Martina estaba en el despacho de Diego sentada delante de él con un papel a su lado para el examen. Dejaba unos minutos después de plantear la pregunta para que cada uno pensara bien lo que iba a decir y cómo decirlo, por eso tenían un papel donde apuntar lo que necesitaban y que no se les olvidara nada.
Eso no le pasaba a Martina que era capaz de recordarlo todo. También había tenido mucho más tiempo porque, a falta de sueño, el estudio era lo único que hacía por las noches. Tenía ojeras debido a llevar dos días sin dormir. Solo esperaba poder hacerlo esa noche sin tener que soñar con él tocándola.
Se aclaró la cabeza antes de levantarla y responder sin errores la pregunta que le había formulado.
-Las herramientas en bioinformática son bastante variadas y no hay que descartar que en un futuro vayan cambiando. Dos de las que más se utilizan es BLAST, un algoritmo que determina la similitud de secuencias arbitrarias con otras secuencias que pueden ser de proteínas o de ADN. También se utiliza el ClustalW.69 que trabaja con alineamientos múltiples de secuencias.
-Muy bien, - Dijo Diego anotando algo en sus notas. - ¿Qué me dices del concepto de bioinformática? ¿Quién lo definió?
-El Centro Nacional para la Información Biotecnológica, o en inglés, "National Center for Biotechnology Information" pero antes algunos autores también lo definieron con sus palabras. Hoy día la conceptualización más aceptada es la de este centro que nos dice que la Bioinformática es un campo de la ciencia en el cual confluyen varias disciplinas tales como: biología, computación y tecnología de la información. Su objetivo es facilitar nuevas ideas biológicas y crear otras con las que partir hacia otros principios. Se ocupa por tanto del análisis e interpretación de varios tipos de datos como secuencias de nucleótidos y aminoácidos, dominios y estructuras de proteínas y demás.
-¿Y qué es un alineamiento global Needlman & Wunsh?
-Es un algoritmo para alinear secuencias de nucleótidos o proteínas. Fue propuesto en 1970 por Saul Needleman y Christian Wunsch. Fue la primera aplicación de programación dinámica para la comparación de secuencias biológicas. y sus puntajes para caracteres alineados son especificados por una matriz de similitud en la que...
-Es suficiente. - Cortó Diego mirándola directamente. - Tu examen ha terminado.
-Perfecto. - Dijo levantándose.
-Yo no he dicho que pueda levantarse. - Replicó él .
Martina volvió a sentarse y lo miró desafiante.
-¿He de responder alguna pregunta más?
-No, ya has respondido tus tres preguntas de examen.
-Entonces? hay más personas que se han de examinar.
-Pero antes necesito hacer algo contigo.
-¿qué?
-Esto... - Contestó y se levantó de la silla con rapidez inclinándose sobre la mesa y agarrándole la nuca para que no escapara mientras la besaba con pasión y fuego. Era como si el simple roce de sus labios le hiciera arder todo el cuerpo. Gimió dentro de la boca de él mientras abría la suya permitiéndole entrar y hacer lo que quisiera con ella. Y él lo hizo, como si follara su feminidad, así se sentía con su boca.
Diego se separó de ella de imprevisto y rodeó la mesa. La cogió de los brazos y la hizo levantarse mientras la llevaba hacia la pared. La puso de espaldas a ella mientras el cuerpo de él la cubría por completo.
-Eres condenadamente hermosa...
-¿Estás volviendo a castigarme? - Preguntó temerosa de la respuesta.
-Debería... Me prometiste que no volverías a interrumpirme en clase.
-Pues si es eso lo que quieres ya puedes buscarte a otra. – Diego arqueó una ceja.
-¿Perdón?
-Yo no quiero esto, no... No puedo...
-Sin duda te gustan los castigos. - Dijo antes de que ella terminara.
-Yo no he dicho eso, solo digo que no quiero...
Martina no pudo continuar hablando porque Diego acababa de meterle la mano por la falda y por dentro de sus medias y sus bragas y le rozaba el clítoris. Estaba ya excitada por el beso pero sentir su mano en una parte tan íntima le hizo echarle las manos al cuello para sostenerse al mismo tiempo que le ofrecía aquello que había tomado sin preguntar.
-¿Te gusta esto?
-Si....
-No puedes correrte hasta que yo te diga. ¿De acuerdo?
-No me hagas eso... - Protestó.
Diego siguió acariciándole el clítoris y toda su parte intima hasta llegar a los labios inferiores y, con sus dedos, los separó rozándole poco a poco la entrada de su canal que se apretaba cada vez que la rozaba y dejaba salir el flujo de su excitación.
Con su otra mano se desabrochó los pantalones y los dejó caer, cogió la mano de Martina y la llevó hasta su miembro completamente duro dentro de los boxers. El contacto hizo que ella mirara hacia abajo.
-Dios mío... - Soltó.
-Cógela con tu mano y dame placer, Martina
Ella le bajó los boxers lo suficiente para que su miembro saliera como un misil hacia delante. Era grande y duro y tenía marcadas las venas a todo lo largo. Se notaba muy caliente y al rodearlo con la mano éste tembló por su contacto. Diego siseó y le cogió el mentón para que lo mirara y pudiera besarla.
Para Martina era como si estuvieran follándola dos. Uno en su boca, y otro en su feminidad. Ambos mojados y calientes abriéndose para la misma persona a la que tenía cogida. Apretó más para ser consciente de lo que tenía en su mano que para oír gruñir a Diego en su boca pero le gustó y lo hizo de nuevo. Diego le mordió el labio mientras se retiraba de la boca.
-No tientes a tu suerte, Martina .Aún puedo darte un castigo.
-¿Con esto así?- Preguntó ella pícara. Diego le devolvió la sonrisa y se enterró en su cuello mientras introducía lentamente dos dedos dentro de ella. - ¡Sí!
La folló de todas formas posibles: rápido y fuerte, lento y suave, siempre arqueando los dedos en busca de ese punto especial que la catapultaría más rápido.
También ella deslizaba su mano más rápido a lo largo del miembro de él acariciándole su glande y pellizcándole de vez en cuando. Eso hacía que él le mordisqueara más fuerte en el cuello al tiempo que la lamía y la besaba, primero con emoción, después con ternura. Sus bocas eran puro fuego mientras se daban placer mutuamente.
Diego notó cómo su miembro le comprimía los dedos y supo que estaba muy cerca. No quería volver a hacerle daño al impedirle correrse pero antes...
-¿Quieres correrte?
-Si...
-¿Has dormido estos días?
-¿A qué demonios viene eso ahora?
-Tienes ojeras y parece que no es solo de una noche.
-He estado estudiando estos días.
-¿Y dormir?
-Los últimos días no. No podía desconcentrarme.- ella cerro los ojos.
-¿Dormir te desconcentra? - Le preguntó besándole cada ojo.
-Tengo sueños... - Reconoció al final moviendo las caderas para permitirle un acceso más hondo.
Diego la recompensó introduciéndole más profundo sus dedos. Pero no lo que ella quería.
-¿Qué tipo de sueños? - Indagó mordiéndola la unión entre sus pechos ahora que le había levantado la camiseta.
-Por favor, profesor... lo necesito…. - Murmuró apretando su miembro para llamarle la atención.
-Me dijiste que querías correrte una docena de veces antes de que yo lo hiciera. ¿Son esos tus sueños? ¿Sueñas conmigo, Martina?
-Si... Contigo... Todas las noches. - Contestó jadeando. Estaba muy cerca y ya apenas podía contenerse.
Tampoco Diego estaba pasándolo bien; Martina le apretaba y deslizaba su mano con más presión como si ésta fuera el canal por el que estuviera introduciéndose y no sus dedos.
-Me estás apretando, Martina...- Siseó apretando los dientes.
-Déjame, por favor, ya no... - El orgasmo empezó a estallar antes de poder decir más al meter él sus dedos y tocar con fuerza el punto G.
-Córrete Martina .Córrete para mí.
Su orgasmo estalló y le hizo soltar el miembro de Diego para abrazarse con fuerza a él y dejarse llevar. Era el orgasmo más grande que había experimentado. Empezó a gritar con fuerza y, antes de que se diera cuenta, Diego le tapó la boca con la suya bebiéndose su grito, deleitándose con su orgasmo. Seguía con los dedos metidos dentro de su feminidad y los sentía entrar y salir alargando su orgasmo al tiempo que el pulgar atacaba sin piedad su duro clítoris.
Los ojos de Martina se le cerraban sin poder evitarlo y su cuerpo le pesaba cada vez más. Finalmente se dejó llevar y cayó laxa en brazos de Diego.
-¿martina?- Llamó preocupado.
La notó respirar acompasadamente y maldijo para sus adentros. Acababa de desmayarse y lo dejaba con esa maldita erección que dolía como el infierno.
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