—¿Entonces 5 mililitros cada ocho horas?
—Así es —sonrió—. Ella se pondrá muy bien, no se preocupe. Y cualquier síntoma que tenga, la trae nuevamente aquí.
—De acuerdo, muchas gracias, doctora.
—Que tengan un precioso día, adiós bonita —sonrió suavemente, tomando una de las manitos de la bebé, antes de que se fueran.
Era lindo ver que después de cuatro meses allí, finalmente las personas comenzaban a aceptarla.
La puerta del consultorios se abrió, y ella creyó que se trataría de la pediatra titular, pero se sorprendió de ver entrar a Bastien, sonriéndole.
—Hola, no te vi llegar hoy.
—Vine más temprano, la doctora necesitaba que la ayudara con unas historias clínicas.
—Ah, entiendo. ¿Quieres ir a comer algo? Aún tenemos varias horas más de guardia —sonrió.
—No puedo, estoy ayudando a la doctora.
—Kim, te estoy dando el permiso —sonrió con cierta diversión—. Vamos.
Lo miró insegura, cuando él se giró para ir a la salida de la puerta.
—Gracias, pero prefiero quedarme aquí —pronunció bajo, bajando la cabeza.
Bastien se volteó, y la observó serio.
—Hm, de acuerdo.
Kim levantó suavemente su cabeza, y se encontró con la mirada seria de él, que la estremeció.
—¿Por qué me evitas?
—N-No te estoy evitando, s-sólo-
—Llevas varias semanas evitándome ¿Por qué lo haces? —le inquirió acercándose a ella.
Instintivamente Kim dio unos pasos hacia atrás, nerviosa.
—N-No es verdad, pero t-tengo trabajos por hacer.
—Ser más grande que tú, más crítico, me permite saber cuando alguien me está mintiendo. Y cómo médico, he conocido muchos mentirosos —pronunció serio, caminando hacia ella—. Incluso te reusas a verme a los ojos.
—Es que me das miedo —murmuró, bajando la mirada.
Bastien se detuvo, y la observó desconcertando.
—¿Miedo? ¿Por qué?
—Estás molesto, y me da miedo tu mirada, tu aroma.
La miró, y ella tenía las orejitas hacia abajo, y su cola rodeando su cintura, bajando hacia sus muslos. Sí, definitivamente ella estaba con miedo.
Incluso, su aroma había cambiado, algo que Bastien a veces ignoraba, el aroma de las personas.
—Ay Kim, lo siento, no quería intimidarte... No sé ni porqué reaccioné de ese modo.
—Está bien —murmuró.
La miró arrepentido, y la tomó del rostro, sabiendo que aquello era muy atrevido. Ellos no se tenían esa confianza.
—Lo siento —sonrió con ternura.
—Está bien, no te preocupes.
—¿Cómo no? Si pareces una gatita aterrada —rio bajo—. Me recuerdas a Luke cuando lo regaño.
La expresión de Kim cambió por completo, y tomó las muñecas de él, bajando sus manos de su rostro, molesta.
—No soy una niña, Bastien. Ya sé que soy más pequeña que las kanatita, que me veo diferente, pero no soy una niña, soy una mujer.
—Lo siento, es que te ves tan-
Dejó de hablar en el momento en que ella se abría los botones de la bata, y luego su camisa, dejando a la vista sus pechos, que no eran para nada pequeños.
—No soy una niña, soy una mujer ¡Entiéndelo!
—S-Sí —murmuró aturdido.
Kim se acomodó la ropa nuevamente, con vergüenza ¿Por qué diablos había hecho? ¿Ahora como diablos volvería a verlo a la cara? ¡Era el director de la clínica!
...
