Capítulo 3

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Sus ojos, lo primero que vio Roger fueron sus ojos, un color peculiar entre el verde y el marrón, no dejaba de verlos.  Nunca había visto una persona tan alta— ¿Es posible que alcance el cielo?— se preguntó mentalmente.

Brian después de saludarlo, le extendió la mano como signo de saludo, a lo que Roger por instinto se escondió detrás de Ruth, no sabía cuánta gente nueva había conocido ese mismo día.

—No te asustes, es mi hijo Brian él será quién te cuidará mientras estoy fuera, por unos meses— dijo con tranquilidad.

La primera impresión que se llevó Brian de Roger eran sus largos cabellos, lo hacía lucir un tanto rebelde, sus grandes ojos azules hacían que resalten su fina cara. Era increíble , no supo como su mamá le pudo decir que era diferente, él lo veía normal.

—Ho... hola Brian— dijo con voz suave mirando hacia el suelo, saliendo detrás de la mujer. Miró un poco dudoso la mano que le había estrechado Brian.

—Extiéndela— contestó Ruth. A lo que el pequeño reaccionó, con vergüenza hizo lo que se le pidió.

—Mucho gusto, Roger— Brian mencionó su nombre, sabía que era así, mientras apretaba su manita como signo de saludo— ¿Qué hacen unos ojos muy bonitos lleno de lágrimas?—se atrevió a decir ya que al verlo con sus ojos llorosos no evitó preguntar, poniéndose de cuclillas a su altura.

—¡No te importa!— gritó el contrario al tan solo recordar el por qué lloraba y empujándolo se fue hacia Ruth, abranzandola- ¿Por qué te tienes que ir? No quiero quedarme solo, quédate— dijo con voz entrecortada, casi haciendo una pataleta.

—Me empujó qué se habrá creído— susurró para él al sentirse totalmente avergonzado ante su acto, todo lo que él había pensado de Roger al principio se esfumó no era normal, pensó Brian. Vio a su madre y como el niño se aferraba a ella, supo que al parecer este pequeño ya se había acostumbrado a su tutora aunque no la conocía mucho, pero sabia que era una persona muy amable, nadie lo había tratado así últimamente.

—Hay muchas razones sabes. Tengo que viajar por trabajo, además si no te has dado cuenta tus actitudes son muy toscas, mira acabas de empujar a Brian— dijo mientras este se levantaba.-Brian es un experto en modales y muy inteligente, yo sé que él te corregirá hasta podrás ser una  mejor persona, lo hago por tu bien. Volveré pronto te lo prometo— mencionó mientras con un fuerte abrazo se despidió.

—Madre, no quedamos en eso— dijo Brian mirándola de manera enojada pues su madre era realmente una caja llena de sorpresas. Obviamente fue ignorado.

—Se buen chico Roggie ¿Esta bien? ya me tengo que ir, Brian ya sabes lo que tienes que hacer, los del orfanato te conoces muy bien y saben que eres capaz de cualquier cosa por los niños— dijo de forma burlona al saber que era todo lo contrario— Me marcho iré a casa y de inmediato estaré en el aeropuesto. Cuídate mucho y cuídalo muy bien de él. 

—Realmente, espero que mi paga sea muy buena— dijo sin decirle ningún adios pues estaba acostumbrado a que seguido se marchase a otros lugares por trabajo, es por ello que el soler acostumbrado a vivir de manera independiente había sido una buena opción para casos como el de ahora. Vio a su madre marcharse sin responderle,  cerrando la puerta se marchó.

Roger se quedó mirando la puerta con ojitos de tristeza, tenía miedo. Ya se había acostumbrado a ella. Ahora tenía que practicamente convivir con tipo que recién había conocido, claro que no lo haría. Él quería a su tutora no a ese chico que parecía a esos arbolitos verdes que le hacían comer cuando le castigaban.

—Si superas que no es así conmigo— dijo una voz media burlona, interrumpiendo el momento, era Brian, el chico del que ahora se haría cargo de él no lo entendió con excatitud por lo que le contestó sin entender a la vez que tomó su mano para llevarlo al comedor.

Strawberry Field [Maylor]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora