Diego estuvo a punto de soltar el cuenco y tomarla de cualquier forma que la mantuviera caliente y mojada para él pero se detuvo al pensar en la diversión que ese juego le podía dar.
-¿Para qué es eso?
-Ya lo sabrás. - Contestó dejando el cuenco fuera del alcance de ella y yendo a su armario.
Cuando se volvió hacia ella, tenía en una mano, una cinta de seda negra y, en la otra, unas cuerdas.
-¿Confías en mí?
-Si...
-Quítate el jersey y ponte a cuatro patas, con las manos sobre la cabecera.
Martina siguió sus órdenes con una risita incontrolable. Se sentía muy excitada por lo que Diego iba a hacerle y quería cumplir.Él le acarició la espalda con la cuerda mientras ascendía hasta sus manos.
-No te rías tanto o te castigaré.
-¿Por reírme?
-Por burlarte...
Cogió una de sus manos y la amoldó al cilindro que formaba parte del cabecero de su cama. La ató con fuerza pero sin hacerle daño, lo bastante como para inmovilizarla y que no pudiera soltarse. Hizo lo mismo con la otra mano.
El cuerpo de Martina se tensó al tirar de sus manos y ver que no podría moverlas aunque quisiera hacerlo. Diego le cogió la barbilla y levantó su cara hacia él.
-¿Estás bien?
-Tengo un poco de miedo... - Confesó ella dejando que viera que, si antes había sido osada, ahora que se encontraba en esa situación el miedo empezaba a dominarla.
Diego dejó encima de la mesa la cinta de seda y la miró con ternura.
-No te haré nada que tú no quieras. Si en algún momento quieres que pare solo tienes que decir mi nombre. ¿De acuerdo? - Ella asintió pero aún tenía ese miedo en sus ojos. - Esto te va a gustar. Tendrás las piernas sueltas así que puedes moverte si algo va mal.
-¿Y te detendrás?
-Te lo prometo.
Martina suspiró tratando de tranquilizarse antes de mirarlo de nuevo.
-Confío en ti.
Una sonrisa de gozo la alentó a dejar que él le vendara los ojos con la seda negra.
-Estoy aquí. No te voy a dejar sola. Quiero que sientas sin ver, que te dejes llevar por el tacto y el oído. ¿Por ahora bien?
-Si... - Susurró ella.
-Abre más las piernas, quiero ver esa pequeña parte húmeda que tienes para mí.Martina jadeó ante las palabras de Diego y separó las piernas hasta que la postura se le hizo incómoda. Lo sintió moviéndose por la cama y saliendo de ella. Se puso nerviosa pero los ruidos en la misma habitación por parte de él la tranquilizaron. Cuando Diego volvió a la cama le acarició la espalda reconfortándola y transmitiéndole tranquilidad. Sabía lo difícil que era para ella dejarse dominar de esa forma y valoraba lo que hacía. Iba a asegurarse de que su recompensa fuera más que placentera.
Se movió hasta quedar detrás de ella y le quitó uno de los calcetines que llevaba puestos. Después de tirarlo al suelo cogió uno de los cubitos de hielo y se lo puso en la planta del pie con lo que Martina reaccionó instintivamente perdiendo la posición y retirándose. Aspiró el aire con rapidez mientras trataba de calmarse. Las manos de él sobre su cintura hicieron que dejara de moverse para que no se hiciera daño en las manos.
-¿Qué era eso? – Preguntó
-¿No lo has notado?
-Hielo...?
-Son cubitos de hielo, solo estaba empezando. Déjame enseñarte el juego.
-¿Juego?
-¿Nunca has jugado con el hielo, Martina?
-No.... veras es muy frío y yo…- Diego arqueó una ceja y sonrió.
-Yo te demostraré lo caliente... Y sensual que puede llegar a ser…
Martina volvió a colocarse de nuevo en su posición con ayuda de Diego. En esta ocasión la mano de él se quedó asentada en la cintura de ella como si fuera algo en lo que agarrarse para estar tranquila.Se inclinó y le besó un hombro y después el otro, beso su espalda. Martina temblaba un poco y necesitaba relajarla para que disfrutara del juego así que se dedicó a su cuerpo dejando a un lado los cubitos. Su otra mano recorrió el costado hasta encontrar su pecho y empezó a masajearlo mientras notaba cómo el pezón se endurecía sobre su mano. Cogió entonces el otro pecho cambiando las manos de lugar e hizo el mismo proceso. Marina no podía controlar los gemidos que salían de sus labios y trataba de moverse pero cada vez que lo hacía DIego la apretaba la cintura para que se estuviera quieta.
Cuando la mano de él abandonó el pecho no supo dónde la pondría de nuevo. Era realmente emocionante no poder verle, no saber cuál sería su siguiente movimiento.
Diego volvió a coger un hielo y se lo puso en el mismo sitio. Martina gritó y trató de moverse pero su asidera en la cintura le dio la confianza de quedarse quieta. Sonrió ante su valor y se agachó para recogerle el agua que caía del cubito conforme la rozaba. Los gemidos y jadeos de ella se intensificaron conforme iba ascendiendo con el cubito seguido por su boca besándola y dándole pequeños mordiscos.
Cuando el cubito estaba cerca de su parte más intima apenas quedaba hielo derretido por el calor de su cuerpo.
-¿Martina?
-... Más... - Articuló entre jadeos.
-Si, Martina, habrá más. - Corroboró él.
Le quitó el otro calcetín y repitió el mismo recorrido que antes pero, esta vez, sin tener que sujetarla de la cintura. Estaba muy encendida por el juego para querer dejarlo.
-Profesor...
- Martina, no puedes correrte todavía. No hasta que yo te diga.Martina se mordió el labio tratando de recuperar un poco de control de su cuerpo. No ayudó mucho el hecho de que él pusiera su mano sobre su feminidad y le frotara el clítoris haciendo que gritara pero al menos lo contuvo lo suficiente.
-Bien, Martina, te dejaré correrte. Pero solo cuando esto esté dentro.
-¿Esto? - Preguntó y sintió que entraba algo helado en su canal. Gritó con fuerza por la intrusión mientras su feminidad se estremecía ante el hielo que estaba dentro de ella y que se derretía con rapidez.
-Córrete. - Le instó él y el agua del hielo se mezcló con su orgasmo.Diego le dio unos minutos para recuperarse antes de volver a atormentarla con los cubitos sobre sus pechos lo que hizo que volviera a encenderse de nuevo.
Mientras el miembro de él se frotaba contra su feminidad una y otra vez sin llegar a entrar, solo acariciando su entrada y su clítoris, de nuevo duro.
-¿Quieres volver a correrte?
-Si.Él le cogió el pecho con toda la mano dejando que su calor derritiera por completo lo que quedaba del cubito y la apartó de su lado. Cogió otro cubito y empezó a hacer círculos sobre sus nalgas cada vez más cerca de su entrada anal. Al mismo tiempo que situó el cubito en la entrada de su trasero hizo lo propio con su miembro en la feminidad.
-Córrete. - Le dijo mientras empujaba su miembro dentro y le metía el cubito en su trasero.
Un nuevo grito de ella seguido por la explosión de su orgasmo casi le hizo perder el ritmo de sus embestidas a Diego mientras lo capeaba y la conducía a uno nuevo.
-¿Te gusta, Martina?¿Te gusta lo que te hago?
-¡Si, si! - Exclamó ella.
DIego aceleró su acometida hasta que un nuevo orgasmo de ella lo catapultó a él.
Sacó su pene de la feminidad aún duro y lo ubicó sobre su ano. Martina todavía no había recuperado su cordura para saber lo que pasaba pero cuando apretó contra ella y su agujero se expandió supo que algo pasaba.
Echó la cabeza hacia atrás a pesar de que no podía ver.-¿Lo has hecho alguna vez por aquí?
-No... ¿Cómo puedes seguir duro?
-Soy capaz de hacerlo. Bien... Entonces este agujerito es mío, todo mío. - Dijo con tanta posesividad que salió más flujo de su feminidad - ¿Sientes el cubito?
-Ya no.
-Iré despacio. No te haré mucho daño. - Animó empujando un poco más. Ella se tensó ante esa intromisión pero no por el dolor sino por la novedad.
- Martina, relájate. Empuja hacia mí y todo será rápido.Se agarró a la cabecera y empujó sus caderas hacia él con decisión. diegi notó el tirón hacia dentro e impulsó su miembro con fuerza. Los dos jadearon al notar que se había deslizado de una sola vez dentro y estaba metida hasta el fondo.
-Esto... Eso... Yo... ¡Dios! - Terminó Martina sin poder decir nada más. Diego se echó a reír por los intentos de ella por formar una frase con semejante intromisión en su trasero.
-Martina, no duraré mucho. Me estás estrujando... Estás muy estrecha aquí. - Le dijo apretándole de la cintura para salir un poco y volver a empujarse dentro.
Cogió varios cubitos y los metió de uno en uno en su feminidad mientras empujaba con fuerza. Ella se retorcía bajo él envuelta en el placer que DIego le estaba proporcionando. Si no hubiera estado ya enamorada de él lo habría hecho en ese momento. Se preocupaba por ella, lo había hecho ese día y los anteriores.
-Córrete, Martina, córrete conmigo. - Siseó liberando su semen en todo el conducto de su trasero y poniéndole la mano sobre la feminidad.Martina ni siquiera se había dado cuenta de que aguantaba su orgasmo y se corrió en la mano de él con fuerza mientras se enderezaba hacia delante deslizando fuera el miembro de él. Ambos se derrumbaron en la cama incapaces de moverse.
Diego solo tuvo fuerzas para desatarla, quitarle la cinta de los ojos y atraerla a su pecho mientras le masajeaba las muñecas enrojecidas por los tirones que ella había dado. Minutos después, se quedaron dormidos.
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