IV.

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Amanda se acomodó en el gran sofá de su aposento mientras servía vino cómodamente, Andrómeda, su mano derecha entró por las grandes puertas.

—Mi señora, el campeón está en la sala de descanso—dijo haciendo una pequeña reverencia.—Y pide verla, no ha querido curar sus heridas desde la batalla temprano.

—En un momento voy, pero no le anuncies mi llegada.

Andrómeda asintió y salió en silencio, tomando una jarra de agua junto a algunas toallas se dirije hacia el área de descanso, una pequeña choza donde los luchadores van luego de cualquier batalla para curarse y reposar, una vez allí se acerca a Chris que se mantiene acostado con los ojos cerrados, supone que cansado del encuentro, a sus pies reposa un saco ensangrentado que le da algo de curiosidad, deja la jarra con agua a un lado y moja una toalla en esta pero cuando se acerca a limpiar una de sus heridas es tomada de la mano por hombre y arrastrada al piso donde se colocan encima de ella.

—Una disculpa mi señora, pero es un simple reflejo—el hombre suelta a la mujer y se levanta de espacio de sobre ella.

—Solo vine a curar sus heridas y asegurarme que no haya daños mayores, me dijeron que quería verme espartano, ¿a qué se debe?

—Quería pedirle algo más bien.

—Lo que sea, lo que mi campeón pida, lo optiene. Mujeres, bebida, oro, joyas, comidas, banquetes. Solo pídelo.

—Esa es la cuestión, quería comprar mi libertad.—el hombre buscó en el saco bajo sus pies y sacó la cabeza de su contrincante—Le dije que se la traería, 100 cabezas más y seré libre.

—¿Y por qué no pide menos? si se puede saber claro.

—Porque me gustan los retos.

—Supongo que está bien, 100 cabezas más y veremos. Pero por el momento Chris, eres mío. Y solo mío. Seguirás mis ordenes y harás lo que yo quiera y cuando quiera—le dijo la joven con una mano sobre el fuerte pecho del espartano acercando su rostro al suyo-!—Espero que tengas hambre, hoy habrá un banquete en tu honor. Y ya déjame curar tus heridas.

Spartan ||Chris Evans||Donde viven las historias. Descúbrelo ahora