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Capítulo 8
Las chicas seguían tomando cerveza mientras la música seguía sonando bajito de fondo. Yo apenas había bebido unos cuantos tragos.
Tenía que estar alerta, escuchar todo lo que dicen, leer el lenguaje corporal de todos, detectar mentiras o cosas que podrían servirme.
Cuando dieron las cuatro y media de la mañana, la casa ya estaba prácticamente vacía.
La música había sido apagada, el piso estaba lleno de vasos, latas y restos de comida, y el silencio después del caos se sentía extraño.
Fue ahí cuando descubrí algo que me dejó sorprendida.
La enorme casa era de Alexis.
¿Cómo pudo obtener esta vivienda? Tiene mi edad y por lo que sé trabaja en un bar. Paga la colegiatura de la universidad aunque casi no asista y aun así le sobra para mantener un auto, buen vestimenta y... ¿esta casa?
Lo miré de reojo mientras estaba recostado en el sillón con una botella en la mano y no pude evitar preguntarme por qué demonios vivía en los dormitorios de la universidad teniendo semejante mansión.
Aunque claro… ese tipo parecía estar lleno de secretos.
Ahora solo quedábamos Cloe, Eli, Verónica, Tomás, Alexis y yo sentados en la enorme sala de estar hablando sobre el desastre que dejan las fiestas.
—Aún no tengo sueño, ¿ustedes sí? —preguntó Verónica bostezando.
—Tampoco —respondimos todos al mismo tiempo.
Terminamos riéndonos.
—¿Quieren jugar a algo? —preguntó ella.
—¿Como qué? —preguntó Eli.
Verónica se encogió de hombros.
—No sé… algo que hagan los amigos.
—¿Como juegos de mesa?—pregunté confundida y de nuevo, todos rieron.
—Yo nunca, nunca —propuso Eli—. Como en los viejos tiempos.
Todos aceptaron enseguida.
Total, no había nada mejor que hacer.
Verónica desapareció un momento y volvió con varias botellas de alcohol mucho más fuerte que las anteriores. Las dejó sobre la mesa de centro y se acomodó nuevamente en el sillón.
—Supongo que todos saben cómo funciona esto.
—Supones mal —dije.
Todos voltearon a verme sorprendidos.
—¿Nunca has jugado? —preguntó Tomás.
Negué con la cabeza.
—Ni siquiera lo había visto antes.
—¿Hablas en serio? —preguntó Eli divertida.
—Me crié con personas demasiado estrictas. Perder el tiempo en juegos nunca fue una opción para mí.
Las miradas confundidas de todos se clavaron en mí por unos segundos.
Alexis entrecerró ligeramente los ojos, como si intentara descifrarme otra vez.
—Bueno, es fácil —explicó Verónica—. Alguien dice “yo nunca, nunca…” y agrega algo que nunca haya hecho. Los que sí lo hicieron tienen que beber.
Asentí lentamente.
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La Infiltrada
ActionDicen que el miedo puede destruirte. A mí me convirtió en un arma. Me llamo Rebeca Morgan. Tengo veinte años y desde los cinco vivo encerrada en un internado que jamás apareció en ningún mapa. Un lugar donde no existen los cumpleaños, los juegos ni...
