el teléfono escondido debajo de mí.
Lo encendí rápidamente.
No había fotografías.
Ni aplicaciones.
Ni mensajes.
Nada.
Pero sí había algo interesante.
El historial de llamadas.
Todas las llamadas eran con únicamente tres números distintos… y ninguno tenía nombre registrado.
Anoté los números en mi celular antes de apagar el teléfono y volver a esconderlo donde estaba.
Después devolví la caja a la parte superior del armario exactamente como la encontré. Y por primera vez en días…Decidí descansar.
Mi cuerpo lo necesitaba.
Venía de una misión agotadora y la fiesta definitivamente no ayudó.
Si mi jefe me viera acostada en horario de investigación probablemente intentaría matarme.
Pero él no estaba ahí.
Así que ignoré la culpa y cerré los ojos.
Pasaron varias semanas.
Y todo estaba demasiado tranquilo.
Sospechosamente tranquilo.
Había salido varias veces con el grupo y, para mi sorpresa, ya me había ganado la confianza de Elizabeth y Verónica.
Demasiado fácil, sinceramente.
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La Infiltrada
ActionDicen que el miedo puede destruirte. A mí me convirtió en un arma. Me llamo Rebeca Morgan. Tengo veinte años y desde los cinco vivo encerrada en un internado que jamás apareció en ningún mapa. Un lugar donde no existen los cumpleaños, los juegos ni...
