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Cuando yo decía algo que a él le parecía mal dicho, solo se alejaba y sentía que me juzgaba por cualquier pequeñez, me dolía muchísimo, porque yo a él lo comprendía lo más que podía, pero qué podía esperar… Si cuestionaba toda la creación, es como si la estudiara desde que tiene uso de razón, no aceptaba fallas de nada ni de nadie.

Me consideraba su fan, tenía tanta fe en él, desearía para cada persona en el mundo alguien como él, que te contagie de todo lo bueno, te fortalezca tanto y te haga creer en ti mismo, que te apoye, te recuerde a diario de qué estas hecho y te haga ver la vida fácil, aunque no lo es, que te ministre fuerza de voluntad, pero de esa, carecía yo.

Sentía muchas cosas por él, mi estado mental era suyo, le pertenecía, adoraba todo lo suyo, obsesivamente, me sentía fascinada.

Me preocupaba si estaba bien mientras yo no estaba, mientras él estaba conmigo las caricias eran permanentes, aunque en mi mente le tocaba a diario, lo tenía más cerca en mi cabeza que cuando nuestras pieles se rozaban. De hecho no era necesario tenerlo literalmente encima para sentir tanto.

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