Capitulo 12:

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Las clases volvieron a retomarse después del descanso de Navidad. Diego tuvo que soportar que otros cuestionaran su trabajo, incluso en sus propias clases, sentados observando las reacciones ante sus alumnos y su forma de tratarlos.
Tampoco en su despacho lo dejaban demasiado tranquilo teniendo que responder preguntas estúpidas que no hacían más que ponerle más y más cabreado pero nunca sin llegar a perder la cabeza. Respetaba la política de la universidad, pero no la entendía, menos sabiendo que no tenían ninguna prueba.
Diego les había dicho que llevó a Martina donde ella le pidió y la dejó allí, no se preocupó más. Pero el hecho de que Jorge la viera semi desnuda al lado de su coche y que ella entrara dentro parecía ser prueba suficiente para sospechar más. Y no iban mal desencaminados. 

Pero al margen de que su vida laboral estaba siendo cuestionada, no solo por su supuesta relación con una alumna, sino también por la agresión a un alumno, lo único que le importaba era Martina. Había dejado de asistir a sus clases y apenas la veía por los pasillos. David estaba preguntando al resto de profesores sobre su posible carácter y comportamiento en sus clases y eso le enfurecía. No conocía a Martina; era imposible que ella sedujera a los demás profesores porque estaba seguro de que lo amaba a él, solo a él... Al menos hasta que la rechazó.

Aún tenía pesadillas de ese momento. Se levantaba en plena noche completamente sudado, jadeando y con su nombre en la boca. Le dolía pensar en las lágrimas que había derramado en el coche y solo esperaba que todo acabara, si tenía suerte, en unas semanas. 
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Martina tampoco lo estaba pasando bien. Después de pasar las Navidades encerradas en su habitación llorando por esa maldita relación lo único que tenía claro era una cosa: Diego era un cerdo. 
Estaba segura que después de conseguir tener un buen polvo con ella; de permitirle hacerle cosas que jamás hubiera pensado, se cansó de ella y la dejó a un lado alegando que solo debían ser “profesor y alumna”. Pero a pesar de eso no podía quitarse de la cabeza y de su corazón el profundo sentimiento que tenía hacia él.

No quería volver a pisar las clases del profesor Dominguez y procuraba no encontrarle en los pasillos. Vigilaba buscándolo y, cuando lo encontraba, trataba de esconderse o daba media vuelta para no verlo.

Los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y le vino bien centrarse en algo que no fueran sus sentimientos destrozados. También tenía a Mechi en la que se apoyaba cada vez que los recuerdos afloraban. Le proponía buscar un remplazo para el profesor pero era rechazado directamente. No quería un remplazo; a pesar de querer odiarle con todas sus fuerzas, en el fondo, seguía amándolo.

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Unos golpes en la puerta hicieron que Diego levantara la cabeza extrañado. Era demasiado tarde para las tutorías y no tenía previstas más visitas.

-Pase.

Mercedes abrió la puerta del despacho y la cerró tras de si. Llevaba una minifalda lo suficientemente corta para provocar un ataque a cualquier hombre y la camiseta no debía haber costado demasiado teniendo en cuenta la poca tela que habían usado.

-Las tutorías han acabado señorita.
-Me preguntaba si podría darme una privada, profesor. - Dijo ella acercándose y apoyando las manos sobre el escritorio. Eso le hizo recordar a Martina. Cerró los ojos y apartó la cara. Tenía que dejar de pensar en ella.
-Le pido que salga de mi despacho.
-¡Vamos, profesor! Lo pasaremos bien. No hay nadie cerca y seguro que se le ocurren una o dos cosas para hacer aquí. - Replicó guiñándole.
Diego se puso de pie y la cogió del brazo. Se la acercó a él lo suficiente como para que Mercedes tuviera que alzar su cuello para mirarlo a los ojos.
-Fuera. - Mercedes hizo un mohín y llevó su mano hasta la entrepierna de él. Le apretó su miembro y comenzó a acariciarlo para que se pusiera duro.
La apartó lo suficiente como para conducirla hasta la puerta del despacho.
-Primero, yo no soy de esos. Y segundo, ya estoy enamorado de alguien.
Abrió la puerta y se encontró a dos hombres parados frente a él. Miraban más a Mercedes y a su mano agarrando el brazo de ella que a él.
-¿Enamorado de Martina? - Preguntó Mercedes sonriendo.
-¿Qué es lo que pasa aquí? – Inquirió Diego. 
-Lo siento, profe. Tenía que asegurarme de que no era de los que se aprovechan de sus alumnas y, cuando lo han conseguido las abandona.
Diego frunció el ceño. No le gustaban las bromas, y menos a su costa. 
Mercedes se volvió hacia los hombres y les susurró algo tras lo cual desaparecieron del pasillo. Se volvió hacia él y su carácter divertido y afable cambió por completo.
-Tenemos que hablar de alguien en común.
-No hay nada de qué hablar. - Dijo entrando de nuevo a su despacho. Mercedes lo siguió y cerró la puerta.
-Yo creo que si. Me gustaría saber el motivo por el que la rechazó. Acaba de decir que la ama.
-No he dicho tal cosa.
-¿Entonces quiere follarme a mí? - Le preguntó acercándose al escritorio y apartando unos papeles para sentarse encima y mostrarse en una postura de lo más sensual. Diego, que estaba sentado en su silla, la miró sorprendido pero sin tener ningún tipo de atracción hacia ella. No era Martina.
-Lo suponía. Nadie que no esté enamorado se resiste a un buen polvo. Como ve puedo ser muy persistente.
-No le quepa duda... - Masculló él.
-No lo entiendo, profesor Dominguez. Se supone que ambos sienten los mismo. ¿A qué viene esto? Martina está destrozada.
-No hubiera pasado nada si hubiéramos esperado dos meses, el tiempo en que ella saldría licenciada. - Mechi entrecerró el cejo. Agachó la cabeza pensando qué decir para que la cosa fuera como quería cuando se fijó en el sobre.
-¿Dimisión? - Lanzó al aire.
Diego saltó y cogió el sobre para apartarlo de su vista.
-¿Qué ha pasado aquí? - Preguntó ella.
-No es de su incumbencia.
-Si tiene que ver con Martina, maldita sea, es de mi condenada incumbencia

Mi profesor *HOT*Donde viven las historias. Descúbrelo ahora