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CAPÍTULO 6

—Métela al carro —ordené rápidamente.

Tomás obedeció mientras yo subía al asiento del conductor.
Rebeca seguía inconsciente.
Y aunque intentaba mantener la cabeza fría, algo dentro de mí estaba entrando en pánico.

Tomás se acomodó atrás junto a ella mientras yo arrancaba el auto a toda velocidad.

No me importaba si la chica estaba inconsciente, el problema era que no sabía cómo iba a reaccionar cuando despertara. Asi que tenía que hacerme el bueno y ayudarla para compensar la idiotez que acabo de cometer.

Los semáforos en verde y las calles casi vacías ayudaron más de lo que esperaba.

En pocos minutos llegamos al hospital.
Me bajé rápidamente y ayudé a Tomás a sacar a Rebeca.
Después la cargué entre mis brazos y entré al hospital.

—¿Qué ocurrió? —preguntó una enfermera acercándose.

—La atropellaron.

La colocamos sobre una camilla y enseguida comenzaron a llevársela.

—Necesito algunos datos de la paciente —dijo otra enfermera haciéndome una seña para seguirla.

Perfecto porque claramente yo sabía muchísimo sobre ella.

—Nombre de la paciente.

—Rebeca Morgan.

—¿Cuál es el otro apellido?

—…No lo sé.

La enfermera me miró raro.

—¿Usted qué es de ella?

​—Nos estamos conociendo.

​—¿Me podría decir su nombre?

—Alexis Bennet.

Respondí automáticamente mientras seguía contestando preguntas de las que apenas entendía la mitad.

Después de eso solo quedó esperar.
Y honestamente odiaba esperar.
Tomás estaba sentado a mi lado moviendo la pierna nerviosamente mientras yo miraba fijamente la puerta.

Hasta que finalmente una doctora salió.

—¿Familiares de Rebeca Morgan?

Nos pusimos de pie al mismo tiempo.
—Ella está bien. Solo tiene algunos golpes leves y una contusión pequeña en la cabeza. Ya despertó y pidió verlos.

Solté el aire lentamente.
Sin darme cuenta había estado tenso todo el tiempo. Entramos a la habitación.
Y ahí estaba ella sentada sobre la cama con bata médica y expresión molesta.
Muy molesta.

Cuando levantó la mirada y nos vio, entrecerró los ojos.
—No puedo creer que me hayan traído al hospital.
Tomás levantó las manos inmediatamente.

—Quiero aclarar que yo no manejaba.
Le di un codazo.

Rebeca bufó y se intentó poner de pie.

—Bueno, ya. Sáquenme de aquí.

—Necesitas que te den de alta —dijo Tomás.
Ella lo miró con una ceja alzada.

—No necesito permiso para irme.

—Da miedo cuando hablas así —murmuró él.

—Vas a sentir miedo de verdad si me obligan a quedarme.

Tomás frunció el ceño al verla tan seria.

—Yo… los espero afuera.

La InfiltradaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora