La muerte alada

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Fue un día normal como cualquiera, 
en un tiempo impreciso.  
Surgió de las tinieblas de la tierra 
y el sol se obnubiló sin previo aviso. 

Me quedé pétrea y pálida,
mirando hacia la nada con asombro.
Sintiendo el frío que inoculó en mi pecho la alada muerte, al posarse en mi hombro. 

Como un cuervo, en mi oído emitió su graznido mortuorio.
"No hay latido" fue su amarga sentencia y, un batir de péndolas, robó mi descendencia.

Mas se alejó planeando, taciturna, lóbrega,
con rumbo hacia ese abismo inalcanzable donde las almas vuelan 
y las manos mortales nunca llegan...  

Poemas de dolor y sombrasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora