«—¿Por qué al anochecer, agrupas a las bestias y las haces salir de la ciudad y luego, por la mañana, vuelves a meterlas?
—Porque así está establecido. Porque es así. De la misma manera que el sol sale por el este y se pone por el oeste.»
El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, Haruki Murakami.
.-.-.-.
Dirigió su mirada un asiento por delante del suyo, en la fila continua a su derecha, y se fijó en sus manos. Jugaban con la plumilla, balanceándola, para luego quitar y ponerle la tapa de vez en cuando. Observó sus dedos largos, de uñas cortas y pequeñas, manchados con tinta azul. A Haneul le gustaban sus manos. Se había dado cuenta una semana atrás y desde entonces no podía evitar centrar su atención en ellas cada tanto, y ahora comprobaba que sí, le gustaban mucho. Eran ese tipo de manos que, en realidad, iban en contra de sus estándares; no lucían la estereotipada elegancia de las de un pianista, sino que, por el contrario, se veían ásperas y un poco toscas. Mas, para su gran ironía, su mente no dejaba de repetirle que también parecían ser bastante cálidas y delicadas al tacto. Eran del tipo, a palabras suyas, que invitaban a ser entrelazadas con las propias. Le recordaban a las manos de su padre. No eran por completo igual, ya que las de este gozaban de dedos gordos y algo cortos, pero el sentimiento transmitido era muy similar.
Dejaron de jugar con la plumilla y una de ellas comenzó a escribir, imaginó, los apuntes de la clase. Decidió, entonces, que ya lo había observado suficiente, y volvió a mirar hacia el exterior a través de la ventana. No es que tuviese un problema con Jeon JungKook, pero no podía negar que le parecía decepcionante que esas manos le perteneciesen a él. Haneul, sin embargo, se encontró a sí misma buscándolas por segunda vez en el día. La derecha seguía tomando apuntes, pero la izquierda se encontraba rascando su nuca.
Ah... de verdad son muy bonitas.
—¿Te gusta Jeon JungKook?
Dejó a un lado su objeto de apreciación y llevó su atención a la chica sentada a su costado, su compañera de carpeta. Hana era una estudiante originaria de Estados Unidos que lucía más coreana que ella misma. Era la primera vez que les tocaba en la misma aula desde que la chica había llegado al instituto hace dos años, pero no la primera que interactuaba con Haneul. No diría que eran amigas, pero Haneul se sentía cómoda en su presencia, e inclusive agradeció que les tocase sentarse juntas. Hana la miraba de forma fija, con una ligera sonrisa amenazando escaparse de sus labios.
—No —respondió Haneul.
—Ya... tranquila eh, que yo no digo nada.
—¿Qué?
—Que te gusta, mujer. No es la primera vez que te lo comes con la mirada. Y la verdad no te culpo, está buenísimo.
Haneul no sabía cómo explicarle a Hana que coincidía en que Jeon Jungkook estaba bueno, pero que aquel detalle no era suficiente para que ella gustase de él o pasase a algo más que una atracción física, y mucho menos que era el motivo de su reciente interés en observarlo. Tampoco sabía cómo aclararle que lo que se "comía con la mirada" no era Jeon JungKook en sí, sino las manos de Jeon JungKook (aquellas, además, sí que podía alegar que le gustaban mucho, aunque no terminase de comprender muy bien el porqué aún). Así que Haneul miró a la persona en discusión, sus manos, la ventana abierta que dejaba escapar brisas ligeras de aire y finalizó con los ojos de nuevo en Hana. Suspiró, cansada de tan solo pensar en lo trabajoso que sería aclararle todo esto a la estadounidense.
—¿Y? —habló Hana.
—¿"¿Y?", qué?
—Visteee, te gusta.
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Manos | Jeon Jungkook
FanfictionA Haneul le gustaban las manos de Jeon Jungkook. | vonamarilla | pareja heterosexual |
